A partir de este lunes 5 de octubre, Marco Antonio Bonilla Mendoza cambiará de estatus político —y hasta laboral— porque dejará de ser el presidente municipal de Chihuahua en funciones.
Para cuando termine la sesión extraordinaria de Cabildo programada para ese día, Marco, como le dicen coloquialmente en la capital, será ya un alcalde con licencia —título que se pondrá de moda en el proceso electoral que recién inició— y dejará su encargo al suplente, René Xavier Chavira Venzor.
Desde ese lunes, a media mañana, minutos más, minutos menos, no se ocupará más del despacho de la alcaldía chihuahuense, porque ahora va a asumir la nueva chamba que pronto se le dará de manera oficial, con título y todo: la de candidato al Gobierno del Estado por el PAN y, en una de esas, también por el PRI.
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Desde los días posteriores a la presentación de su V Informe, Bonilla contempló pedir licencia para dedicarse de lleno a su campaña, luego de que la gobernadora Maru Campos lo llevara, literalmente, al “baile”, como una señal de que tenía su bendición.
Según le contaron a Mirone, Bonilla prefirió guardarse la licencia —que seguramente se le otorgará— hasta que Morena definiera quién sería su “coordinador para la Defensa de la Cuarta Transformación y la Defensa de la Soberanía” —si va a decir todo ese cargo de un jalón, mejor agarre aire— y así saber a ciencia cierta a quién se iba a enfrentar.
Ahora que está claro el panorama y que se sabe que habrá duelo de “licenciados”, Bonilla saldrá a recorrer el estado sin encargo municipal que lo detenga. Chihuahua, ¡ahí te voy!
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A partir del lunes, Chihuahua tendrá un alcalde interino por cuarto período consecutivo. El propio Bonilla lo fue en 2018, mientras la titular, María Eugenia Campos, se iba de campaña a buscar la reelección.
Luego, en 2021, María Angélica “Manque” Granados se hizo cargo del changarro mientras Maru buscaba la gubernatura; tres años después, en 2024, Jorge Cruz Russek la hizo de alcalde para que Marco se fuera de candidato, y ahora hará lo propio René Chavira.
Así se mueve el tablero en un municipio del que han salido cinco de las últimas nueve gubernaturas del estado.
¿Y el alcalde de Juárez? Al menos en años recientes, tres de ellos dejaron el cargo para irse de candidatos y los tres lo perdieron. A ver si Cruz logra quitarse esa “cruz” que mucho le pesa a la política de juaritos.
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Los organizadores de la “unción” de Marco Bonilla como candidato al Gobierno del Estado esperan algo más que la presencia de la plana mayor del PAN en Ciudad Juárez para acompañar al alcalde con licencia en la búsqueda de otro cargo electoral.
Lo que esperan, para ese entonces, es que también lleguen a Juárez los mandos mayores del Partido Revolucionario Institucional (PRI), lo que confirmaría una alianza electoral cuyo objetivo sería, al menos, la postulación de Bonilla Mendoza como candidato común de ambos partidos.
Si las cosas salen como van hasta ahora, el dirigente nacional del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, y la tropa que lo acompaña estarán el próximo sábado en Juárez.
Esperan también la visita de Manolo Jiménez, gobernador priista de Coahuila, quien ya estuvo en el V Informe de Marco, y del otro “vecino”, Esteban Villegas, de Durango.
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Se trata —según le contaron a Mirone— de plantarse en el principal enclave de Morena para decirles que van “juntos y revueltos” a ganarles la gubernatura… y la mayoría en el Congreso.
Eso y otros cargos más. Pero desde ahora dan por descontado que los “morenos” retendrán la alcaldía de Juárez. Con todo y eso, irían a jugarles de visitantes, tal como lo hicieron ellos cuando marcharon para pedir la destitución de la gobernadora Maru Campos por la presencia de agentes extranjeros en la FGE.
Es, pues, un acto de “devolverles la cortesía”. La pregunta que todavía no responde la dirigencia panista es si se atreverán a invitar, de nueva cuenta, al expresidente Felipe Calderón Hinojosa, una de las figuras más polémicas, al menos para la sociedad juarense, por las consecuencias que sufrió la frontera durante la famosa “guerra contra las drogas” que declaró su Gobierno.
No parece, precisamente, el invitado ideal para una fiesta electoral en Juárez.
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¿A quién más esperan? A nadie que no hayamos visto en fechas recientes: a la dirigencia nacional, encabezada por Jorge Romero; a la excandidata a la Presidencia de la República, Xóchitl Gálvez; a la presidenta de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, o al senador Ricardo Anaya.
Está por verse, además, si asisten las gobernadoras de Guanajuato y Aguascalientes, quienes mantienen buenos términos con la presidenta Claudia Sheinbaum, al igual que el gobernador de Querétaro, todos ellos del PAN.
Pero si esa es la plana mayor que tienen, mejor convoquen a la sociedad juarense y presenten a Marco como su candidato.
