El incendio de la estación migratoria en Juárez es uno de los tres sucesos que han dejado marcado a Sergio Rodríguez, actual director de Protección Civil y quien era comandante del Heroico Cuerpo de Bomberos aquel 27 de marzo de 2023.
Un niño ahogado en la colonia Chaveña y dos familias completas que murieron tratando de salvar a sus hijos de entre las llamas habían dejado huella indeleble en su vida, pero la muerte de 40 personas extranjeras y las lesiones en otras 27, ocurridas ese mismo día, no se le olvidarán jamás.
En la calma de su oficina, el funcionario rememora lo ocurrido y, por momentos, la voz se le apaga, como si volviera a ver la pila de cuerpos y a sentir la desesperación de los migrantes que murieron al inhalar el humo tóxico que les envenenó la sangre en cuestión de minutos.

Un incendio sin aviso
Queda claro que ese día no hubo ningún reporte al 911 que alertara del incendio. Fue uno de los capitanes quien, de manera fortuita, se percató de lo que ocurría, se acercó al edificio e intentó abrir por su cuenta, pero encontró los candados cerrados y sin nadie que respondiera.
Fue él quien solicitó la presencia de las unidades al darse cuenta de que había personas atrapadas en el inmueble del Instituto Nacional de Migración (INM).
Rodríguez refiere que las personas en movilidad buscaban un mejor futuro, pero fueron víctimas de una tragedia que enlutó no solo a sus familias, sino al mundo.
Su horario habitual termina a las 3:00 de la tarde; sin embargo, asegura que siempre está atento a lo que ocurre en la ciudad. Aquella noche no fue la excepción.
Recibió el informe poco después de las 10:00 de la noche y se trasladó de inmediato al lugar.
Decidir a quién salvar primero
Una vez en el edificio federal, encabezó las labores de rescate luego de que otros compañeros lograron abrir una de las paredes para ingresar.
Se activó el protocolo de Comando de Incidentes, al que se integraron Rescate Municipal, Cruz Roja, Cruz Ámbar, ambulancias particulares, así como la Policía Municipal, Guardia Nacional y Ejército Mexicano.
Explica que se aplicó el sistema de triage, que permite clasificar a las personas por su gravedad para priorizar la atención.
Pero dentro del edificio, donde estaban los lesionados y los muertos, el ambiente era desgarrador: había que decidir a quién sacar primero.
El movimiento de una mano o un pie, el ver que el pecho se inflaba, escuchar un quejido o sentir cómo alguien intentaba sujetar el pie de un bombero, eran señales de vida que marcaban la prioridad.
“Fue un trabajo tan extenso, tan arduo, o la adrenalina —yo pienso—, que hace al ser humano incansable. No sé de dónde saca fuerzas uno, porque recuerdo que los muchachos no se cansaban, no los veía descansando; los veía trabaje y trabaje, hasta la última persona que sacamos, hasta que dimos el último recorrido, porque hicimos cuatro revisiones de búsqueda y rastreo”, relata.
“Es ahí cuando ya terminamos este trabajo que veo a los muchachos, y en sus rostros había desconcierto, depresión, ansiedad, angustia, cansancio y tristeza”, añade.
Entre la vida, la muerte y las responsabilidades
Rodríguez no reclama calificativos de héroes ni se atribuye mérito alguno. Dice, convencido, que en lo que les correspondía, la entrega de los bomberos y de quienes se sumaron permitió rescatar a todos los cuerpos, y que 27 personas lograron salvar la vida.
Considera que la intervención del capitán segundo Rodolfo Rosales fue, en cierta medida, la diferencia entre la vida y la muerte para muchos.
Está seguro de que, de no haber dado aviso, los 68 migrantes habrían fallecido.
Destaca también la labor de los cuerpos de emergencia, a los que califica como altamente preparados en Ciudad Juárez.
Refiere que serán las autoridades competentes quienes deslinden responsabilidades por lo ocurrido, donde un supuesto migrante venezolano inició el fuego como forma de protesta contra quienes los mantenían encerrados.
Señala que Protección Civil funge como coadyuvante de la Fiscalía General de la República, que será la encargada de determinar lo sucedido con base en la información recabada.
Finalmente, reconoció que los hospitales públicos y privados respondieron a la altura de la emergencia, abriendo sus áreas de atención de manera extraordinaria.
“Lo común es que pidan un familiar acompañando al paciente, pero en esta ocasión supieron lo que tenían que hacer y lo hicieron: recibieron de inmediato a todos los afectados”, concluyó.
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