Nacido en Torreón, Coahuila, en 1955 Jorge Valdés Díaz-Vélez ha tenido una larga trayectoria como miembro de carrera del Servicio Exterior Mexicano, tanto como cónsul como agregado cultural. Se trata de un poeta con una numerosa lista de obras poéticas, como Voz temporal (1985), Cuerpo cierto (1995), Jardines sumergidos (2003), Herida sombra (2012) y Parque México (2018), entre muchas otras. También ha recibido varios premios, como el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en 1998 por La puerta giratoria; en 2007 ganó el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana por su libro Los alebrijes; ganó también el I Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado por Mapa mudo (2011).
En una entrevista señala que uno de sus autores de cabecera es José Gorostiza y se nota, ya que el volumen del cual les hablaré, La puerta giratoria, abre con un epígrafe de este poeta; además está su gusto por la música y la pintura, entre otras artes. El libro tiene seis partes: “El jardín sumergido”, “Fundación de la llama”, “El espejo cobrizo”, “Las cantigas de Almagro (Gnossiennes)”, “Galería” y “Axtiaule”, estas secciones son antecedidas por el poema “El principio”.
Además de Gorostiza, en el libro podemos encontrar intertextos, guiños, dedicatorias a otros autores, como San Juan de la Cruz, Borges, Carlos Fuentes, Marco Antonio Campos, Hugo Gutiérrez Vega, Alí Chumacero, Pessoa, sin duda quienes han nutrido su literatura. Algo que podemos apreciar son las poderosas imágenes poéticas de Valdés Díaz-Vélez, ya que presenta situaciones como si fuesen cuadros, pinturas sorprendentes para contemplarse por horas: “Se abren a cada gota/ rosas de lluvia negras./ Los pétalos son lumbre/ líquida en su reflejo”. No sólo hay un juego oximoronónico, sino que la plasticidad invita a imaginar y contemplar, de lo microscópico de la gota en las rosas negras al detenimiento del tiempo. La poesía es así o al menos muchos poetas intenta eso: obligar al lector a detenerse de su trajín diario y leer el poema, deleitarse o padecer con él. La poesía es la medicina contra el vértigo contemporáneo; sin embargo, no todo mundo quiere detenerse.
A pesar de que se notan sus constantes viajes y su conocimiento del mundo y su geografía, constantemente está regresando a México, en el imaginario, en su cultura, incluso en su idea de México, como en la parte “Axtiaule”, cuyos poemas son denominados “papiros”, como si el poeta se convirtiera en cronista y contara una historia mítica y profética. Anímense a leer a este gran poeta.
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