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El secuestro vuelve a mirar a los juarenses

El exfiscal de la Zona Norte, Jorge Nava López, en entrevista con Norte Digital, advierte que las bandas criminales dirigen de nuevo sus ataques contra los juarenses; recuerda que la última vez que ocurrió, Ciudad Juárez llegó a estimar hasta 20 secuestros diarios

Por Teófilo Alvarado | Norte Digital | 7:30 am 1 julio, 2026

Jorge Nava López reconoce las señales. Las vio hace casi dos décadas, cuando Ciudad Juárez quedó atrapada en la peor ola de secuestros de su historia. Hoy, asegura, varias de ellas han comenzado a reaparecer.

El exfiscal de la Zona Norte del Estado advierte en entrevista con Norte Digital, que existe un riesgo latente de que ese delito vuelva a escalar, luego de que las organizaciones criminales comenzaron nuevamente a poner la mira en los residentes locales, después de varios años en que concentraron gran parte de sus actividades contra migrantes que utilizaban esta frontera para intentar llegar a Estados Unidos.

Su preocupación no nace de una hipótesis.

Durante años estuvo al frente de la Unidad Antisecuestros del Estado y encabezó la estrategia que permitió desarticular 145 bandas de plagiarios entre 2009 y mediados de 2016. Antes de ello presenció cómo ese delito evolucionó hasta convertirse en una industria criminal que, en el momento más crítico de la violencia en Ciudad Juárez, llegó a estimarse en hasta 20 secuestros diarios, al considerar la cifra negra de los casos que nunca fueron denunciados.

“Hay un riesgo latente”, resume.

Refiere que haber permanecido durante varios años al servicio de la procuración de justicia y dirigir una unidad especializada le permitió conocer la forma en que evolucionan las organizaciones criminales y cómo aprovechan los periodos de desconfianza ciudadana hacia las autoridades para fortalecerse, reclutar integrantes y expandir sus operaciones.

Recuerda que las primeras bandas crecieron de manera improvisada. Eran grupos pequeños, sin experiencia, que poco a poco comenzaron a especializarse hasta convertir el secuestro en un negocio criminal.

Nava López afirma que desde la entonces Fiscalía General del Estado se emprendió una ofensiva frontal contra ese delito, en la que incluso fueron detenidos servidores públicos involucrados con las organizaciones criminales.

Entre ellos había elementos del Ejército Mexicano, agentes del Ministerio Público, policías estatales y municipales. Sin embargo, advierte que el fenómeno nunca desapareció.

Explica que durante los últimos años gran parte de los secuestros estuvieron dirigidos contra personas migrantes, aprovechando su condición de vulnerabilidad y la dificultad para denunciar los hechos.

Ahora observa un cambio que le preocupa, pues ya comenzaron a registrarse los primeros casos en los que las víctimas vuelven a ser residentes de Ciudad Juárez y considera que ese comportamiento recuerda lo ocurrido entre finales de 2008 y 2012, cuando el secuestro creció al mismo tiempo que los homicidios y las extorsiones contra empresarios y comerciantes.

“Lo importante es anticiparse”, insiste.

La historia ya enseñó cómo empieza

Para Nava López, las formas de operar también han cambiado. Explica que el uso de la tecnología y las redes sociales abrieron nuevas oportunidades para las organizaciones criminales.

Afirma que tiene conocimiento de casos en los que jóvenes utilizan plataformas digitales para contactar hombres, generar confianza y citarlos en algún punto de la ciudad con el propósito de privarlos de la libertad.

Aunque en algunos casos ya no existe una exigencia formal de rescate, explica que las víctimas son drogadas y retenidas durante dos o tres días para despojarlas de dinero, pertenencias e incluso de sus vehículos.

Las mujeres, señala, participan directamente en el enganche de las víctimas y posteriormente actúan en complicidad con otros integrantes de las bandas.

Desde su perspectiva, esos cambios no modifican la esencia del fenómeno. “Las modalidades cambian; el delito sigue siendo el mismo”, resume.

Así nació la Unidad Antisecuestros

Acerca del reto que enfrentó en 2009, cuando se creó la Unidad Antisecuestros, recuerda que la decisión respondió a una exigencia del Gobierno federal, debido al crecimiento acelerado del delito en todo el país y particularmente en Ciudad Juárez.

Hasta entonces existían grupos especiales que atendían desapariciones de personas, búsqueda de extraviados y secuestros al mismo tiempo.

“Atendían las desapariciones de personas, hacían la búsqueda de personas extraviadas y ahí mismo se atendía el secuestro”, recuerda. “Era un esquema demasiado general”.

Ese año la autoridad tuvo registro de 140 secuestros denunciados. Sin embargo, dice que la cifra negra permitía estimar que el número real superaba los 280 casos.

“Entonces estamos hablando de más o menos unos 280 a 300 secuestros que se dieron en ese 2009. Entonces es cuando se conforman las unidades especializadas en el combate del secuestro. Es un modelo que se implementa en todo el país”, subraya.

La nueva unidad permitió concentrar personal exclusivamente para combatir ese delito.

