La época de paz, alegría y felicidad ha regresado; finalmente es Navidad y con ella se hacen presente las tradicionales fiestas que, en la mayoría de las casas, presentan dos elementos infaltables: un enorme pino lleno de esferas y luces adornando el centro de las casas y, como platillo central de la cena, un pavo.
A través de los años quedó establecido que estos son elementos característicos de estas fechas; sin embargo, pocas veces se cuestiona sobre su origen y cuándo fue que las personas relacionaron estos elementos con la Navidad.
A continuación, te daremos a conocer algunos datos curiosos para compartir con tu familia durante la cena navideña.
El “gran monstruo” que se convirtió en la cena principal
Según registros de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), la palabra “guajolote”, como se les conoce mayormente a esta ave, proviene del vocablo nahuatl “huexólotl”, que significa “gran monstruo” y que hace alusión al gran tamaño que tenían los machos y que representaban un enorme manjar para las culturas prehispánicas.

Hay registros históricos que indican que, para las culturas indígenas mesoamericanas, la crianza del pavo era fundamental en su estilo de vida, mucho antes de la llegada de los españoles.
Además, para algunas eran considerados como animales sagrados, que relacionaban con deidades como Tezcatlipoca, dios de la oscuridad y la noche.

En Europa se tienen registros de que el pavo comenzó a formar parte de la cena de la Navidad, celebración máxima para los pueblos católicos, a partir del siglo XVII. En un principio, fue un alimento exclusivo de las monarquías que se fue popularizando con el paso del tiempo.
Muestra de ello fue la fusión cultural y culinaria que se presentó en este país luego de la colonización, en la que el pavo se convirtió en un elemento fundamental para las celebraciones navideñas.
¿Por qué poner un pino a mitad de la sala y adornarlo?
De acuerdo con el maestro Óscar Báez Montes, de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), la tradición de los pinos navideños data desde tiempos muy antiguos, ligados con la doctrina católica.
De acuerdo con la tradición, el pino representa la vida y su forma triangular, la Santísima Trinidad, una de las creencias católicas más importantes.
Además, la estrella que se coloca en la cima representa la estrella de Belén, esa que, según la leyenda, guío a los Reyes Magos para encontrar el pesebre del niño Jesús.
Por su parte, las luces y las esferas que adornan el pino, simbolizan la luz de Jesucristo.

Báez indica que en México las cinco especies de pino más populares son el Oyamel, Abeto, Ayacahuite, Ciprés y Falso Ciprés.
En caso de haber comprado un pino natural, la recomendación es no desechar el árbol, en su lugar, se deben aprovechar las hojas y ramas, para aromatizar la casa o realizar artesanías, y buscar un lugar donde se acopien este tipo de árboles de manera adecuada.
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