Tal como se los dijo este Mirone, los del PRI de Chihuahua regresaron a su tierra muy alzados de cuello desde Coahuila, después de conseguir una de esas victorias “zapato”, donde ganaron todos los cargos de mayoría que estaban en disputa.
Después de llevarse los 16 distritos de mayoría que estaban en juego en aquella elección y de dejar a Morena prácticamente en cero, la dirigencia tricolor de Chihuahua ha comenzado a subirle el precio a su firma de coalición con el Partido Acción Nacional, después de mostrar lo fortachones que están… en Coahuila.
Si días antes del domingo pasado había sectores del PRI renuentes a firmar la alianza con su enemigo histórico porque —decían— todavía las pueden en algunas regiones del estado y —hasta creen— con un candidato propio pueden sacar una buena marmaja de votos, ahora que mostraron el músculo en el vecino estado ya no hay quién los aguante. Allá ellos.
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Lo que le han contado a Mirone es que la experiencia de Coahuila no es replicable en Chihuahua por una sencilla razón: acá no tienen el aparato del Gobierno estatal para echar a andar toda la maquinaria de la que se valieron para quedarse con el botín completo.
Por ejemplo, y de acuerdo con las denuncias que han aflorado después del proceso, allá, en la tierra de Madero, Carranza y del Santos Laguna, recurrieron a un novedoso sistema de compra de voto para el cual necesitarían contar con una estructura digital y financiera que aquí no tienen.
No era, como en años pasados, cruzar la boleta a favor del PRI, tomarle una foto con el teléfono y luego presentarla para cobrar lo que les habían ofrecido por apoyar al tricolor en las urnas. Allá en Coahuila se las gastaron diferente: le tomaban la foto a un código QR y, de ahí, de manera directa, se direccionaba a un sitio web desde donde se realizaban los pagos.
¿Compra de voto tipo Monex, como en 2012? Más o menos. Pero en aquel entonces tenían una poderosa estructura financiera para armarla y Gobiernos estatales que la fondearan. Acá, en este caso, cuentan con Coahuila y Durango, y párenle de contar.
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Lo que le contaron a Mirone es que el dirigente estatal del PRI en Chihuahua, Alejandro Domínguez, anda que no cabe en el enorme y vacío edificio de la colonia Dale, en la capital, del puro gusto que le dio la victoria “zapato” de su partido en Coahuila.
Como dice el refrán tan usado en la política nacional: la derrota es huérfana, pero la victoria tiene muchos padres, y ahora el priismo chihuahuense reclama la parte de ADN que tuvo ese triunfo.
Lo que sigue ahora es ver con qué cuentas se van a sentar a negociar en la mesa donde decidirán si arman o no la alianza con los blanquiazules: si con la victoria estatal de Coahuila o con las miserias que recogieron en Chihuahua la última vez.
Para como se las han gastado, este Mirone no duda de que el PAN les vuelva a comprar esos espejitos como si fueran barras de titanio.
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Y hablando de los efectos secundarios de la elección coahuilense, donde algunos ya andan repartiendo triunfos ajenos como si fueran propios, hay otro dato que está provocando sudores fríos en más de una oficina del PAN nacional. Porque tan importante como el 16-0 que presumió el PRI, fue el tamaño del tropiezo que sufrió Acción Nacional. Cuando los números son tan contundentes, la grilla cambia de rumbo y las alianzas que ayer parecían impensables comienzan a verse como una necesidad.
Después de la goliza de 16 a 0 que el PRI le metió a Morena en Coahuila, se viene toda la presión sobre el PAN nacional y el PAN Chihuahua para que se acepte una alianza formal con el tricolor en 2027.
No únicamente por el lado de los buenos resultados para el PRI, “haiga sido como haiga sido”, porque abundan las acusaciones de compra de voto, sino también —o principalmente— por el pobre papel que jugó el PAN en la elección del domingo, ya que, literalmente, lo borraron del mapa en Coahuila.
No pudo alcanzar siquiera el 3 por ciento de la votación válida emitida, requerido para mantener el registro como partido estatal, y se puso al nivel de la chiquillada verde y naranja. Por su baja votación, las autoridades les dirán adiós y “gracias por participar”.
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Además de Ariadna Montiel, quien se estrena con derrota electoral como dirigente de Morena, es Jorge Romero, presidente nacional del PAN, el gran perdedor de la contienda.
Con sus bonos a la baja, difícilmente podrá mantenerse en su posición de rechazo total a las alianzas electorales con el PRI.
Engallado, el presidente nacional del tricolor, Alito Moreno, lanzó ayer el cuestionamiento con especial dedicatoria para Jorge Romero: “¿Será inteligente para la dirigencia nacional del PAN seguir tomando la decisión de ir separados en Chihuahua? ¿Un candidato del PAN, uno del PRI y uno de Movimiento Ciudadano para que gane Morena? Eso es lo que hay que pensar”.
Según Alito, una alianza PRI-PAN generaría posibilidades de triunfo en entidades como Chihuahua, Aguascalientes, Querétaro, Nuevo León, Colima, Sinaloa y Sonora. “Eso no lo digo yo, lo dicen los números y la realidad política”, insistió el polémico senador.
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Localmente, también hay liderazgos tricolores presionando por la alianza para la gubernatura en 2027, básicamente con el mismo argumento: juntarse para poder vencer a Morena.
Por el lado del PAN, nadie desconoce que el aspirante Marco Bonilla mantiene esa apuesta y, de facto, ha sostenido acercamientos y acuerdos con figuras del PRI, como los exgobernadores Patricio Martínez y José Reyes Baeza.
