Las políticas antiinmigrantes del Gobierno de Donald Trump no detuvieron el flujo de personas que buscan llegar a Estados Unidos. Lo que sí hicieron fue encarecer el trayecto y empujarlo hacia escenarios cada vez más peligrosos, advierte Linda Flores, directora de la Casa del Migrante San Miguel.
La idea de que las fronteras se “vaciaran” tras el endurecimiento de la política migratoria estadounidense es solo parcialmente cierta. Aunque hoy hay menos personas visibles en la franja fronteriza, eso no significa que hayan dejado de llegar migrantes de Sudamérica, el Caribe y otras regiones del mundo con la intención de cruzar.
En entrevista, Flores explica que los operativos contra la migración irregular no frenaron el tránsito de personas, pero sí modificaron su dinámica: ahora los “polleros” o “coyotes” cobran más por trasladarlos hasta México y todavía más por cruzarlos hacia Estados Unidos.
“El flujo no ha terminado, solo que ahora les cobran más para no verse”, resume.
De acuerdo con la directora del albergue, los traficantes justifican el aumento de tarifas ofreciendo “invisibilizar” a las personas migrantes, es decir, moverlas por rutas menos vigiladas para evitar tanto a las autoridades migratorias mexicanas como a la Patrulla Fronteriza estadounidense.
Hasta 25 mil dólares por cruzar
El secretario de Seguridad Pública del Estado, Gilberto Loya Chávez, ha reconocido públicamente que actualmente los “polleros” cobran entre 8 mil y 25 mil dólares por persona para cruzarla hacia Estados Unidos.
Al tipo de cambio del 10 de enero de 2026 —17.9 pesos por dólar—, esto equivale a montos que van de los 140 mil a los 450 mil pesos mexicanos por persona.
A inicios de 2024, antes del endurecimiento de la política migratoria estadounidense, las cuotas oscilaban entre los 5 mil y los 13 mil dólares, según diversos reportes periodísticos.
El problema, advierte Flores, no es solo económico. El aumento en los costos viene acompañado de un mayor nivel de riesgo, ya que los cruces se realizan ahora por zonas más peligrosas, donde los traficantes consideran que hay menos vigilancia.
Sin alternativas reales en México
A este escenario se suma la falta de programas de integración para personas migrantes en territorio mexicano. Linda Flores señala que no existen políticas públicas que permitan a los extranjeros incorporarse al mercado laboral y a la vida social sin depender de apoyos humanitarios.
Como ejemplo, relató el caso de un joven hondureño con discapacidad —solo tiene una pierna— que solicitó autorización para trabajar formalmente en la ciudad de Chihuahua. La respuesta de las autoridades migratorias fue que debía trasladarse a Ciudad Juárez, donde no tiene redes de apoyo.
Situaciones como esta afectan a unas 30 familias extranjeras que permanecen en la capital del estado, además de muchas más en Ciudad Juárez, quienes no contemplan la opción de quedarse en México.
“En México no hay un programa real de integración para personas extranjeras”, concluye Flores. Sin una política pública efectiva, advierte, la migración no se detiene: solo se vuelve más cara, más invisible y más peligrosa.
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