Como director de la Unidad Antisecuestros, Nava López tuvo bajo su responsabilidad a 22 agentes del Ministerio Público encargados de conducir jurídicamente las investigaciones y llevar los procesos penales.

El equipo también estaba integrado por 36 policías investigadores, incluidos grupos de reacción inmediata; siete negociadores especializados, cuatro analistas y dos peritos.

Era una estructura diseñada para atender cada etapa del secuestro: desde la negociación y el rescate hasta la investigación financiera y la judicialización de los casos. Los resultados comenzaron a reflejarse con el paso de los años.

El exfiscal asegura que la estrategia permitió recuperar el control del fenómeno en Ciudad Juárez, aunque la presión ejercida sobre las organizaciones criminales produjo un efecto inesperado.

Los secuestradores comenzaron a desplazarse hacia otras regiones del estado. “Hubo un efecto cucaracha”, recuerda.

Las bandas dejaron de concentrarse únicamente en Ciudad Juárez y empezaron a operar en municipios como Chihuahua, Cuauhtémoc, Delicias, Parral, Camargo, Ojinaga y distintas comunidades de la sierra.

Aun así, sostiene que el principal problema seguía estando en esta frontera.

La guerra contra el secuestro

  • 145 bandas desarticuladas
  • 680 secuestradores detenidos
  • 22 ministerios públicos
  • 36 policías investigadores
  • 7 negociadores
  • 4 analistas
  • 2 peritos
  • hasta 20 secuestros diarios estimados
  • 280-300 plagios estimados en 2009

Cuando el secuestro se volvió una industria

Nava López asegura que uno de los principales aprendizajes que dejó aquella etapa fue entender la forma en que evolucionaban las organizaciones criminales.

Muchas comenzaron como pequeños grupos improvisados y con el tiempo aprendieron a negociar rescates, a vigilar a las víctimas, a reclutar nuevos integrantes y a perfeccionar sus métodos.

Uno de los casos que más recuerda es el de la banda conocida como del Charly.

Explica que inicialmente operaban de manera rudimentaria, pero terminaron especializándose hasta convertirse en un grupo dedicado casi exclusivamente al llamado secuestro exprés.

Ese modelo consistía en cautiverios muy cortos y rescates relativamente bajos.

Sin embargo, precisamente por exigir cantidades menores, podían repetir la operación varias veces en pocos días.

“Ejecutaban el denominado secuestro exprés, de cautiverios muy cortos, de montos también muy bajos, pero eso les permitía en una semana operar hasta tres secuestros”, explica.

La rapidez con la que actuaban hizo que este tipo de organizaciones multiplicara la incidencia del delito en Ciudad Juárez.

A diferencia de las bandas tradicionales, que podían pasar semanas negociando un solo rescate, estos grupos preferían obtener menos dinero por víctima, pero secuestrar con mucha mayor frecuencia.

Tres mujeres y una investigación binacional

Entre los casos que más marcaron su carrera, Nava López recuerda el secuestro de tres mujeres estadounidenses que cruzaron a Ciudad Juárez para acudir a consultas médicas.

No existía una investigación previa sobre ellas, simplemente fueron elegidas al azar.

Los secuestradores las interceptaron, las trasladaron en un vehículo hasta una vivienda utilizada como casa de cautiverio y comenzaron a exigir dinero a sus familiares.

Posteriormente liberaron a una de ellas para que regresara a Estados Unidos y consiguiera el rescate. Pero al cruzar el puente internacional ocurrió un giro inesperado. La víctima denunció los hechos.

A partir de ese momento comenzó una investigación coordinada entre autoridades estadounidenses y la Unidad Antisecuestros de Chihuahua.

La operación permitió rescatar con vida a las otras dos mujeres y desarticular a la organización criminal. El único que logró escapar fue el líder de la banda.

Nava López recuerda que permaneció prófugo durante más de un año, pero finalmente fue localizado y capturado en Sayula, Jalisco.

Las bandas que sembraron el terror

Durante aquellos años, Ciudad Juárez dejó de enfrentar a una o dos organizaciones dedicadas al secuestro lo que provocó que el problema se multiplicara.

Jorge Nava López recuerda que fueron decenas de bandas las que comenzaron a operar prácticamente al mismo tiempo.

Entre ellas estaban las de El Charly, El Lalo, El Neto e Isaí, nombres que quedaron registrados en las investigaciones de la entonces Unidad Antisecuestros.

Una de las que más llamó su atención fue la encabezada por El Neto. No por su estructura, sino por la cantidad de plagios en los que reconoció haber participado.

“Nada más El Neto calculó 38 secuestros –a él lo declaré yo–, cuando lo detenemos y empezó a narrar todos los eventos en los que había participado. Íbamos en el 38 y me dice ‘¿sabes qué? Ya no me acuerdo de nada. Deben de haber sido más, pero ya no me acuerdo’. Y tenía 18 años entonces”, relata.

