El 4 de mayo de 2020 la enfermera Julia Peña, de 33 años de edad, fue diagnosticada con Covid-19. Tuvieron que pasar 42 días para que regresara a trabajar al hospital 35 del IMSS.
Fueron las semanas más estresantes de su vida, porque además tuvo que lidiar con los contagios de su hija de tres años y de sus papás, ellos de la tercera edad.
Seis meses después, exhausta como todo el personal de salud por la atención que exige la pandemia, el miedo volvió.
Estaba ingresando al área del reloj checador en el Hospital General de Zona número 35 del IMSS cuando escuchó balazos.

En la cama 643, del piso 6, un hombre le disparó a quemarropa en la cabeza a un paciente que se recuperaba de un ataque a tiros y que también había padecido Covid.
“Vi muchos compañeros salir del hospital asustados porque escucharon el estruendo de las balas; yo iba a entrar a checadores y no pude entrar y muchos no podían entrar, estaba todo cerrado y había mucha policía”, recordó.
Antes, en la época de la violencia, Julia supo de ese tipo de atentados en el mismo hospital pero nunca había presenciado uno, porque ocurrían en su día de descanso o cuando estaba en otro turno.
“Nunca me había pasado que en mi turno estuviera pasando un atentado de esta manera. Sí me asusté, pero lo único que quería era llegar a mi servicio y encerrarme y ya no salir de ahí”, narró.
Julia y el contagio de Covid-19: la otra pesadilla
Meses antes, el 4 de mayo de 2020, Julia Peña vivió otra pesadilla, tal vez más estresante que escuchar tiros dentro de una clínica.
Le diagnosticaron Covid-19 y tuvo que quedarse encerrada por 42 días.
“Lloré, pataleé y de todo, después tuve que calmarme rápidamente porque el estrés agrava muchos síntomas (…)”.
“Me tuve que calmar en unas horas por completo, tener la cabeza fría y pedir ayuda de amigos del ramo de la salud por fuera de mi trabajo, para tener un tratamiento oportuno y poder salvar mi vida”, recordó.
Desde que inició la pandemia su vida cambió por completo, como la de todos los trabajadores de Salud.
Desvestirse antes de entrar a su casa, dejar los zapatos afuera, sanitizarse antes de entrar a su carro o llegar directo a bañarse fueron algunas de las medidas que aplicó para proteger a su familia.
La enfermedad que atacó a toda la familia
La parte más difícil fue cuando su hija de 3 años se contagió.
“Saber que ella estaba enferma y que no podía hacer nada porque yo me sentía muy mal. Eso fue lo que me devastó mental y sicológicamente”, narró.
A través de los ductos del aire escuchaba a la pequeña llorar y decirle que la quería y la necesitaba.
Después también se contagiaron sus papás, y al final su hermana tuvo que cuidarlos a todos y también adquirió el virus.
El mes pasado fallecieron dos familiares directos de Julia también por Covid.
La pandemia la golpeó con toda su fuerza pero aún así, siguió adelante.
“Ahorita no hay una persona que no conozca a otra que haya vivido un fallecimiento de un amigo o un familiar”.
“La realidad es muy dura, es muy diferente a lo que se ve en los medios. Aquí vemos a personas que entran y su familia está totalmente desesperada tratando de buscar a alguien que les dé un poquito de información”.
“O pacientes desesperados por no saber si van a volver a salir, si van a volver a abrazar a sus familiares o si van a poder respirar por sí mismos”, relató.
Asesinato en el IMSS 35: «Nunca había vivido nada igual»
Entrevistada en la rampa de urgencias pocos días después que un paciente Covid fue asesinado dentro del hospital, Julia dijo que en sus 33 años de edad y 11 años de experiencia laboral nunca había vivido nada igual.
“Nada que se asemeje un poco a la gran magnitud de muerte que se ha estado viviendo, al pánico colectivo, el estrés que se vive en las salas de espera, el estrés del personal de la salud llorando por lo que ve, por temor a contagiarse”.
“Hacer todo bien para desvestirse al salir del área Covid y aun así tener temor de no saber si se lleva algo a su casa e infectar a su familia. Son muchos sentimientos”, refirió.

Para protegerse del Covid -recomendó- es indispensable no bajar la guardia con las medidas sanitarias; para cuidarse de la violencia lo único viable es mantener los ojos bien abiertos y siempre estar alertas.
“Debemos estar con los ojos abiertos totalmente, muy alertas porque no sabemos de donde vendrá una agresión”.
“Y respecto al Covid, necesitamos estar siempre con nuestro cubrebocas y con nuestros ojos cubiertos, tratar de tener siempre las manos limpias y no tocar cualquier superficie y andar siempre con cautela, porque no sabemos dónde ni cuándo”, advirtió.
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