En política, cada quién tiene sus intereses y preferencias. Hasta ahí, nada que espante. Pero en el PAN de Chihuahua capital, los estiras y aflojas ya traen a más de uno con ganas de levantarse de la mesa.
A este Mirone le cuentan que la presión está llegando hasta Marco Bonilla, quien podría estar valorando si sigue en la carrera por el estado grande. La condición sería que se concrete, y pronto, un proyecto de unidad para definir quién va por la capital con las siglas panistas.
Sí, el ruido ya no estaría solamente entre quienes quieren la candidatura municipal. Estaría alcanzando al que busca encabezar el proyecto estatal.
Y es que la detención de César Jáuregui les revolvió todo el tablero al Gobierno y a la dirigencia azul. Con un PAN posiblemente desunido, resulta creíble que Bonilla ya se la esté pensando dos veces. El mismo escenario podría alcanzar a Daniela Álvarez en Juárez, donde de por sí no está el terreno como para darse el lujo de llegar peleados.
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La aprehensión de Jáuregui y su posterior traslado y encarcelamiento en el Altiplano siguen pasándole factura al panismo. Y entre los alcanzados aparece Santiago De la Peña, quien seguramente, sin aquella detención, estaría hoy más que firme como próximo abanderado azul para la capital.
Pero pasó lo que pasó y ahora hasta lo que parecía encaminado está metido en el jaloneo.
Entre quienes le saben a estos menesteres sigue rondando la pregunta: ¿a quién se le ocurrió que golpear así a uno de casa, que disputaba una candidatura, no iba a dejar consecuencias?
Porque tampoco había que ser adivino. La división de la militancia y las acusaciones de traición y de imposición eran parte de lo que cualquiera podía anticipar con una maniobra de ese tamaño.
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Con la detención del exfiscal y los posteriores encontronazos de Palacio con la Federación, la gobernadora quedó a fuego cruzado entre los morenistas y los de casa. Le llegan por fuera y también por dentro.
Y al que le está tocando hacer cuentas con todo ese batidero es a Bonilla, el más afectado políticamente por lo ocurrido hasta ahora.
Por eso, ojo con lo que le cuentan a este Mirone: podría estar considerando bajarse del proyecto electoral si no se acomoda la casa.
Una cosa es querer la candidatura y otra andar juntando los platos rotos antes de salir a pedir el voto.
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El resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos cambió el mapa de relaciones políticas de los estados fronterizos del norte del país con sus vecinos estadounidenses y, particularmente, el de Chihuahua.
Los actores que jugaban hasta el martes por la noche ya no serán los mismos a partir del año próximo y, como suele suceder en estos casos, cuando hay un gobernante electo y otro aún en funciones, este último pierde la mitad de su poder, si no es que más.
El dato viene al caso por la relación entre la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, y el gobernador de Texas, Greg Abbott, la cual incluía un “Memorándum de Entendimiento” que abarcaba temas tan diversos que abrieron la discusión sobre si un Gobierno estatal tiene facultades para acordar en esos términos con autoridades del extranjero.
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El artículo 117, fracción I, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos no admite mayor interpretación. Lo dice con toda claridad: los estados no pueden celebrar alianzas, tratados o coaliciones con otro Estado ni con potencias extranjeras.
Por otra parte, el artículo 89, fracción X, reserva al Ejecutivo federal la conducción de la política exterior y la celebración de tratados internacionales, con intervención del Senado en su aprobación.
En ese caso, el Gobierno de Chihuahua se comprometió con su similar de Texas a incorporar drones para patrullaje fronterizo y compartir bases de datos con inteligencia artificial vinculadas al registro de licencias de conducir y filtros biométricos para contribuir a la identificación y captura de objetivos criminales.
Ese acuerdo lo firmó un gobernador que dejará el cargo el 19 de enero del año próximo. Es decir, dentro de poco más de dos meses.
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Quien ocupará el cargo a partir de ese día será Gina Hinojosa, una mujer que se ubica en un ala política totalmente distinta a la de Abbott.
La postuló el Partido Demócrata, es de origen mexicano-estadounidense y mantuvo en su discurso de campaña la defensa de los migrantes, la educación y la salud pública. Agendas completamente distintas a las del gobernador que va de salida.
No está de más recordar toda el agua que ha pasado debajo del río desde aquel 14 de abril de 2022, cuando se firmó el memorándum de marras. ¡Poca cosa! Un escándalo por la participación de cuatro agentes estadounidenses en un operativo antinarcóticos y un exfiscal procesado y recluido en prisión, acusado de cometer traición a la patria.
Ni hablar, la baraja cambió en Estados Unidos, y en la frontera con México también.
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La reunión que sostuvieron la gobernadora Maru Campos y el dirigente nacional del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, dejó en el aire un buen chiste que ha provocado la risa de muchos panistas de la capital, por un lado, y el enojo y la incomodidad de otros, acaso los más rancios del panismo capitalino.
Primero, el chistín: desde el sábado, “alguien” soltó el “borrego” de que ya estaba cerrado el trato para la alianza PRI-PAN de cara a la elección de 2027 y, no solo eso, que el candidato a la alcaldía de Chihuahua sería nada menos que Alejandro Domínguez Domínguez.
