En secundarias de Ciudad Juárez, la oferta de droga dentro de los planteles no es un rumor ni una percepción aislada. Es un dato medido.
El 31.7 por ciento de los estudiantes consultados en una investigación respondió que, en los últimos 12 meses, alguien les ofreció algún tipo de droga dentro de su escuela. Es decir, prácticamente uno de cada tres adolescentes encuestados.
La cifra forma parte de la investigación “Factores de riesgo del embarazo adolescente en secundarias de Ciudad Juárez”, elaborado por Martha Dena Ornelas, Daniel Sierra Carpio y Claudia Gómez García, publicado en noviembre de 2024. El estudio no solo indagó sobre embarazo adolescente, sino también sobre hábitos de consumo de sustancias en alumnos de secundaria.
Las escuelas consideradas para la muestra fueron las secundarias Estatal 8347, Estatal 8332, Estatal 8334, Técnica 90, Técnica 56, Federal 9, Federal 21, Federal 2, Técnica 93, Federal 7 y Técnica 73, en algunos casos contemplando turnos matutino y vespertino.

Los resultados revelan una normalización preocupante del consumo.
El 39 por ciento de la muestra (304 estudiantes) manifestó consumir cigarros de tabaco. El 56 por ciento (433 alumnos) utilizaba productos de vapeo al momento de la entrevista. Más del 52 por ciento (402 consultados) había consumido alcohol alguna vez, y 66 estudiantes señalaron haberlo hecho a los ocho años o menos.
El consumo de marihuana no fue generalizado, pero tampoco marginal: alrededor del 24 por ciento (183 alumnos) indicó haberla consumido alguna vez. De estos, el 54 por ciento (99 estudiantes) dijo haber iniciado a los 13 años o más.
Pero el dato que atraviesa la investigación es otro: 242 adolescentes afirmaron que dentro del plantel les ofrecieron droga.

“Entrabas al baño y olía”
Jacinto, quien cursó recientemente la secundaria y el bachillerato en Ciudad Juárez, no se sorprende con las cifras.
En su experiencia, lo más común era el uso de vapeadores, dispositivos que —según dijo— suelen emplearse para consumir extractos de marihuana.
“Los usaban en los baños y aunque no siempre se veía el humo, entrabas y olía”, relató.
Durante la secundaria conoció compañeros que consumían cannabis y utilizaban cigarrillos electrónicos. En preparatoria, asegura que el fenómeno se volvió más recurrente. “A la hora del receso, cuando entraba al baño, alguien estaba usando los aparatos y el olor a droga era evidente”, comentó.
Según su testimonio, no solo se trataba de consumo. Uno de sus compañeros vendía droga dentro del plantel, transportándola en una caja pequeña que escondía entre sus pertenencias. Nadie lo denunciaba por temor a represalias.
En otro caso, a dos alumnos se les descubrió comercializando droga frente a la dirección. Llegó una patrulla y se les arrestó en el lugar.
También era común, dijo, que estudiantes llevaran bebidas alcohólicas en las mochilas y las consumieran entre clases. En una ocasión, algunos compañeros se fueron al automóvil de uno de ellos y consumieron estupefacientes y alcohol en el estacionamiento. Se les identificó porque subieron historias a redes sociales donde se apreciaba el uniforme escolar.
Jacinto recordó incluso un episodio más grave: un alumno llevó un arma de fuego a la escuela y amenazó con privar de la vida a una maestra. Los directivos dieron aviso a la Policía.


Canalizar, no expulsar
Desde la Subsecretaría de Educación Zona Norte, el titular Maurilio Fuentes Estrada reconoció que el consumo de sustancias adictivas entre algunos estudiantes de nivel básico es una realidad.
Sin embargo, aseguró que maestros y directivos están capacitados y comprometidos para atender las situaciones y contener la problemática.
Hasta la mitad del actual ciclo escolar, alrededor de 30 estudiantes de primaria y secundaria habían sido canalizados a los Centros de Integración Juvenil (CIJ) por uso de sustancias adictivas. Otros 88 fueron turnados a atención psicológica tras ser detectados por el Programa de Convivencia Escolar. En total, 118 adolescentes recibieron algún tipo de intervención.
La coordinadora del programa, Marisa Cardona Gurrola, explicó que una vez detectado un caso se compromete al padre de familia a dar seguimiento, como requisito para evitar la baja del alumno.
“Nunca se les niega la escuela a quien se detecta con algún tipo de adicción; lo que sí se pide es que el papá se comprometa con la atención”, subrayó.

Cuando se detectan drogas más fuertes o venta dentro del plantel, el alumno puede cambiarse de escuela, pero bajo la condición de que lleve un proceso de atención.
Además, cuando se identifica consumo repetitivo de vapeadores o wax, interviene el Grupo de Orientación Escolar Chihuahuense (Goechi), unidad de la Agencia Estatal de Investigación.
Cardona Gurrola precisó que hasta diciembre pasado se observó un incremento en el uso de vapeadores y wax, por lo que decidieron trabajar en coordinación con grupos caninos de corporaciones policiacas para detectar estos dispositivos al interior de los planteles.
Fuentes Estrada agregó que para atender el tema se estableció la Mesa de Seguridad Todos Juntos por Chihuahua, en la que participan más de 30 instituciones de Gobierno y sociedad civil.
“No hay en todo el país una mesa así; hemos avanzado mucho en ese tema”, afirmó.

“Es un problema fuera de control”
Para la Asociación de Padres de Familia Municipal, el fenómeno preocupa. Zaira Castillo, presidenta del organismo, reconoció que no cuentan con un diagnóstico propio, pero saben que los alumnos viven en riesgo, sobre todo porque muchas escuelas se ubican en colonias con contextos peligrosos donde presuntos vendedores se acercan a ofrecer drogas.
La preocupación, dijo, no es solo por lo que ocurre fuera, sino dentro de los planteles. Lo más común que han conocido es el uso de vapeadores y wax.
El wax —también llamado cera o honeycomb— es un concentrado de marihuana con niveles de THC que pueden oscilar entre el 60 y más del 90 por ciento, varias veces más potente que la marihuana tradicional. Tanto vapes como wax pueden confundirse con plumas o memorias USB.
Castillo consideró que el problema está fuera de control y señaló que han conocido casos incluso en tercer grado de primaria.
A pesar de ello, la asociación no recibe recursos para operar programas preventivos. Sus cargos son honorarios y dependen de la coordinación con autoridades.
Intentaron integrarse a la Mesa de Prevención en Adicciones y Violencia Todos Juntos por Chihuahua, pero —según explicó— no se les ha autorizado el ingreso, pese a haberlo solicitado por escrito desde el año pasado.
Mientras tanto, la asociación trabaja en temas como nutrición, reforestación y salud emocional.

Una frontera y una generación expuesta
Ciudad Juárez es frontera. Es una ciudad grande. Lo reconocen autoridades y padres.
Las cifras muestran consumo temprano de alcohol, normalización del vapeo y oferta de droga dentro de escuelas. Los testimonios revelan baños convertidos en espacios de consumo y venta discreta. Las autoridades hablan de canalización y contención. Los padres piden mayor participación.
La realidad es que, dentro de los planteles, uno de cada tres estudiantes ha recibido oferta de droga. El dato ya está documentado.