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Cuando gobernar era liberar: la herencia de Francisco Villarreal en Juárez

A 30 años de su muerte, el legado del exalcalde —orden urbano, autonomía municipal y dignidad política— sigue vigente en una ciudad que aún lucha por su libertad

Por Francisco Luján | Norte Digital | 7:49 am 23 abril, 2026

Han pasado 30 años desde su fallecimiento, pero en Ciudad Juárez su nombre no se olvida. Permanece en la memoria de quienes lo conocieron, en las decisiones que transformaron la ciudad y, sobre todo, en las deudas que aún siguen pendientes.

Fotos: Cortesía

El 30 de abril cumpliría 96 años. La fecha no es casual. Fue el punto que eligió el historiador José Mario Sánchez Soledad para volver a abrir la historia de quien, desde la Presidencia Municipal entre 1992 y 1995, cambió la forma de entender el poder en Juárez: Francisco Villarreal Torres.

Lo hace a través de su libro El constructor de libertad, pero también desde la memoria personal. A los 30 años, Sánchez Soledad fue su secretario particular. Lo vio gobernar desde dentro, tomar decisiones y sostener una idea que, con el paso del tiempo, parece haberse desdibujado: ejercer el poder no para controlar, sino para liberar.

“El camino a la libertad es un camino que demanda esfuerzo, y el señor Villarreal siempre vivió en ese tenor”, recuerda. “Tenía un ideal de libertad personal que aplicaba en todo lo que hacía: en sus empresas y en la política”.

Ese principio marcó su paso por el Gobierno en un momento en que la ciudad crecía sin orden.

Cuando la ciudad crecía sin control… y con dueños

Desde los años 70 Ciudad Juárez enfrentaba una expansión desbordada que había rebasado cualquier intento de planeación. Las tierras ejidales en el suroriente eran intocables por ley, lo que cerraba la posibilidad de desarrollar vivienda formal en una zona que hoy alberga a más de 400 mil personas.

La consecuencia fue visible durante años: asentamientos improvisados, colonias sin servicios, crecimiento sobre los cerros y, en paralelo, un sistema político que encontró en esa precariedad una forma de control.

“Había organizaciones que promovían invasiones de terrenos para mantener control político sobre la gente”, explica Sánchez Soledad. “La ciudad crecía, pero también crecía la dependencia”.

Fue ahí donde Villarreal decidió intervenir. No solo con obras o programas, sino modificando la lógica de fondo. Expropió terrenos para fundar Tierra Nueva y desarrollar vivienda social, pero al mismo tiempo enfrentó estructuras como el Comité de Defensa Popular (CDP), que utilizaban la necesidad de vivienda como mecanismo de control.

El impacto no fue únicamente urbano. Fue, sobre todo, social y político.

“Las personas dejaron de estar sujetas a liderazgos. Pasaron de ser manipuladas a convertirse en propietarios, en sujetos de derechos, en personas libres”, resume el historiador.

Para Villarreal, insiste, la libertad no era un concepto abstracto. Era una condición concreta que debía construirse desde lo cotidiano: tener una casa, no depender de un líder, decidir por uno mismo.

“La no dependencia de otros fue su interés principal. Se ocupó de la libertad de las personas”.

Gobernar para liberar: tierra, autonomía y dignidad pública

Esa misma lógica lo llevó a una de sus decisiones más trascendentes: la creación del Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMIP). Más que una nueva oficina, era un intento por blindar a la ciudad de los vaivenes políticos, por establecer que el crecimiento urbano debía responder a criterios técnicos y no a intereses de grupo.

En el fondo, se trataba de lo mismo: garantizar que el desarrollo de Juárez no dependiera de quien estuviera en el poder.

Pero la idea de libertad que sostenía Villarreal no se limitaba al territorio. También pasaba por el dinero. Por la capacidad de decidir.

Sánchez Soledad recuerda que el exalcalde fue un crítico constante del modelo centralista que concentra recursos y decisiones en el Gobierno federal, mientras deja a los municipios con responsabilidades sin respaldo suficiente.

“Para él no solo era importante tener recursos, sino poder decidir sobre ellos”, explica. “Decía que en Ciudad Juárez éramos lo suficientemente adultos para saber en qué gastar”.

Su postura iba más allá de una exigencia presupuestal. Era una postura política.

“La lucha no era solo por más dinero, sino por espacios de libertad. Por poder incidir en nuestro propio desarrollo como ciudad”.

Esa visión federalista, agrega, se sostenía con firmeza. “Era librarnos de la tutela del Gobierno centralista. Ese era el camino”.

El humanismo como forma de gobierno

A pesar de ello, su figura nunca encajó del todo en las categorías tradicionales. Fue candidato externo del PAN, pero su pensamiento desbordaba las etiquetas.

Promovía cooperativas, impulsaba programas de becas en sus empresas y, junto con su esposa, introdujo el sistema Montessori en la ciudad. Defendía causas sociales que, para muchos, lo colocaban en la izquierda.

“Su humanismo se confundía con ideología”, dice Sánchez. “Pero no era de izquierda ni de derecha. Era una persona centrada en la gente”.

Su cercanía con figuras como Sergio Méndez Arceo, el llamado “obispo rojo” de Cuernavaca, o sus conversaciones con el obispo juarense Manuel Talamás Camandari alimentaron esa percepción. Pero quienes trabajaron con él coinciden en algo: no respondía a una corriente política, sino a una convicción.

Treinta años después, esa convicción vuelve a ponerse sobre la mesa, pero ya no como relato, sino como contraste.

“Uno de sus aportes fue rescatar la dignidad de la investidura del presidente municipal”, señala el historiador. Y esa idea, en el contexto actual, adquiere otro peso.

“Creo que la política se ha prostituido. Hoy vemos la protección de intereses de grupo, la retención de cuotas, los negocios al amparo del poder”.

Frente a ese escenario, el legado de Villarreal no solo se recuerda: incomoda.

Porque obliga a mirar lo que se perdió.

“Las libertades que se construyeron antes hoy parecen no ser importantes, pero son fundamentales para una mejor ciudad”, concluye Sánchez Soledad.

El constructor de la libertad

El próximo 30 de abril, en el salón Le Grand de la avenida Abraham Lincoln 1161 se presentará el libro El constructor de libertad.

No será solo un acto conmemorativo. Será, en el fondo, un recordatorio.

De que hubo un momento en que gobernar significó liberar.
Y de que, quizá, esa sigue siendo la deuda pendiente de Ciudad Juárez.

• Qué: Presentación del libro El constructor de libertad, del historiador José Mario Sánchez Soledad, sobre la vida y legado de Francisco Villarreal Torres.

• Quién: José Mario Sánchez Soledad (autor)
Invitados y asistentes del ámbito académico, político y social

• Cuándo: 30 de abril

• Dónde: Salón Le Grand
Avenida Abraham Lincoln 1161, Ciudad Juárez

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