Sí, como se lee: el dirigente estatal del PRI, el mismo que hace ocho años hacía campaña contra la entonces candidata panista a la Presidencia Municipal de Chihuahua (se llama María Eugenia y le dicen Maru), “ya se vio” como candidato de la alianza que uniría a los partidos que alguna vez fueron enemigos jurados.
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La sola idea de ver al panismo de la capital, tan tradicionalista que batalla para aceptar a un “externo”, aunque tenga años jugando para la casa, apoyar esa candidatura causó gracia, por decirlo de manera amable.
Menos aún se imaginan que el partido que gobierna el municipio desde 2016 y que, en lo que va del siglo, solo lo ha perdido en tres trienios, entregue amablemente uno de sus enclaves más importantes a nivel nacional para satisfacer las exigencias del PRI.
Sin embargo, más allá del chistorete, lo que sí ha causado escozor es que el dirigente tricolor haya llegado a semejante nivel de exigencias para signar una alianza con el blanquiazul, al grado de atreverse a pedir la capital. ¡Como si tuviera los votos para ganarla!
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Las declaraciones que Domínguez ha formulado de unos meses a la fecha, que van desde advertirle al PAN una derrota segura si no compite en un frente común con el PRI hasta amenazar con postular candidatos propios en todos los municipios, ya comienzan a cansar a una parte del panismo.
Algunos hacen cuentas y sopesan si los ocho puntitos porcentuales que trae el tricolor valen como para entregarle una buena parte de la bancada en el Congreso del Estado y posiciones de primer orden en los municipios más poblados de la entidad.
Por otra parte, están quienes piensan que el tricolor, así como está, puede conservar su votación y, con ello, mantener una representación decente —unas cuatro curules— en el Congreso. No tiene nada que perder, pues. El PAN sí.
Así se la van a llevar de aquí hasta finales de año, si no es que hasta principios del próximo. Ahí la llevan, a ver cómo le hacen para mantener contentos a unos y a otros.
¡Ah, cómo está difícil!
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El regidor Alejandro Jiménez se anda dando mucho a desear. No ha terminado de definirse para aparecer integrado formalmente al proyecto crucista o morenista, pero no tarda en caer.
El expanista generó revuelo desde el martes, cuando declaró que “en semanas” anunciaría qué carta jugará para su proyecto político y aseguró que tiene varias opciones.
Lo que sabe Mirone es que, efectivamente, le han lanzado el anzuelo tanto desde Movimiento Ciudadano, como del nuevo partido Somos.
Por ahí tiene el exdirector de Gobernación Zona Norte una conexión con otro abogado expanista, Santiago García, quien anduvo en la campaña presidencial de Jorge Álvarez Máynez por MC y se mantiene como operador cercano de Enrique “Kike” Figueroa, coordinador del partido naranja en la zona norte.
Y si hablamos de Somos, ya hubo algún acercamiento del equipo de Julián LeBarón, el aspirante a la gubernatura, con el regidor que renunció al PAN después de varios desencuentros con la presidenta estatal, Daniela Álvarez, y el dirigente local Ulises Pacheco, de quienes no quiso seguir la línea de confrontación, primero con Cruz en la Presidencia Municipal y luego con el suplente Héctor Ortiz Orpinel.
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Hasta por el lado del equipo morenista de Ariadna Montiel, vía la superdelegada de Bienestar, Mayra Chávez, le llegaron invitaciones para abordar otro proyecto político después de dejar al PAN y su militancia de 18 años.
En otra vertiente de la 4T, y como Jiménez trae buena relación con los hermanos Valenzuela, los que tienen dos espacios del PT en el Cabildo, tampoco faltaron las invitaciones para sumarse al partido que a nivel estatal controla el clan Aguilar.
Ahora sí que el regidor “propositivo y vigilante”, el único que tenía el PAN en el Ayuntamiento, la está haciendo mucho de emoción y bien podría aparecer en comisión campañera, de talacha partidista o en alguna candidatura, que también se la han ofrecido bajo diferentes siglas.
Sin embargo, lo que calcula Mirone es que finalmente regresará al origen, trabajando de cerca con Cruz Pérez Cuéllar y Héctor Ortiz Orpinel, con quienes ya operó políticamente cuando todos estaban en el PAN.
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Estando en el Juvenil, a Jiménez le tocó trabajar algunas demarcaciones distritales para Cruz cuando compitió en la interna por la candidatura al Senado en 2012, aquella ocasión en que la elección fue anulada y el PAN terminó dándole la posición a Javier Corral Jurado.
Luego le correspondería apoyar a Héctor Ortiz en la elección interna de 2014, cuando el hoy alcalde en funciones perdió la presidencia estatal del PAN contra el actual senador Mario Vázquez.
Aquel equipo compacto en torno a Cruz terminaría dejando el PAN para luego acompañar al hoy coordinador estatal morenista como candidato a la gubernatura por MC en las elecciones de 2016.
Alejandro Jiménez se quedó en el PAN, pero terminó renunciando 10 años después. Todo apunta a que, por la vía del hoy alcalde Héctor Ortiz, quien le ha dado jugada política desde la renuncia al blanquiazul, se suba formalmente al proyecto morenista rumbo a 2027.
Don Mirone