Para Nava López, ese episodio retrata la dimensión que alcanzó el fenómeno. No se trataba de organizaciones sofisticadas, eran jóvenes que, en muy poco tiempo, habían normalizado el secuestro como una actividad cotidiana.

El exfiscal sostiene que quizá el mayor desafío para las autoridades fue que muchas de esas bandas ya no seleccionaban cuidadosamente a sus víctimas. Simplemente esperaban la oportunidad.

“Ese fue el mayor reto que tuvimos en Ciudad Juárez, porque eran al azar. Haz de cuenta que ellos no estudiaban a las víctimas, las agarraban al azar. Se paraban en un crucero, esperaban a que pasara un carro nuevo; si era una persona del sexo femenino, mejor. La seguían, le cerraban el paso, se la llevaban y obtenían lo que pudieran conseguir en uno o dos días”, recuerda.

Ese cambio hizo todavía más complejo el combate al secuestro, pues ya no existía un patrón económico claro. No era necesario ser empresario o contar con un patrimonio importante para convertirse en víctima, bastaba encontrarse en el lugar equivocado.

Así crecían las organizaciones

Pero quizá el aprendizaje más importante que dejó aquella etapa fue entender la manera en que evolucionaban las bandas.

Nava López explica que el problema no terminaba con detener a un grupo. Con frecuencia ocurría exactamente lo contrario.

Las diferencias internas por el reparto de los rescates, el dinero o las traiciones provocaban rupturas. Y cada ruptura daba origen a nuevas células criminales.

“Se peleaban entre ellos por los rescates, por el dinero, por las traiciones. Entonces de un grupito se peleaban y se hacían dos o tres más”, explica.

Ese proceso convirtió el combate al secuestro en una carrera permanente ya que cada organización desarticulada podía convertirse, meses después, en varias bandas nuevas.

Por eso insiste en que el riesgo actual no debe minimizarse.

“Debe evitarse que se ramifiquen esos grupitos y vayamos a tener un problema como el que tuvimos en 2009”, advierte.

De pistolas de juguete a estructuras criminales

Al recordar los primeros años de esa crisis, Nava López asegura que muchas bandas comenzaron con recursos mínimos. Algunas utilizaban pistolas pequeñas, otras empleaban armas de juguete. Incluso hubo quienes cometieron secuestros sin portar un arma de fuego.

Lo que terminó fortaleciéndolas no fue el equipo con el que iniciaron, sino el dinero obtenido con cada plagio. Los rescates financiaban nuevos vehículos, armamento, casas de seguridad y reclutamiento de más integrantes.

Con el paso del tiempo, aquellos grupos improvisados terminaron convirtiéndose en organizaciones mucho más violentas y mejor estructuradas.

Aunque considera que hoy el fenómeno presenta modalidades distintas, Nava López advierte que la amenaza sigue siendo seria. Explica que actualmente los principales objetivos de muchas organizaciones continúan siendo las personas migrantes.

Relata que, hasta donde tiene conocimiento, varios son privados de la libertad, torturados y, en algunos casos, permanecen desaparecidos. Sin embargo, insiste en que la preocupación principal es otra. Las bandas han comenzado nuevamente a dirigir su atención hacia habitantes de Ciudad Juárez. Y esa, dice, fue exactamente la ruta que siguió el delito antes de alcanzar su punto más crítico.

Cronología

2008
Comienza la escalada

2009
Se crea la Unidad Antisecuestros

2010-2012
Mayor crisis

2016
145 bandas desarticuladas

2026
Nava advierte que aparecen señales similares

—–.—–.—–.—–.

La lección que no debe olvidarse

El exfiscal asegura que la experiencia demuestra que el secuestro nunca crece de un día para otro.

Primero aparecen pequeños grupos, después comienzan a fragmentarse y más tarde se multiplican. Y cuando las autoridades reaccionan, el fenómeno ya alcanzó dimensiones mucho mayores. Por eso insiste en que la respuesta debe llegar antes y no después.

Para Nava López, otro de los grandes desafíos actuales se encuentra dentro de los centros penitenciarios. Sostiene que para cerrarle el paso al secuestro no basta con detener a los líderes de las bandas. También es indispensable impedir que continúen operando desde prisión.

Afirma que muchos conservan comunicación con quienes permanecen en libertad y siguen tomando decisiones sobre las organizaciones criminales. Recuerda que entre 2009 y mediados de 2016 la Unidad Antisecuestros logró desarticular 145 bandas y detener a alrededor de 680 plagiarios, además de impulsar reformas para endurecer las penas por ese delito.

“En esos 10 meses que estuvo vigente fueron 55 personas las que se detuvieron, la mayor parte en Ciudad Juárez. Muchos de ellos ahorita todavía están sentenciados”, recuerda al hablar de la prisión vitalicia que se impulsó en ese periodo como una medida para inhibir el secuestro. Sin embargo, advierte que ninguna estrategia será suficiente si desde el interior de los penales los líderes criminales mantienen la capacidad de comunicarse y seguir dirigiendo a sus grupos. Porque, insiste, así fue como comenzó una de las etapas más oscuras en la historia de Ciudad Juárez.

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