Durante la reposición del colector Nadadores han ocurrido eventos no previstos que retrasan la conclusión de los trabajos por casi 10 meses, dio a conocer la dirección de Obras de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS), en una ficha técnica solicitada por Norte Digital.
El plan, sin embargo, es que el trabajo quede listo antes de Navidad, el 22 de diciembre de este año.
Entre los eventos no contemplados, destaca la presencia de agua subterránea, tuberías fantasmas no señaladas en ningún plano puestas ahí hace décadas, así como las lluvias atípicas que se presentaron en esta temporada.
Esta semana, las tareas que empezaron el 8 de enero de este año, cumplirán 10 meses de haber iniciado.
A la fecha, el tramo que se localiza antes de llegar al cruce con el arroyo del Mimbre, sigue anegado.


Desde antes de las obras, iniciadas en la actual gestión estatal, ese punto era conocido por sus constantes escurrimientos de drenaje.
Aguas pestilentes se resbalan desde las alcantarillas, rebasadas por agua de lluvia o fugas de agua potable, calles arriba, y terminan desembocando en el río Bravo.
Esa fue en primer lugar la razón de que el Banco para el Desarrollo de América del Norte (NADBank), accediera a darle recursos a fondo perdido, al gobierno del Estado, a través de la JMAS.
Reemplazando el sistema de colectores, desde Anapra hasta la planta de tratamiento norte, se terminaría con la contaminación del afluente.
Ahora se sabe, con el reporte técnico que la dirección de Obra presentó este martes, a solicitud de este medio, que el encharcamiento de ese tramo tuvo no uno, sino varios orígenes ocultos.
Primero, debajo del subsuelo había un campo freático que no fue detectado, hasta que excavaron para meter los enormes tubos de polietileno de alta densidad color negro con amarillo, que se licitaron para todos los colectores que se reemplazarían.
La presencia continua del denominado “nivel freático”, donde existe acumulación de agua subterránea, dificultó la ejecución, aún con la instalación de un sistema de abatimiento llamado Wellpoint, que se usa para desalojar agua del subsuelo.
Pero eso fue solo una parte del problema. Al agua que había por abajo, se sumaron 33 eventos de luvia en el año, “los cuales han generado condiciones adversas para la ejecución de los trabajos”, refirió el reporte.
La consecuencia es, que se ha afectado tanto el avance físico como los tiempos de ejecución, aceptó la dirección de Obra en su respuesta.
Un tercer factor fueron las llamadas descargas sanitarias presurizadas, debido a la presencia de lodo o azolve en el colector existente.
En el reporte técnico se indicó también, que justo en el tramo entre el Cigarro y el arroyo del Mimbre, sobre el bulevar Norzagaray, se presentaron derrumbes y socavación de la excavación que se realizaba.
Aparecen líneas de drenaje fantasmas
Dichos inconvenientes estuvieron relacionados con las vibraciones propias del lugar, la presencia del agua subterránea o nivel de manto freático, y líneas de drenaje que no se tenían registradas.
Sobre este último punto, se explica en el documento, la zona cuenta con infraestructura hidráulica y sanitaria, de varias décadas de antigüedad.
“Se identificó tubería de drenaje sanitario existente de doce pulgadas, colindante al trazo del nuevo colector, que no se encontraba registrada, ni contemplada en los planos de proyecto, ni era visible inicialmente”, se añade.
A la fecha, el colector Nadadores tiene un avance del 85 por ciento, significó una inversión de 134 millones 679 mil 073 pesos y tendrá una longitud de 2.8 kilómetros.
En su estructura se incluye la reposición de tomas domiciliarias de agua potable y de descargas de drenaje; y la instalación de pozos de visita de polietileno de alta densidad y artesanales, así como cajas desarenadoras del mismo material, para futuros mantenimientos.
Cuestionada sobre por qué era necesaria la reposición del colector, la dependencia enlistó cuatro motivos: Taponamientos constantes y disminución de la capacidad por acumulación de azolve y sedimentos, además de brotes de aguas negras en calles.


Los otros dos son malos olores y condiciones insalubres para las familias, así como afectaciones al funcionamiento de la red y riesgo de descarga de aguas residuales hacia el río Bravo.
La JMAS estima que, una vez concluido el trabajo, se alcancen a beneficiar cerca de 100 mil habitantes de las colonias Ladrilleras, Sara Lugo, Franja del Río y Anapra.
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