La importación de vehículos, declarados en Estados Unidos como “pérdidas totales”, que adquieren los yonkes locales, están asociados a enfermedades respiratorias, debido a la mala disposición de los residuos tóxicos.
Además se suman 14 millones de autos “chocolate” que fluyen al año hacia la frontera norte, de los que una parte se queda en Juárez. A la vuelta de cinco años van a parar a los yonkes, debido a su poca duración, por la antigüedad.
Marina Luz Santamaría Cruz, bióloga graduada en la UACJ, dice que el “florecimiento” de estos negocios tiene un impacto ambiental grave. La escasa capacidad de supervisión de la autoridad provocó que los yonkes aumentaran en un 40 por ciento en seis años.
La normalidad es el caos
El activista ambiental Daniel Delgadillo, integrante del colectivo Árboles en Resistencia expresa: “A donde voltees, vas a ver un yonke. Ya normalizamos el caos urbano”.
Santamaría Cruz señala que la filtración de aceites y otros líquidos peligrosos terminan en las capas del subsuelo. Además, los que permanecen en la superficie los arrastra el viento en forma de micropartículas.
Yonkes: Contaminación mortal
Advirte que este polvo, mezclado con los gases emitidos por los vehículos automotores, afecta a los pulmones y al corazón. Causan muerte prematura, infartos y diversos trastornos al sistema respiratorio.
“De hecho, este tipo de polvo contaminado, forma parte de las partículas llamadas PM 2.5, que emiten los vehículos. Son comorbilidades a las principales enfermedades en Juárez”, enfatiza.
Conforme al estudio “Reciclaje automotriz en Ciudad Juárez”, señala que “yonkeros, ciudadanos y gobernantes, ven con avidez los 14 millones de autos que vienen de Estados Unidos, pero con reparo de grupos ambientalistas”.
Paisaje desolador
“Las desmanteladoras, conocidas como yonkes, importan vehículos que han sido declarados como pérdida total por las compañías de seguros de Estados Unidos”, señala el estudio, elaborado por Lydia Nesbitt Valenzuela, de la UACJ.
Las empresas se surten de tres fuentes: las compras de vehículos de desecho y autopartes de los Estados Unidos, los vehículos que subasta el Municipio y los vehículos que les venden los líderes de los yonkeros, que también importan de los Estados Unidos, agrega.
Delgadillo, señala que “las decenas de negocios de este tipo, producen un paisaje desolador. La ciudad es un enorme cementerio de chatarra, que impacta a la salud mental. Pasa que los afectados no están conscientes, porque está normalizada la contaminación visual”.
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