El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) atraviesa una encrucijada decisiva. La salida de organismos históricos y el debate interno sobre su rumbo han puesto en evidencia el desgaste de un modelo que ya no responde con la eficacia que exigen los nuevos escenarios económicos y políticos de la frontera.
Lejos de tratarse de episodios aislados, las renuncias han abierto una discusión de fondo: transformar al organismo para recuperar cohesión y peso político, o mantener inercias que podrían llevarlo a una pérdida gradual de influencia en la vida pública de Ciudad Juárez.
En ese contexto, liderazgos empresariales coinciden en una advertencia central: el CCE no puede convertirse ni en un club cerrado ni en un instrumento al servicio de intereses externos, sino sostenerse como un espacio de representación colectiva y defensa del bien común empresarial.
La reingeniería que hoy se discute no es únicamente estatutaria o administrativa; es una definición de poder. De ella dependerá si el Consejo logra adaptarse sin perder autonomía o si queda relegado frente a otros actores con mayor capacidad de incidencia.
En una reunión urgente convocada el martes en el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), distintos liderazgos que lo integran plantearon la necesidad de hacer cambios, mientras otros alertaron sobre el riesgo de que el organismo sea dominado por intereses externos.
El presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Ciudad Juárez (Canaco), Iván Pérez Ruiz, planteó la urgencia de una reingeniería en el seno de la organización.
La salida de la Asociación Local de Agentes Aduanales y de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra), en diciembre y marzo de este año, respectivamente, obligó a una reflexión que ha sido recurrente en la última década.
En el sexenio de 2016 a 2021, los que dejaron el barco fueron Desarrollo Económico y la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex).
Para el líder del comercio organizado, este es el momento de revisar lo que se ha hecho bien y lo que se ha hecho mal, y dar un golpe de timón.
Manuel Sotelo, presidente de la Asociación de Transportistas de Ciudad Juárez y uno de los integrantes más antiguos del Consejo, sostuvo que el cambio es bueno, pero con mesura y siempre viendo por el bien común, no por intereses personales.
Hay intereses externos al organismo y hay problemas internos, y por lo mismo la respuesta no es salirse, porque cualquier solución debe hacerse desde dentro, apuntó.
En cuanto al cambio de estatutos referido por Pérez Ruiz, el presidente de Desarrollo Económico del Norte (Denac), Héctor Núñez Polanco, dijo que ese es un proceso que ya inició, pero de forma gradual.
Lo más importante, según Núñez, es considerar que el escenario económico en la ciudad ya cambió, y el CCE debe adaptarse sin perder su razón de ser.
Iván Pérez, por el cambio urgente
La coyuntura que significó el retiro de Canacintra y de Agentes Aduanales del seno del CCE fue interpretada por el presidente de Canaco, Iván Pérez Ruiz, como una señal para empujar el cambio urgente.
“Al final del día, la salida de los dos organismos está provocando que nuestra visión sea más clara sobre qué hemos hecho bien y qué podemos mejorar”, señaló.

Hay que recordar —agregó— que solo somos personas que pasan por las organizaciones, pero al margen de eso, lo importante, lo trascendental, es que la salida de dos organismos nos debe llevar a que el CCE haga una reingeniería en su visión y cambie los mecanismos para admitir nuevos socios.
“Esto que está ocurriendo —remarcó— nos tiene que hacer pensar”.
Sostuvo que hay dos temas que deben cambiar con urgencia: uno es el tiempo que dura cada presidente del CCE al frente del organismo, y el otro, el porcentaje de votos que se requieren para admitir nuevos socios.
Ya no es viable que quienes van a presidir el organismo solo duren seis meses, porque en ese lapso no se puede hacer prácticamente nada, apuntó.
“Que ya no se turnen, sino que se elijan los presidentes por un año o dos, porque en seis meses no haces nada”, externó.
El segundo asunto relevante —continuó— es el voto que se aplica para admitir nuevos socios y que, en las condiciones actuales, exige que esté de acuerdo el ochenta por ciento de los integrantes.
Lo ideal es que, para que el CCE se abra a la sociedad y a la posibilidad de que lleguen otras cámaras, asociaciones u organizaciones, sea suficiente una mayoría simple, es decir, el cincuenta por ciento más uno, indicó.
CCE debe responder al bien común: Sotelo
Para el presidente de la Asociación de Transportistas de Ciudad Juárez, Manuel Sotelo Suárez, uno de los integrantes más antiguos del CCE, lo más importante es que cualquier cambio o reforma se haga desde adentro.
“El Consejo es un acta constitutiva, lo hacemos valer o no valer los que formamos parte”, señaló.
Quienes quieran entrar deben saber que no es un lugar a donde se van a obtener beneficios, sino uno en donde hay que llegar a ver cómo se ayuda.