Marco y sus apoyadores han trabajado más por la alianza informal, fuera de las dirigencias, pero nada mal les caería la coalición formal, así que seguramente se intensificarán los cabildeos para concretarla a la luz de lo ocurrido en Coahuila.
A ver cómo se inclina la balanza. Recientemente, quienes traen la estrategia de acabar con el lastre de la crisis de identidad provocada por la alianza PRIAN y apuestan por reforzar la marca azul andaban muy contentos con los resultados favorables que arrojó todo el CIA-gate, la narcopolítica vinculada a Sinaloa y Morena y, principalmente, el #YoConMaru, que trascendió las fronteras chihuahuenses.
Sin embargo, ya se la saben los lectores mironianos: los humores sociales y políticos suelen ser muy cambiantes, y lo que aplica hoy quizá no aplicará mañana. Ya veremos cómo resuelven blanquiazules y tricolores el entuerto.
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La Comisión Nacional del Agua (Conagua) le ha puesto la mesa, el mantel y el platillo a la comunidad LeBarón para que se sirva con la cuchara grande en la región noroeste del estado y mantenga sus permisos para extracción de agua de uso agrícola, pese a las múltiples denuncias que existen en su contra por supuestas perforaciones ilegales y el acaparamiento del recurso hídrico.
Enterados del caso le contaron a Mirone que ambas partes ya se reunieron y tomaron acuerdos más que favorables para los gabachos, como también se refieren a los LeBarón, pero a costa de las demandas que desde hace años plantean los campiranos mexicanos de aquella región.
Personas cercanas al encuentro le contaron a Mirone que el pasado 14 de enero, la plana mayor de Conagua se reunió con los LeBarón en su mismísimo enclave, Galeana, Chihuahua, para tomar acuerdos en torno al uso del agua y la regularización de los cientos de pozos que tienen en operación para regar sus cultivos, muchos de ellos grandes consumidores del recurso.
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La reunión, celebrada en Galeana, el mero enclave de los LeBarón, dejó con el ojo cuadrado a más de cuatro pues, según le dieron a Mirone, estuvo toda la plana mayor de la Conagua, aunque faltó el mero titular, Efraín Morales.
Lo que no alcanzan a descifrar los opositores a ese grupo es por qué ir hasta la sede LeBarón, a jugar prácticamente de visitantes, apenas medio año después de que el mismísimo Efraín Morales López señalara a integrantes de esa comunidad como acaparadores de 150 concesiones de agua.
Ese mundanal de títulos equivale, litros más, litros menos, a unos 47 millones de metros cúbicos de agua, cantidad suficiente para irrigar la región y dejar contentos, si no a todos, sí a buena parte de los productores, sean “gabachos” o “nacionales”.
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El apapacho llegó a tal grado que los conaguos les ofrecieron a los mormones mexicoamericanos el manejo de una especie de distrito de riego regional, donde podrían administrar el agua y, ya entrados en el tema, regularizar pozos.
Como quien dice, la Iglesia en manos de Lutero, porque si alguien tiene señalamientos de haber sobreexplotado el acuífero en la región —y en otras partes— es precisamente la comunidad mormona del noroeste del estado.
Más fácil no pudieron ponérsela: ahora serán ellos los que se “midan” y se califiquen, mientras los “nacionales” nada más se quedarán viendo
De plano, la cosa está para no entenderla ni con un diccionario que traduzca el lenguaje LeBarón al de la grilla nacional, porque mientras reciben ese trato privilegiado, uno de sus líderes, Julián LeBarón, anda tejiendo alianzas electorales con el PAN.
¿Qué no es posible? ¡Todo es posible en esta política nacional!
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Abundan los indicadores del descontrol en torno a los establecimientos donde se vende y consume alcohol, actividad que debe ser regulada por Gobernación estatal.
Resulta que en el reporte semanal sobre el trabajo de los inspectores de giros nocturnos se incluyó la clausura del bar La Tercera. Sin embargo, lo que en realidad se está reportando es la clausura del antro Uxmal, de la Gómez Morín, por funcionar fuera de horario, algo que aquí ya habíamos señalado previamente como una práctica continua e impune, protegida no únicamente por autoridades administrativas, sino también por corporaciones policiacas de todos los órdenes de Gobierno.
El asunto aquí es que el Uxmal de Plaza Primavera operaba con el permiso a nombre de La Tercera, que a su vez tiene otro establecimiento en el área de la avenida De las Torres. Otra práctica irregular, pero también tolerada por las autoridades, a las que no parece interesarles meter orden en este giro.
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Siempre el caos y el descontrol son los mejores aliados de la corrupción, y ya sabemos que para eso se pintan solos quienes deberían estar supervisando el cumplimiento de la Ley de Alcoholes y los horarios de operación que ahí se establecen para los distintos giros.
Como quiera que sea, la clausura ya se levantó y el Uxmal podrá seguir operando y organizando sus famosos “after”, como lo hacen más de una docena de antros por todos los rumbos de la ciudad, principalmente los fines de semana.
Otro dato llamó la atención en el reporte semanal de Gobernación. Además de la terraza Zesati, donde murió ahogado un pequeño de ocho años, otros dos establecimientos de ese tipo fueron clausurados por operar sin permiso, como lo hacía el lugar donde ocurrió la tragedia.
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Se ve que nada más intentan taparle el ojo al macho. Son decenas las terrazas y jardines ubicados por toda la mancha urbana que se rentan para eventos y fiestas, o incluso donde se organizan los “after”. Duda Mirone que tengan sus permisos en regla.
No verifican, no revisan, no ordenan, pero qué tal que sí cobran las cuotas y las pollas, que son bastante gordas para que puedan funcionar los distintos giros sin cumplir con todos los permisos o incluso fuera de horario.
Don Mirone