El Senado se convirtió este viernes en un confesionario involuntario: más que golpes, lo que quedó en evidencia fue el verdadero ajedrez de la política mexicana. La sesión extraordinaria de la Comisión Permanente, convocada tras el zafarrancho entre Gerardo Fernández Noroña y Alejandro “Alito” Moreno, terminó siendo un escaparate donde cada quién se quitó la máscara y mostró sus cartas.
Gerardo Fernández Noroña arribó con su gesto adusto y el discurso medido, pero con el colmillo afilado. Lo suyo no fue llorar la agresión, sino transformarla en capital político: “Aquí estaré esperando su nueva agresión”, soltó, no tanto a Alito como al país entero.
En otro momento acusó directamente al PRI: “Confunden la política con el pandillerismo”. El mensaje estaba claro: victimizarse sin dejar de mostrarse bravo. En la 4T lo saben: Noroña encontró oro en los empellones, una oportunidad para reafirmar que no solo es vocero de Morena, sino su rostro más bravo.
Del otro lado, Alejandro Moreno jugó su papel de siempre: víctima perseguida. Llegó con aires de “me están exhibiendo” y acusó que la sesión era un “pretexto infame para lincharme públicamente”. Nadie le creyó demasiado, pero cumplió su objetivo: no pasar inadvertido.
El pleito no es con Noroña, sino con todo el oficialismo, esa fue su narrativa. “La Comisión Permanente no tiene facultades para lo que están haciendo”, insistió, intentando convertir el escándalo en un juicio político a Morena.
La ausencia de los panistas fue más elocuente que cualquier discurso. Se salieron del ring antes de que sonara la campana. Su silencio, dijo uno de sus legisladores en pasillo, fue simple estrategia: “Esto no es nuestro pleito, que Alito lo resuelva solo”.
El momento final condensó la tensión. Noroña, con el mazo en la mano, dio por terminados los trabajos entre gritos y reclamos de la oposición. Alejandro Moreno, desde su curul, lanzó una última frase en tono desafiante: “La historia me dará la razón”. Del otro lado, morenistas coreaban “¡No pasarán!”, mientras los pocos priistas presentes se replegaban visiblemente incómodos.
La sesión se levantó sin acuerdos sustantivos, pero con la sensación de que la grieta se profundizó.
Cronología del pleito político
• 27 de agosto: En la Comisión Permanente, Alito Moreno encara a Fernández Noroña y lo empuja. Padierna y un camarógrafo resultan agredidos.
• 28 de agosto: Noroña presenta denuncia penal. El PRI cierra filas con Alito; Morena lo respalda; el PAN se distancia.
• 29 de agosto: Sesión extraordinaria. Noroña acusa: “Confunden la política con pandillerismo”. Alito responde: “Esto es un pretexto infame”. El PAN no asiste.
• 29 de agosto (Palacio Nacional): Claudia Sheinbaum respalda a Noroña: “Lo lincharon en redes con bots”.
• Cierre de la sesión: Noroña da por concluida la reunión en medio de gritos; Alito se despide con un “La historia me dará la razón”; Morena responde con consignas y el Senado se queda con la estampa de ring político.
• Lo que viene: Morena prepara solicitud de desafuero contra Alito. La oposición mide costos. El Congreso queda otra vez marcado como arena de pleitos.
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