¿Y cuántas quería, mi señor?
Desde que salió de su casa esa mañana don Augurio Malsinado supo que aquel día no iba a ser bueno para él. Y es que al ir por la calle pisó una caca de perro. Ignoro si a Julio César le sucedió lo mismo cuando se dirigía al recinto del senado, pero sí sé que ese presagio es ominoso
Por Catón