El 20 de febrero de 2026, tras intensos trabajos de inteligencia militar, elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la Guardia Nacional lograron identificar un rastro que los condujo al líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”. La clave no fue un teléfono, un GPS o un descuido: fue una pareja sentimental del capo la que abrió la ruta para el operativo.
Según informó el titular de la Sedena, Ricardo Trevilla Trejo, los análisis de inteligencia permitieron ubicar a un hombre de confianza ligado a una de las parejas afectivas de Oseguera. Esa persona trasladó a su compañera a una instalación en el poblado de Tapalpa, en la sierra de Jalisco, donde se reunió con “El Mencho”. Al día siguiente, el 21 de febrero, la mujer se retiró de ese inmueble, confirmando a las autoridades que el jefe del CJNG había estado allí.
La operación que se desplegó con esa información tuvo un desenlace violento: en el enfrentamiento en Tapalpa murieron al menos ocho presuntos miembros del cartel, y las fuerzas del orden alcanzaron a “El Mencho”, quien fue abatido durante el operativo.
La revelación pone en perspectiva cómo, tras años de evasión y múltiples intentos de captura que convirtieron a Oseguera en uno de los fugitivos más notorios del continente, fue precisamente un nexo afectivo —y no únicamente sofisticados sistemas de rastreo— lo que permitió a las fuerzas mexicanas dar con su paradero.
El impacto de la muerte de “El Mencho” ha sido amplio: se han reportado actos de violencia en varios estados del país, desde bloqueos carreteros hasta enfrentamientos, en lo que se percibe como intentos de reacción del CJNG ante la caída de su líder.
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