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Un museo que nació en un salón de clases y hoy guarda 570 millones de años de historia

Fundado por un maestro rural en San Agustín, el Museo Regional del Valle de Juárez abre los 365 días del año y resguarda fósiles, objetos históricos y la memoria viva de una comunidad

Por Gustavo Pérez Gutiérrez | Norte Digital | 1:04 pm 25 febrero, 2026

La historia del poblado de San Agustín no puede entenderse sin el Museo Regional del Valle de Juárez, un espacio dedicado a la historia y la cultura que nació por iniciativa del profesor rural Manuel Robles Flores.

Hoy, el museo está a cargo de su hijo, Ernesto Robles Quiñones, y ocupa el edificio que durante décadas albergó a la escuela primaria Plan de Ayala. La colección comenzó de manera modesta: excursiones escolares en las que el profesor Robles y sus alumnos recolectaban piezas que se guardaban en el salón de clases. Esa fue la semilla del museo actual.

“El museo surgió porque mi padre observaba que muchas piezas arqueológicas o paleontológicas, venían los americanos, se las compraban a la gente del Valle y se las llevaban a Estados Unidos”, recuerda Ernesto.

El edificio original de la primaria, construido en adobe en 1933, resultó insuficiente para la población creciente de la zona. Fue entonces cuando el profe Robles gestionó una nueva escuela y solicitó que el inmueble antiguo se destinara a museo y biblioteca.

De acuerdo con el Sistema de Información Cultural México, el museo abrió sus puertas el 30 de abril de 1979 y fue reinaugurado oficialmente en 1984, tras una remodelación.

Después de la inauguración, habitantes de San Agustín y comunidades cercanas comenzaron a donar objetos que guardaban en sus casas. Pronto, las dos salas originales resultaron insuficientes.

El profe Robles volvió a gestionar apoyos y logró la construcción de la biblioteca, ubicada a una cuadra del museo, con lo que el recinto pasó a contar con tres salas de exhibición.

En los años 90, el empresario juarense Federico de la Vega visitó el museo junto con el presidente municipal en turno. Impresionado por el proyecto, realizó un donativo que permitió la construcción de dos salas más, alcanzando las cinco que existen actualmente.

Cinco salas que ya no alcanzan

Aunque existe un catálogo de piezas, este no está actualizado y se desconoce el número exacto de objetos que resguarda el museo. Como reconoce su director, el espacio nuevamente se ha quedado corto.

“Lo que más llama la atención a los visitantes son los fósiles y, en segundo lugar, los objetos antiguos: cámaras fotográficas, proyectores, máquinas de escribir y de coser, una vitrola y las primeras televisiones en blanco y negro”, explica Ernesto.

También se exhiben rocas, objetos de la Hacienda de San Agustín y una Sala de la Revolución, con fotografías de gran formato, entre ellas las de la Toma de Ciudad Juárez.

Esa misma sala alberga una antigua imprenta y un Ford Modelo A de 1928, donado por Federico de la Vega.

Otra sala está dedicada al arte, con obras de fotografía, dibujo y pintura donadas por artistas que han expuesto o impartido talleres en el museo.

Aunque se busca que cada espacio tenga una temática definida, la gran cantidad de donaciones ha obligado a mezclar contenidos. Por ejemplo, la sala de Paleontología también exhibe herramientas de los antiguos habitantes de la región: metates, molcajetes, puntas de flecha y cerámica.

Aun así, se ha procurado un orden cronológico, desde las eras geológicas hasta los primeros pobladores, lo que convierte esta sala en un espacio que combina paleontología y arqueología.

Un fósil de 570 millones de años

La pieza más antigua del museo es un fósil de trilobites, un artrópodo marino extinto que vivió durante la era Paleozoica, con una antigüedad aproximada de 570 millones de años, el más antiguo que se encuentra en exhibición.

La sala de arte, además, funciona como espacio comunitario: desde 1988, cada jueves se reúne ahí un grupo de adultos mayores. También se utiliza para talleres y reuniones de organizaciones civiles y dependencias municipales.

La Hacienda de San Agustín, origen del poblado

Aunque existió por poco tiempo, la Hacienda de San Agustín dio origen al poblado actual. Surgió a principios del siglo XX, durante el Porfiriato, y pertenecía a la familia Ketterson, de origen alemán. La casa principal fue demolida tras años de abandono.

Los terrenos se dedicaban al cultivo de algodón, principal actividad económica de la región durante décadas. En San Isidro existía un despepitador de algodón propiedad de los mismos hacendados.

Del antiguo molino sólo permanecen dos ruedas de piedra. Ernesto recuerda haber jugado en esas ruinas cuando era niño.

En el exterior del museo aún se conserva maquinaria agrícola de la época: una carreta, un arado, una trilladora y parte del mecanismo de una báscula utilizada para pesar las “trailas” de algodón.

Un museo sostenido por vocación

El profe Robles sostuvo el museo con su pensión como maestro rural jubilado. Tras su fallecimiento, en 2020, Ernesto se jubiló y consiguió que le asignaran la plaza municipal que tenía su padre, con el mismo objetivo: destinar su sueldo al sostenimiento del museo.

Aunque la entrada es gratuita, existe una urna para donativos voluntarios. En 2024, el museo recibió 4 mil 850 visitantes.

Estos recursos apoyan las actividades culturales, como la celebración anual del Día de Reyes Magos y el Día del Niño, que coincide con el aniversario del museo, tradición impulsada por su fundador.

Abierto todos los días del año

El Museo Regional del Valle de Juárez es el único que abre los 365 días del año.

En invierno atiende de 8:00 a 17:30 horas, y en verano hasta las 19:00 horas.

“Era una tradición de mi padre que el museo siempre estuviera abierto. En días como Navidad o Año Nuevo se reduce el horario, pero nunca se cierra”, subraya Ernesto.

El museo forma parte de la Red de Museos y Centros Culturales de Juárez. El Municipio apoya con pintura y el pago de electricidad, mientras que el Ipacult ha proporcionado vitrinas, mobiliario y cubre el salario de la única empleada.

“Vengan al museo y vengan al Valle de Juárez a conocer otros lugares turísticos: los arenales del ejido Jesús Carranza, el temazcal de San Isidro, el zoológico de San Jorge en El Sauzal y la alberca de aguas termales en Juárez y Reforma, municipio de Guadalupe”, invita finalmente Ernesto Robles.

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