Para que en Ciudad Juárez dejen de registrarse inundaciones en zonas planas, es necesario que los vasos de captación que se construyen, tengan pozos de absorción.
Así lo estimó Oscar Fidencio Ibáñez Hernández, especialista en temas hídricos y actual presidente del Consejo de Administración de la Junta Central de Agua y Saneamiento del Estado de Chihuahua (JCAS).
Dichos pozos tendrían la función de atravesar los 20 metros de arcilla que hay en el subsuelo, explicó.

Así -agregó- el agua de lluvia llegaría hasta el cuerpo arenoso y se infiltraría de nuevo el acuífero.
Esto explica porque en zonas como El Barreal el agua de lluvia sigue encharcándose, no se infiltra, porque al ser ahí la base de un lago, funciona como un tapón, detalló.
Es por eso, refirió, que para que realmente funcionen los vasos de captación, que se han estado incluyendo en nuevos fraccionamientos, deben incluir pozos de absorción.
“Si tú haces un vaso de captación, pero nada más le escarbas así por encimita, lo que vas a tener abajo es arcilla y el agua no se va a ir a ningún lado”, apuntó.
Lo que va a ocurrir -y que de hecho ya sucede en lugares como Parajes del Sur o Riberas del Bravo, es que el vaso se desborda y se mantiene la inundación.
“Si el vaso de captación lo haces con unos pozos de infiltración, que atraviesen los veinte metros de arcilla que hay, entonces sí puede hacer que el agua se vaya hasta la zona donde hay arena, pero si no haces eso, el agua se va a quedar en la superficie y va a inundar”, remarcó.
El problema es que, en toda la zona sur de la ciudad, no se ha hecho de esa manera, ni en el lado poniente ni en el oriente, sostuvo Ibáñez, también rector de la Universidad Tecnológica de Ciudad Juárez UTCJ).

“Vasitos” de captación, insuficientes
“Aquí en toda la zona sur de la ciudad no se ha hecho ese tipo de infraestructura, se hacen vasos de captación, pero que no infiltran el agua, entonces lo único que haces es que la sostienes en la superficie”, apuntó.
Refirió que dichos “vasitos” no se construyen calculando toda el área, ni toda el agua que se acumula de todo lo que viaja de todas partes.
Las autoridades locales -dijo- dan un permiso de construcción y permiten a un fraccionamiento o a una maquila, que construya, y ellos lo que hacen es una plataforma, desplantan más arriba y el agua ya no los afecte, pero entonces se inunda el terreno de enseguida, que queda en la parte más baja.
El otro factor es que el agua que se queda y ya no se puede infiltrar, se mete en el drenaje.
“Entonces saca toda la popó y los orines y todo el basurero, y llena de basura y arrastra la basura y todo, entonces taponea el sistema sanitario que no es un sistema de lluvias”, precisó.
Destrucción inevitable por arroyos crecidos
De acuerdo con Ibáñez, hay partes bajas de la ciudad donde se acumula el agua y siempre va a llegar, pero hay otras zonas que se denominan de alto riesgo, porque están justamente en el cauce de los arroyos que bajan de la sierra.
La mayoría de esas, están localizadas en todo el cinturón del sur poniente, precisó.
“Hay otras zonas de alto riesgo que son las de todos los arroyos que bajan de la sierra de Juárez; (…) en realidad es todo el sur poniente de la ciudad ¿Qué sucede? El agua se acumula, empieza a caer en la sierra, y entonces adquiere velocidad”, detalló.
“No nada más es el volumen de agua -agregó- sino que la pendiente que hay en la sierra, hace que el agua empiece a acumular un volumen.
Es como si lloviera en una mesa, y solo tuviera una salida angosta en uno de sus lados, y esa salida estuviera inclinada con una pendiente, ejemplificó.
“No solo vas a acumular todo este volumen de agua, sino que además le vas a agregar la velocidad, entonces le vas a dar una fuerza increíble”, indicó.
El problema es que -añadió-en la parte de abajo a donde va a llegar el agua con gran fuerza, ya se construyó una calle que va a servir como un canal para el torrente y va a agarrar todavía más fuerza.
Lo dicho por Ibáñez Hernández se hace realidad cada año en avenidas como el bulevar Mártires del 2 de octubre, antes Díaz Ordaz, o el Arroyo de Las Víboras, este último por donde el año pasado fueron arrastradas decenas de autos.
“Esa agua no se infiltra, ya no se detiene, ya no tiene terreno natural, entonces aumenta su peligrosidad”, apreció.
Otro aspecto que planteó el especialista es que los ríos en el desierto siempre están secos.
Como llueve poco, solo se forma un arroyo chico, y los lados del cauce natural, permanecen secos.
Esa circunstancia lleva a las personas a decidir construir ahí, pero entonces, cuando llueve más, el arroyo se hace más grande y se lleva las casas y todo lo que estaba ahí, expresó.
Pero el asunto se hace más peligroso si se considera que a su paso, el agua torrencial va a derribar lo que halle a su paso, como bardas, basura y diversos objetos, remarcó.
“Entonces el arroyo ya no nada más lleva agua, sino piedras, escombro, y aumenta su capacidad de destrucción cuando va arrastrando cosas”, anotó.
Para paliar esa situación, dijo, el Gobierno del Estado ya construyó en el lado poniente, tres presas, de las cuales está por terminar la denominada Filtro 2.
Estimó que con esas obras ya se detiene gran parte del volumen de agua, que escurre de toda la sierra de Juárez.
Y aún faltan otras dos presas de construir, para tener -dijo- un sistema de cinco presas que protejan el poniente de la ciudad.
“Después de que se concluya la Filtro 2 estaremos a un setenta por ciento de eficiencia como ciudad, para controlar las avenidas”, calculó.
Sin embargo -aclaró- todavía no estará resuelto el problema de las inundaciones, sino únicamente detener el agua.
“Sigue lloviendo lo mismo, sigue bajando el mismo volumen con la misma velocidad, pero con las presas se frena el torrente y eso no te causa el mismo destrozo a que venga el agua de un solo trancazo”, indicó.
Relató que en la sierra, todo lo que cae de agua, escurre y baja por los arroyos y cuando estos están obstruidos, el agua busca su camino porque quiere llegar al rio.
Antes de estuvieran construidas todas esas zonas por donde pasa el agua, precisó, todo era desierto y arena, y lo que llovía ahí, se infiltraba, y recargaba el acuífero.
Pero ahora, como ya “impermeabilizamos” toda la ciudad, pues ahora ya no se infiltra nada, señaló.
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