El cierre de esa semana dejó en claro dos puntos clave de la próxima contienda electoral: el campo será bandera y bastión de batalla, y Juárez es la joya de la corona, no solo en el ámbito local, sino nacional.
En el frente de Morena, el mismísimo secretario de organización, Andrés Manuel López Beltrán –el «Hijo de su ‘Apá»– estuvo el jueves pasado en el estado a supervisar los trabajos de construcción de los consejos municipales en el estado, órganos que se encargarán no solo de la aplicación de las famosas encuestas definitorias de candidaturas, sino de algo todavía más delicado: la cobertura de casillas el mero día de la jornada electoral.
Lo que trascendió en los días previos y en las horas posteriores a la visita, es que Juárez es fundamental no solo para Morena, sino para el resto de los partidos políticos, si es que tienen auténticas aspiraciones de ganar las varias elecciones que se celebrarán en junio próximo, ya sea por cuenta propia o en forma de coalición con otros partidos.
En el frente morenista quedó algo muy claro: Juárez es el Consejo Municipal más grande de todo el país, el más importante, el punto de apoyo para ganar un estado donde la izquierda nunca se ha alzado con una gubernatura.
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Del lado del PAN las cosas anduvieron más que menos igual, solo que allá no fue el Hijo de su ‘Apá, sino la gobernadora constitucional del estado, en persona: María Eugenia Campos Galván, en su auténtico papel de “primera panista del estado”. Al lado de ella, el secretario de elecciones del Comité Ejecutivo Nacional, Luis Olmedo.
No es la primera y por lo visto tampoco será la última en la que esa especie de Secretaría de la Defensa (de Acción) Nacional se junte en Juárez, porque ya lo había hecho en semanas anteriores y en fechas próximas se incrementarán las mesas de trabajo, conforme se acerque el momento de definir candidaturas.
A Mirone le contaron que el PAN contrató los servicios de un consultor externo, tan externo que ni siquiera es originario de México, solo para que les ayude a ganar algo en Juárez, porque en las últimas elecciones les ha ido como en feria, al grado de que el Distrito V local los ha salvado del zapato impuesto por Morena.
El interés y la preocupación está como para quitarle el sueño a cualquier estratega panista, porque nomás no se ve con quién puedan levantar polvareda en esa frontera: su aspirante más serio a la gubernatura es el alcalde de la capital, Marco Bonilla, y su probable candidata al Ayuntamiento radica la mayor parte del tiempo en esa misma ciudad: Daniela Álvarez. Ni cómo ayudarles.
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Pero ¿por qué se volvió tan importante la frontera “juaritos” para todos los partidos y las personas dedicadas a dar asesorías electorales? Poca cosa: es uno de los municipios con la mayor cantidad de secciones electorales de cuantos hay en el país.
Si le echamos un ojo a la elección federal pasada, la de 2024, veremos que en Juárez se instalaron mil 412 casillas, casi la cuarta parte las 5 mil 785 que abrieron aquel 1 de junio en el estado de Chihuahua.
En el ámbito estatal las cosas fueron casi iguales: los nueve distritos locales—que incluyen algunos municipios aledaños, aunque con poca población—contabilizan mil 297 secciones electorales. Acreditar representantes de casilla y generales para todo ese mundanal de casillas amerita movilizar una cantidad de personas tan grande que superaría a la población de varios municipios del estado.
No es una exageración: quien quiera ganar el estado, no solo la gubernatura, necesita cubrirse bien en Juárez.
Porque los nueve distritos locales y los cuatro federales le dan a quien los gane una presencia suficiente para plantarle cara al que gane la gubernatura, o para apuntar a su gobernador-a, si es que ganan las dos elecciones.
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Mucho se habla del peso electoral de Juárez por la cantidad de votantes que concentra y no le falta razón a quien así lo diga, pero también es cierto que su porcentaje de participación es inferior al promedio estatal.