El problema es que cuando llegan integrantes que quieren lograr sus objetivos particulares, resulta que cuando no los consiguen, mejor se retiran, lamentó.
“Me da tristeza que hayan salido Canacintra y Agentes Aduanales, porque yo creo que para cambiar las cosas se debe hacer desde adentro”, insistió.
Sotelo sostuvo que, si un organismo como el CCE sirve, es porque quienes lo integran lo hacen servir.
“No se vale que cuando no se cumplen mis objetivos yo salga a decir que el CCE no sirve”, reprochó.
En ese sentido, remarcó que una de las cosas que ya cambiaron es que antes se requería el cien por ciento de los votos de los integrantes para emitir un posicionamiento público, y ahora ese porcentaje bajó al ochenta por ciento.
Cuando el CCE no se ha pronunciado en algún tema, no es porque hayan sido tibios, aclaró, sino porque no se alcanzaba el ochenta por ciento de aprobación que marca el estatuto vigente.
En ese sentido afirmó que ellos se deben a un estatuto, “porque sin estatutos no hay respeto”.
Para un posicionamiento público fuerte —insistió— lo primero que hay que recordar es que el bien común debe estar por encima de los intereses personales.
El transportista reconoció que sí hacen falta cambios en el CCE, pero también hace falta decirle a la gente que aspira a entrar que sepa que el organismo no es para recibir algo, sino para ver qué se le puede aportar.
Empezando por una cuota de doce mil pesos al mes que algunos organismos o asociaciones no han tenido capacidad financiera de cubrir, refirió.
Lo más importante —ponderó— es que el CCE no debe ceder a injerencias externas, menos cuando existen intereses que pugnan por convertirlo en un apéndice de sus intereses o, de plano, desaparecerlo para que no les estorben.
Ya hubo cambio de estatutos: Núñez
La necesidad del cambio de estatutos no es un tema nuevo en el CCE, dijo el miércoles el presidente de Desarrollo Económico del Norte (Denac), Héctor Núñez Polanco.
Desde mediados de este año, cuando le tocó presidir el organismo, él mismo había planteado esa posibilidad, recordó.
Sostuvo que para entender lo que está ocurriendo con algunas asociaciones que están optando por salirse, es necesario ver la diferenciación que está sufriendo la economía de la frontera, entre los sectores de la industria y de los servicios.

Se está reconfigurando el escenario, donde los servicios están creciendo y la industria está bajo presión y es probable que se sienta cada vez menos representada, ponderó.
Núñez indicó que en la gestión de enero a julio de este año, cuando él estuvo al frente, sí se modificaron los estatutos.
Por ejemplo, se estableció un nuevo proceso de admisión de nuevos socios, con un procedimiento más claro en el que el aspirante ahora debe acercarse a tres miembros del CCE y conseguir su apoyo, señaló.
En esa etapa se debe solicitar toda la información al nuevo organismo y, en un siguiente paso, someter al pleno del Consejo la decisión de aprobarlo o rechazarlo, explicó.
Con la misma reforma también se eliminó el llamado poder de veto, que significaba que con un solo organismo que no estuviera de acuerdo, el CCE no podía hacer ningún posicionamiento público, apuntó.
“Actualmente el CCE puede hacer un posicionamiento, aunque un miembro no esté de acuerdo”, refirió.
Para fines prácticos, dijo, si el cien por ciento de los miembros están de acuerdo, los comunicados llevarán todos los logos de los organismos; y si son todos, menos uno, solo se pondrá el logo del CCE.
Núñez Polanco planteó que la transformación del CCE sí está ocurriendo, pero no por caprichos de sus presidentes, sino porque la ciudad está transformándose.
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