Desde el mes de mayo, las precipitaciones comenzaron a ser una constante en el ambiente fronterizo, gracias a la presencia del Monzón mexicano que afecta los estados de Chihuahua, Sinaloa, Coahuila y Sonora.
Si bien es cierto que este fenómeno meteorológico ha traído diversos estragos a la infraestructura pública juarense, destacando los daños en casas, postes, árboles, calles y demás mobiliario, en el ámbito medioambiental representa un beneficio para la recarga de los mantos acuíferos, así como para la reproducción de diversas especies de flora y fauna que viven en la ciudad.
De acuerdo con Victoria Cervantes, bióloga de la UACJ e integrante de Bravo Camping, el nivel de precipitación que ha caído en la ciudad entra dentro de los parámetros “normales” que se han observado históricamente en la región.
Sin embargo, el hecho de que en años anteriores prácticamente no hubiera precipitaciones en la región, aunado al hecho de que la ciudad se inunda fácilmente, hace que a las personas les resulte extraño que llueva de manera constante.
Perla Rodríguez, geóloga de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP), comentó que, en el Plan de Acción Climática del Municipio de Juárez 2020-2030, se menciona que los valores altos de lluvia en el año se encuentran entre los 33.5 y 45.5 milímetros, los cuales suelen presentarse en el mes de agosto; mientras que los valores más bajos son de 0 a 3.3 milímetros, entre marzo y abril.
Además, tomando en cuenta los datos de la Red Meteorológica de la UACJ, resaltó que, entre 2010 y 2017, hubo dos años (2013 y 2016) en los que la ciudad rebasó los 90 milímetros de lluvia, considerándose como “lluvias extraordinarias”.
En estos meses, comentó que las lluvias que se han registrado en la ciudad promedian una caída de entre 4 y 10 milímetros por hora.
Sin embargo, puntualizó que la ciudad no cuenta con una red de monitoreo lo suficientemente capaz de medir los datos representativos de toda la ciudad, por lo que no hay información suficiente para proporcionar un análisis estadístico adecuado.
Acerca de la recarga de los mantos acuíferos, Cervantes consideró que esta temporada de lluvias implica un “respiro” para las reservas de la ciudad, que han “estado trabajando tiempo extra”.
Consideró que es necesario esperar a que la temporada de lluvias termine para poder analizar el alcance que realmente tuvieron las precipitaciones en la región.
El “renacer” de las especies
Por su parte, el biólogo César Ponce Rivas, miembro de 656 Enraizado, indicó que hay zonas, como la Sierra de Juárez, en las que las lluvias reinician distintos procesos biológicos para especies de flora y fauna.
En primer lugar, las lluvias generan una recarga de los mantos freáticos, que beneficia a especies cuyas raíces necesitan gran profundidad. De la misma forma, aquellas especies de plantas sin flor, como helechos del desierto y musgos, así como distintos tipos de hongo, reactivan su ciclo de vida.
En general, mencionó, la lluvia permite la absorción de nutrientes del suelo para la mayor parte de las plantas, ya sea para que completen sus ciclos reproductivos o bien, almacenen agua para “una floración más potente para el próximo año”.
Respecto a los ciclos reproductivos de los animales, Cervantes mencionó que, en una tesis reciente que realizó, encontró que las especies desérticas —principalmente mamíferos— suelen sincronizar su ciclo reproductivo con la época de lluvias.
Resaltó que, al estar en un ambiente que “cambia radicalmente con la presencia de las lluvias”, suelen aprovechar su presencia para la reproducción y crianza, con el fin de asegurar su descendencia y que esta tenga disponibilidad de recursos, desde comida suficiente hasta lugares para resguardarse.
De la misma manera, señaló que distintas especies animales, desde organismos microscópicos e insectos, hasta reptiles, anfibios, peces y aves, se ven enormemente beneficiadas por la presencia de las lluvias, que les otorgan más fuentes de alimento y refugio.
Incluso, la integrante de Nativa e ingeniera industrial, Ayerim Quiroz, destacó que la lluvia también contribuye a mejorar temporalmente la calidad del aire, ya que el agua hace que algunas partículas contaminantes, como polvo o cenizas, así como algunos gases tóxicos, se disuelvan y no permanezcan en el aire.
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Por Martín Orquiz / Carlos Omar Barranco