No terminan en las patrullas por delinquir, sino por sobrevivir. En Ciudad Juárez, cientos de niños son rescatados cada año de entornos donde la violencia, el abandono y el crimen forman parte de la vida cotidiana.
Algunos viajaban junto a adultos que vendían droga o transportaban armas. Otros estaban solos, encerrados o deambulando en la calle.
Todos ellos comparten algo: crecieron rodeados de riesgos que los acechan desde casa, la calle y ahora también desde una pantalla.
Cientos de niños en Ciudad Juárez son subidos a patrullas de la Policía Municipal cada año, pero no por haber cometido algún delito, sino porque son rescatados por agentes cuando se encontraban en contextos de riesgo.

Algún pariente los llevaba consigo mientras vendía droga, trasladaba armas o se embriagaba. También había niños y adolescentes que deambulaban en las calles o permanecían encerrados bajo llave en sus casas (omisión de cuidados o abandono). En otros casos, los menores eran objeto de maltrato severo y alguien tuvo la valentía de hacer un reporte anónimo para que los agentes acudieran a sacarlos de ese entorno peligroso.
A propósito del Mes del Niño o Día de la Niñez, el jefe del Departamento de Trabajo Social en la Secretaría de Seguridad Pública Municipal (SSPM), Jorge Palacios, explicó que su tarea es salvaguardar la integridad de los menores en situación de vulnerabilidad.
“Nuestro interés es siempre, primero, garantizar ese resguardo, garantizarle sus derechos al menor”, apuntó.
Agregó que el primer contacto de niños y adolescentes con el personal de Trabajo Social suele estar marcado por el temor, ya que enfrentan una situación desconocida que les causa un fuerte impacto.
“Sí llegan asustados y, en cierta forma, es una reacción natural”, señaló.
Palacios mencionó que el protocolo de atención es muy claro y lo primero es evitar revictimizar al menor, por lo que se cuida la forma en que se le habla y las preguntas que se le formulan.
Dijo que el reto es lograr que los niños se sientan en un espacio seguro, cómodos y en un ambiente lo más agradable posible, pese a las circunstancias adversas en que fueron localizados, para que la intervención sea lo menos traumática.
El funcionario indicó que cuentan con un área especial donde se busca que no se desequilibren de forma drástica en sus emociones, con espacios para jugar y entretenerse.
Sostuvo que también se les canaliza a una revisión médica para conocer su estado de salud, lo cual es, en sí mismo, un derecho.

Cuando el crimen es parte del hogar
Una vez conocidas las condiciones físicas de los menores, los trabajadores sociales comienzan a buscar sus redes de apoyo, como familiares directos.
Explicó que, en el caso de los menores que acompañaban a algún adulto arrestado por cometer un delito, es más rápido que otros familiares acudan a las oficinas.
En los casos de niños en situación de calle, se da aviso a la Subprocuraduría del Menor y la Familia, instancia que los resguarda y los canaliza a centros especiales del DIF.
Subrayó que el interés del menor está por encima de todo y debe garantizarse, ya que en los casos referidos son víctimas directas e indirectas.

El jefe de Trabajo Social destacó que les toca conocer casos verdaderamente lamentables, como cuando detectan a niños de ocho o nueve años que ni siquiera están registrados ante las autoridades.
Sobre los menores que acompañan a adultos dedicados al narcomenudeo, tráfico de armas u otras actividades ilícitas, el funcionario señaló que no se puede establecer un comportamiento homogéneo, ya que las realidades que viven son diversas y, en consecuencia, sus percepciones también lo son.
Aclaró que esas personas llegan a normalizar dichas situaciones, porque es el contexto en el que se desenvuelven.
“Esa es su realidad, esa es su historia”, enfatizó.
Reconoció que décadas atrás, quienes se dedicaban a actividades ilícitas utilizaban la presencia de menores como una especie de “escudo humano”, ya que los contrarios evitaban actuar si había un niño presente. Sin embargo, esa lógica ha cambiado y hoy la presencia de un menor no garantiza la integridad de los adultos.
“Los adultos saben que el utilizar o tener un menor ya no es como antes”, apuntó.
Indicó que, actualmente, los menores pueden ser utilizados como “pantallas” para disfrazar actividades ilícitas. No obstante, aseguró que los agentes de la SSPM están capacitados para detectar este tipo de situaciones.
Pantallas, música y promesas: el nuevo reclutamiento
Por otra parte, el jefe de Trabajo Social de la SSPM consideró que uno de los mayores peligros que enfrentan hoy los menores en Juárez es no saber filtrar la información que reciben a través de dispositivos electrónicos y redes sociales.
Precisó que existe un alto consumo de contenidos en estos medios sin supervisión adulta, lo que provoca que los menores construyan su propia realidad a partir de lo que consumen, donde la digitalización influye en su comportamiento y en los modelos aspiracionales que adoptan.
Subrayó que las redes sociales también están alejando a niños y adolescentes de los espacios públicos como los parques, aunque eso no significa que enfrenten menos riesgos dentro de sus hogares.

Comentó que se van diluyendo las oportunidades de desarrollar habilidades sociales, liderazgo, creatividad y convivencia, así como el aprendizaje de reglas básicas de interacción.
Palacios mencionó que los riesgos del internet son amplios, pero muchos jóvenes no alcanzan a dimensionarlos y se desenvuelven sin identificar peligros, incluso en aspectos básicos como cruzar una vialidad o reconocer riesgos sociales.
Finalmente, explicó que las redes sociales facilitan el reclutamiento de menores por parte de grupos delictivos, ya que a través de la música y otros contenidos se promueven estilos de vida aspiracionales con beneficios que no corresponden a la realidad.
“Es muy fácil embaucar a un adolescente para que se enliste o se integre a grupos donde se le ofrece dinero supuestamente fácil, unos tenis, una gorra, incluso una camioneta, y un estilo de vida que resulta atractivo. Esa es la parte aspiracional que siempre se ha utilizado para facilitar el reclutamiento”, enfatizó.
Agregó que este reclutamiento ocurre en Juárez a través de plataformas de videojuegos, redes sociales y contactos directos, incluso mediante la interacción entre menores de edad.
Hizo un llamado a los padres de familia a vigilar más de cerca las actividades de sus hijos en redes sociales, para conocer qué contenidos consumen.
“Charlar, fortalecer los lazos afectivos, mantener una comunicación asertiva, un abrazo… no hacerlo los acerca más a estos procesos de reclutamiento”, concluyó.