Katmandú / Frontera Nepal-Tíbet. Las imágenes satelitales captadas antes y después de las catastróficas inundaciones del 26 de agosto de 2026 muestran con crudeza cómo un colapso glaciar transformó en cuestión de horas verdes valles himalayos en un paisaje de escombros, lodo y destrucción.
Las comparaciones, difundidas principalmente por Planet Labs PBC y también por Vantor, ISRO (India) y el programa Copernicus, documentan el impacto a lo largo de los ríos Lhende, Bhote Koshi y Trishuli, en la frontera entre Nepal y la región china del Tíbet.
El paisaje de antes
Días previos al desastre, las fotografías satelitales mostraban laderas verdes y densamente vegetadas, cauces de ríos relativamente definidos y asentamientos humanos visibles: casas, mercados, puentes y carreteras.

Localidades como Syapru Besi (punto de partida del popular trekking a Langtang), Timure, Betrawati, Kolpurtar, Manakamana y Khadga Bhanjyang aparecían como comunidades activas en un entorno montañoso intacto. El puesto fronterizo de Rasuwagadhi se distinguía claramente como una infraestructura organizada.
El paisaje de después
Las imágenes tomadas el 26 y 27 de agosto revelan un cambio radical. Amplias franjas de color marrón y negro cubren lo que antes era vegetación: sedimentos, rocas y lodo arrastrados por la riada. Los ríos se ensancharon de forma notable, desbordando sus cauces históricos y empujando incluso aguas arriba en algunos afluentes.
Syapru Besi aparece parcialmente sumergida bajo una capa de barro, con edificios destruidos o arrastrados. El puesto fronterizo de Rasuwagadhi quedó prácticamente borrado del mapa. Centrales hidroeléctricas, puentes y tramos de carretera (alrededor de 40 kilómetros) desaparecieron o quedaron irreconocibles. En zonas como Betrawati, apenas sobresalen restos de algunas casas entre el lodo.

Expertos que analizaron las imágenes, entre ellos el geocientífico Dan Shugar de la Universidad de Calgary, identificaron el origen: el desprendimiento de una porción sustancial de un glaciar a unos 5.200 metros de altitud, que se desplomó unos 1.200 metros hacia el valle, arrastrando hielo, roca y sedimentos. La masa generó una ola de agua, lodo y escombros de varios pisos de altura que descendió por los estrechos valles a gran velocidad.
El alcance de la tragedia
La riada, descrita por testigos como un “tsunami terrestre”, arrasó comunidades a lo largo de decenas de kilómetros. Según los reportes más recientes del 28 de agosto, el número de muertos confirmados en Nepal supera los 469 (con cifras que oscilan hasta cerca de 489 según actualizaciones policiales), mientras que en el lado tibetano se registran al menos entre tres y cinco fallecidos. Cerca de un millar o más de personas permanecen desaparecidas, entre ellas cientos de turistas y peregrinos extranjeros de más de 30 países.

Las imágenes satelitales no solo documentan la magnitud de la destrucción material, sino que se han convertido en una herramienta esencial para entender la causa del desastre y orientar las difíciles labores de búsqueda y rescate en una zona de acceso extremadamente complicado.
La comparación del antes y el después deja un testimonio visual contundente: en apenas unas horas, el paisaje vivo del Himalaya se convirtió en un escenario de devastación que las autoridades y equipos de emergencia aún intentan dimensionar por completo.
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