Con su millón 235 mil 953 votantes inscritos en el Listado Nominal, los nueve distritos con cabecera en Juárez aportaron 598 mil votos, en números cerrados.
A las urnas acudió solo el 48 por ciento de los ciudadanos enlistados, contra un 52 por ciento que tuvo el resto del estado.
Esos cuatro puntos menos son significativos, pero también hablan de lo “inflado” que está el listado y el padrón electoral juarense con miles de nombres de personas que, con toda probabilidad, ya ni radican en la ciudad.
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Ahora que, si se trata del “banco” de votos, ambos frentes tienen de qué preocuparse: del lado morenista, que no se les caiga su principal aporte al caudal que recauda en todo el estado, y del panismo, remontar la pronunciada cuesta que viene arrastrando desde 2021 y que en 2024 fue una auténtica “pasada por encima”.
Los datos son contundentes. En los nueve distritos locales con cabecera en Juárez, Morena ganó ocho. El PAN —con todo y alianza— apenas pudo rescatar uno. Y no cualquiera: el Distrito 05, que terminó siendo el único dique azul en una marea guinda que prácticamente pintó toda la frontera.
La diferencia no fue menor. En la mayoría de los distritos Morena sacó ventajas de más de 30 mil votos sobre el bloque PAN-PRI-PRD. Es decir, no se trató de triunfos cerrados, sino de auténticos paseos electorales.
El Distrito 04 fue el único que se decidió por margen mínimo, apenas unos cientos de votos. En el resto, la distancia fue suficiente para que nadie pudiera alegar accidente.
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El mismo fenómeno se repitió en el ámbito federal. Los cuatro distritos con cabecera en Juárez fueron para Morena y sus aliados, con diferencias que oscilaron entre los 17 mil y los casi 30 mil votos. Traducido al español político: el PAN no solo perdió, sino que perdió con claridad.
Y aquí es donde la aritmética electoral empieza a explicar la obsesión que hoy tienen todos los partidos con la frontera.
En números redondos, Juárez aportó cerca de 600 mil votos en la elección de 2024. Ningún otro municipio del estado se le acerca.
Por ejemplo, en el distrito III, el VIII y el IX, la ventaja morenista supera los 38 mil votos.
Además, concentra nueve distritos locales y cuatro federales. Dicho de otro modo: quien gane Juárez arranca con una base política suficiente para inclinar la balanza estatal.
Para el morenismo, los números de Juárez son música de orquesta sinfónica, pero también es motivo de preocupación que fueron sus únicos triunfos en la pasada elección local distrital.
Es ahí donde entrará el otro factor, el agícola, el de la sequía y el pago al Tratado Internacional de Agua: el famoso “corredor azul” del centro-sur del estado, donde se concentran tres distritos locales y uno federal: el XI, con cabecera en Meoqui; el XIX de Delicias y el XX de Camargo, todos, en manos del PAN.
Y si el diputado Pedro Torres (Morena) le sigue ayudando al PAN con sus epítetos contra los “sombrerudos”, el boquete se puede convertir en cráter.
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Visas así las cosas se entiende por qué las trincheras se movieron hacia la frontera.
Serán 35 cargos los que estarán en juego: una presidencia municipal, 20 regidurías, una sindicatura, nueve distritos locales y cuatro federales, más lo que le aporten a la elección de gobernador-a. Ahí va toda la bolsa de canicas, pues.
Que a nadie sorprenda si en los días por venir arrecian los golpeteos hacia la Presidencia Municipal, como el del famoso ISR retenido y no reportado al SAT, que data de dos administraciones pasadas, pero se le endilgaron al alcalde actual y probable candidato de Morena, o las joyas mediáticas que puedan encontrar los morenistas en el Gobierno estatal.
La trinchera ya está cavada, los soldados, en posición y la artillería ya tiene su carga. Solo falta que oír el grito de “¡fuego!”.
Don Mirone