La vida de Teresa de Jesús Fierro Pérez pudo haberse perdido en el camino. Sin embargo, encontró un refugio.
Ella no concibe su historia sin la Casa de Jesús, un internado para niñas de Ciudad Juárez donde creció y se formó para enfrentar los retos de cada día.
Hoy tiene 68 años, es maestra jubilada, ha sido feliz y se asume como una mujer de éxito.
Procreó a dos hijos, ya casados, y se considera una persona con altos valores morales.
Además, es escritora. Uno de sus libros es “El Año del Renacuajo”.

Un refugio que cambió su destino
En entrevista, asegura que su vida pudo haber sido diametralmente distinta si de niña no hubiera llegado a la Casa de Jesús, junto con su hermana Silvia.

Pudieron haber sido presas de delitos o incluso convertirse en transgresoras. Sin embargo, hubo una institución que las rescató.
Recuerda que su familia vivía en Casas Grandes, Chihuahua, donde su madre quedó paralítica.
“Mi mamá muere cuando yo tengo 10 años, mi hermana 13. Mi papá, que se había convertido al catolicismo, nos traslada a Ciudad Juárez a la Casa de Jesús. Le estoy hablando del año 1968”, relata.
Ahí conoció la obra de las monjas católicas del Instituto Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, quienes —dice— las cuidaron como hijas.
“Para mí el internado Casa de Jesús fue algo maravilloso, que llegó en el momento exacto, justo, porque mi vida fue preservada de muchos peligros; mi vida fue conducida con muchos valores religiosos y valores que debemos tener los seres humanos”, subraya.

El tiempo ha pasado. Teresa vive nuevamente en Casas Grandes, pero mantiene un vínculo permanente con la Casa de Jesús. Cada “hermana” que llega como encargada la busca, la reconoce, y ella se pone a su disposición, como una forma de retribuir lo que recibió.
“Yo no he dejado de estar al pie del cañón con las madres, con las niñas”, dice.
De las religiosas que la cuidaron, comenta, solo una permanece aún en el internado.
“Todas son para mí mi madre. Esa es mi casa. Cuando usted llega a su casa, llega a comer una tortilla con frijoles, llega a comer lo que hay. Así llego yo al internado. Me meto hasta la cocina, voy a la capilla a dar gracias, a recordar. En cada niña me veo yo. Y claro, soy muy sentimental; siempre se me salen las lágrimas de dar gracias a Dios porque todavía puedo estar para ayudar un poquito”.

Vida dentro del internado
Recuerda que en aquellos años el internado era un lugar modesto, sostenido en parte por el trabajo de las propias niñas y adolescentes.
Había un taller industrial donde cosían y tejían suéteres para distintos colegios de la ciudad.
“En aquellos entonces cosíamos, tejíamos los suéteres de Lina Zaragoza, el Teresiano, el Teresa de Ávila, todos los colegios de aquí; trabajábamos mucho”, cuenta.
También había espacio para el deporte.
“Mis mejores momentos eran jugar basquetbol y nadar. Teníamos una alberca; eran los momentos más divertidos y emocionantes”, recuerda.
En la Casa de Jesús también encontró amistades que perduran hasta hoy.
“Todavía tengo amigas de ese entonces”, dice.
En ese tiempo había dos dormitorios para un total de 60 menores, divididas en grupos de 30. Los espacios rara vez quedaban vacíos.
Si una niña se iba, otra ocupaba su lugar. La necesidad era constante: pobreza, abandono, falta de oportunidades.
“Hemos sido muy felices, pero también gracias a mi padre que nunca nos descuidó. Pudimos llegar ahí al internado. Mi vida hubiera sido otra cosa si no hubiera pasado por la Casa de Jesús”, afirma.

Una obra que sigue vigente
Actualmente, la directora de la Casa de Jesús es Sonia Barrera, quien explica que el primer domicilio del internado en Ciudad Juárez estuvo en la calle Francisco I. Madero número 278, en el primer cuadro de la ciudad.
De acuerdo con los registros históricos, la señora Lupita Bermúdez, viuda de José Montaño, expresó al presbítero Jesús Alarcón, párroco del Sagrado Corazón, su intención de apoyar con sus bienes para fundar un espacio que protegiera y educara a niñas, adolescentes y jóvenes en situación de riesgo.
Así, el 24 de agosto de 1955 llegaron las primeras tres religiosas: Julia Jaime Romo, como superiora; María de los Ángeles Romo y Raquel Álvarez Gómez.
La inauguración oficial de la Casa de Jesús en Ciudad Juárez se realizó el 22 de agosto de 1956.
El 11 de noviembre de ese mismo año, falleció Lupita Bermúdez, la primera benefactora de la obra, cuyo legado —más de medio siglo después— sigue vigente.
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