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Mientras alguien nos recuerde: las historias que siguen vivas entre las tumbas

Un cigarro frente a la tumba de un padre, canciones de Vicente Fernández y una búsqueda entre lápidas: familias juarenses vuelven al panteón para mantener presentes a quienes murieron

Por Jisselle Alvarado | Norte Digital | 9:35 am 2 noviembre, 2026

Un cigarro, una oración y unos minutos frente a la tumba de su padre. Así recuerda Sara Marines Herrena a quien, pese a los años y las visitas constantes al panteón, todavía extraña todos los días.

A sus 77 años, sabe que regresar al lugar donde descansan sus familiares no significa dejar atrás la tristeza. Por el contrario, cada visita le recuerda las ausencias que ha tenido que aprender a llevar consigo.

«Vivir siempre triste, siempre con el dolor. Siempre extrañándolos. Siempre, no hay un día que no los extrañe, aunque mi papito pues ya tenía 93 años», expresó.

Antes de continuar, acercó el cigarro a su boca y le dio una última fumada. Después lo apagó con el pie sobre el pasto húmedo, justo frente a la tumba de su padre, a quien, recordó, no le gustaba que ella fumara.

Como Sara, cientos de familias llegaron desde temprano al panteón Jardines Eternos. Algunas cargaban sombrillas y sillas; otras llevaban alimentos, flores o herramientas para limpiar las lápidas. No se trataba únicamente de visitar a quienes murieron, sino de dedicarles un tiempo y mantener presentes sus historias.

En las afueras del recinto, los puestos de gorditas, tacos y enchiladas compartían espacio con los vendedores de flores. Entre los ramos sobresalían el cempasúchil anaranjado y las flores blancas que terminarían adornando las tumbas.

Al entrar, el olor de las flores se mezclaba con el del pasto recién cortado. Los trabajadores barrían, pintaban las banquetas y colocaban adornos en la entrada para preparar el panteón rumbo al 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos.

Mientras tanto, los visitantes buscaban las tumbas de sus familiares, sacudían la tierra acumulada por el viento y acomodaban sus sillas para permanecer un rato en compañía de quienes, aunque ya no pueden responder, siguen formando parte de sus vidas.

Lorena, una de las visitantes, contó que su familia acordó desde días antes cuándo acudiría al panteón. En esta ocasión no pudieron asistir todos los nietos, pero se mantuvo la reunión de varias generaciones: abuelas, madres, hijos, nietos y bisnietos.

Para ellos, acudir cada año también representa una oportunidad de acompañarse en la pérdida. Mantener las lápidas en buenas condiciones es parte de ese vínculo, pues, explicó, frente a ellas encuentran un espacio donde expresar la tristeza que deja la ausencia.

En el caso de Sara, la visita reúne recuerdos de su padre, una prima a quien considera como hermana y tres de sus hijos. Por lo regular, llega acompañada de sus hijas y nietos, con quienes permanece alrededor de dos horas.

Dos de sus hijos fueron asesinados en 2006 y 2010. Desde entonces, dijo, no ha habido un día en que deje de extrañarlos.

«No hay día que no los eche de menos», afirmó con lágrimas y la voz entrecortada.

Este tipo de encuentros también tiene un significado para quienes atraviesan un proceso de duelo. Silvia Leticia Aguirre Lomelí, tanatóloga y fundadora de la asociación civil Centro Familiar para la Integración y Crecimiento (CFIC), explicó que la memoria permite transformar el vínculo con una persona que murió y mantenerlo presente de otra manera.

«Ahora esa persona no está de la misma manera que estaba antes físicamente. Ahora en la trascendencia se encuentra dentro de mi corazón, en mi memoria. Es otra manera de transformar esa vida y esa relación en algo más profundo», explicó.

Los recuerdos también se heredan

Esa relación con los recuerdos también se transmite entre generaciones. Abril Almanza, de 22 años, llegó alrededor de las 10 de la mañana acompañada de su familia para visitar las tumbas de sus abuelos, una tía y su madrina.

Al llegar, pintaron de negro las letras de una de las lápidas para que luciera mejor. Después, como acostumbran en sus visitas, platicaron y escucharon música.

«Música que, pues, a ellos les gustaba, como Vicente Fernández», comentó.

Para Abril, visitar el panteón no se limita a recordar la muerte de sus familiares, sino a recuperar pequeños momentos de convivencia a través de aquello que disfrutaban cuando estaban vivos.

Pero no todas las visitas transcurren entre reuniones familiares y recuerdos compartidos. Para Felipe, de 65 años, llegar al panteón también significó emprender una búsqueda entre cientos de tumbas.

Durante casi media hora caminó tratando de encontrar el lugar donde descansan la hermana de su esposa, el esposo de ella y sus dos hijos.

La familia murió en 1987, durante un accidente automovilístico ocurrido en la carretera Juárez–Porvenir. Los menores tenían 13 y 17 años.

Felipe recordó que un vehículo grande se subió encima del automóvil en el que viajaba la familia y lo aplastó. Su cuñada sobrevivió un par de días en el hospital, pero finalmente también falleció.

Desde entonces, los cuerpos quedaron distribuidos en dos fosas: en una descansan el padre y sus dos hijos, mientras que en otra se encuentra la madre.

Ya casi era la una de la tarde cuando, después de buscar durante varios minutos, una voz lo llamó desde lejos:

«Felipe, ya la encontramos».

La escena resume una parte de lo que significa regresar a un panteón: buscar, encontrar, recordar y, en ocasiones, volver a encontrarse con una historia que permanece abierta en la memoria de quienes siguen aquí.

«No somos los únicos que extrañamos»

Aguirre Lomelí señaló que las familias suelen reunirse en los aniversarios luctuosos o durante fechas como el 2 de noviembre. Aunque no todas visitan con la misma frecuencia, estos encuentros fortalecen los vínculos entre quienes comparten una pérdida.

«La persona piensa: No soy el único que pasa por esto, nos consolamos unos a los otros. Ir al panteón nos hace darnos cuenta que no somos los únicos que estamos teniendo estas pérdidas. No somos los únicos que extrañamos, ni los únicos que hemos dejado de ver a alguien querido», explicó.

La tanatóloga también recordó que las personas que atraviesan un duelo y sienten que su calidad de vida no se ha recuperado después de un año pueden buscar acompañamiento especializado. En el CFIC, indicó, ofrecen atención gratuita para quienes necesitan apoyo durante ese proceso.

Quien necesite acudir puede llamar al 656 618 8096.

Mientras tanto, entre las lápidas recién limpiadas, las flores de cempasúchil y las sillas colocadas frente a las tumbas, las familias encontraron una manera de volver a estar cerca de sus seres queridos.

Porque, aunque la muerte interrumpa la convivencia, no borra los nombres, las costumbres ni las historias. Y cada visita, cada oración y cada recuerdo se convierten en una forma de mantenerlos presentes, aunque no sea físicamente.

Acompañamiento para el duelo

• El Centro Familiar para la Integración y Crecimiento (CFIC) ofrece atención gratuita

• Teléfono: 656 618 8096

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