Traer a figuras que ya pasaron por las urnas y no ganaron nada o que, si lo hicieron, dejaron un desconchinfle a su paso, quizá no sea la mejor manera de arropar a un candidato que pretende conquistar Chihuahua. Mejor déjenlo así. Inviten a los juarenses a su fiesta.
Porque, al final, son ellos —y no la plana mayor de los partidos— quienes tendrán que poner el voto en la urna.
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Aún no se terminan de acomodar las calabazas en esa troca desvencijada que es ahora mismo la Cuarta Transformación de Chihuahua, y ya comienzan a brincar los valerosos ciudadanos dispuestos a sacrificar tres años de su vida para dedicarlos a esa difícil y extenuante tarea que es la diputación federal.
Así de bien dispuestos andan muchos que, hasta hace unos días, estaban o en el bando de Cruz Pérez Cuéllar o en el de Andrea Chávez.
Para muchos, pese al derecho de pataleo que ahora mismo ejercen el PT y la propia senadora con licencia, el arroz está más que cocido y el candidato será Cruz; no hay nada más que hablar. Así que, fieles a la cultura política mexicana, ¡todos a la “cargada” con Cruz! Y, en una de esas, hasta una diputación cae; mínimo, una regiduría.
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Ahí andan ya, rondándole al panal, varios personajes que quedaron fuera de las candidaturas en 2024, u otros que llegaron ufanos, presumiendo que podían ganar municipios y distritos para la 4T, y no obtuvieron ni un reintegro.
El problema aquí es que, si bien ayudará estar cerca “del candidato”, lo de las diputaciones federales todavía tiene trecho por delante porque, ahí sí, va a depender de cómo termine la negociación entre Morena, PT y PVEM para saber cuáles distritos les tocan a los guindas y blancos.
Ya comienzan a saltar, ¡faltaba más!, los chapulines que hasta hace poco estaban en otros partidos, negados de plano para ocupar cargo de elección alguno, y que ahora, con la cercanía con el virtual candidato morenista al Gobierno del Estado, han descubierto un espíritu político “del Bienestar” que nadie les conocía.
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La otra lucha que se está dando al interior de Morena es la del reparto de distritos por partido.
Porque, al corte de la pasada elección, los morenos solo tienen dos distritos: el I, con Daniel Murguía, y el II, con Mayte Vargas; el III lo tiene el PT, con Lilia Aguilar al frente, y el IV, el PVEM con Alejandro Pérez Cuéllar.
El VII, de Cuauhtémoc, lo ocupa Roberto “Nono” Corral, del PT, y ahí cierra la cuenta, porque los otros cuatro son del PRIAN.
Nueve posiciones que, en sustancia, son cinco. Las otras cuatro, sobre todo los dos distritos de Chihuahua, parecen más un “mercado de lágrimas” que un premio de consolación.
A esta hora, muchos se preguntan si valió la pena entregar tres distritos a partidos que se las jugaron en contra en el Congreso local.
Así que lo que sigue ahora es un “todos contra todos” para ver quién se queda con las candidaturas, quién va a recoger el tiradero y quiénes se van a buscar su “Bienestar” por otro lado.
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Los resultados de la Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) adelantaron la nueva conformación que tendrá el mapa político electoral del estado para las próximas elecciones federales y, en una de esas, para las locales también.
Resulta que los municipios con mayor pérdida de habitantes pertenecen, en su mayoría, al Distrito IX, con cabecera en Hidalgo del Parral, uno de los pocos bastiones que le quedan al PRI.
Nada más para medirle, Guadalupe y Calvo, el segundo municipio más poblado de esa demarcación, perdió nada más y nada menos que 11 mil 18 habitantes entre 2020 y 2025.
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En general, el IX, que se integra por 24 municipios, tuvo lo que bien se podría llamar una “desbandada” de habitantes en solo cinco años, si se comparan los resultados del Censo 2020 y la Encuesta Intercensal 2025.
Balleza, por ejemplo, perdió 3 mil 442 habitantes; Batopilas, mil 370; Moris, mil 367, y Bocoyna, mil 260. Por menos que eso se pierden categorías y recursos presupuestales.
El dato es de llamar la atención porque, en ese grupo, están algunos de los municipios más afectados por la violencia entre grupos armados y el desplazamiento forzado de personas.
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No sería la primera vez que el órgano electoral le cambia la cara a Chihuahua. Incluso, ya le quitó alguna vez su Distrito 10, el que tenía cabecera en Ciudad Guerrero. Luego, el que tenía asiento en Nuevo Casas Grandes lo pasó al IV de Juárez.
Los mismos resultados pueden advertir la pérdida de la categoría de distrito para el IX y la incorporación de uno más a Juárez, cuya población creció en 90 mil 153 habitantes; a Chihuahua, que aumentó en 27 mil 676, o a Cuauhtémoc, en 18 mil 929.
Que a nadie sorprenda que así se conforme el nuevo mapa de distritos federales del estado y que, entrados en ese reajuste, la autoridad estatal haga lo propio y también reubique los distritos locales.
Don Mirone