Llegar hasta acá es complicado, este punto está escondido en un pequeño mar de casas de madera y una calle de terracería en la que es difícil avanzar; el lugar está ubicado en un terreno a mitad de la colonia Colinas del Norte, entre las calles Moro Macho y Serpiente, al suroriente de la ciudad.
Aquí las personas no tienen acceso a drenaje, agua potable, y solo algunas casas son las afortunadas que cuentan con servicio de electricidad. En el ambiente se respira un penetrante olor a madera quemada y la vista no deja lugar a la imaginación para confirmar que lo que sucedió, fue una tragedia.

En el suelo solo se ven objetos ennegrecidos, cubiertos de cenizas y, en su mayoría, totalmente carbonizados por las llamas que consumieron cuatro casas. A mitad de toda la destrucción, permaneció en pie una chimenea de ladrillo, que resistió los embates del fuego.
Por lo demás, solo hay basura y escombros, los restos de la vida que hubo, pero que el fuego terminó por destrozar. Entre las casas, un hombre de chamarra verde, pantalón de mezclilla y camiseta naranja, se acerca al desolado lugar.
Con un semblante triste, casi derrotado, se identificó como Neftalí Amado Zempoalteca, dueño de unas de las 4 casas que la mañana del martes, fueron consumidas totalmente por un incendio.
Contó que eran aproximadamente las 7 de la mañana, estaba en su vivienda, solo, cuando se percató que las llamas comenzaron a incrementarse rápidamente. La madera es un material altamente flamable y en pocos segundos, comenzó a arder todo el lugar.


Aseguró que un cuarto junto al suyo, unos jóvenes solían prender fogatas de manera frecuente. Como ayer hacía frío por los vientos de hasta 80 kilómetros, cree que prendieron la lumbre, pero que se les salió de control.
Al final, terminó con todo su patrimonio hecho cenizas. Para construir este lugar, tardó aproximadamente un año, y ya llevaba otro viviendo en este sitio junto con su familia, compuesta por su esposa y 2 hijas, una en primaría y otra en la secundaria.
Cuando sucedió la tragedia, su familia estaba de viaje, él fue el único que vio cómo su patrimonio se fue consumiendo por el fuego y lo único que alcanzó a rescatar, fue un tanque de gas, por el que cree, la tragedia no se hizo más grande.
Incluso, señaló con tristeza los restos de los tambos de agua que utilizaba, mismos que quedaron inservibles por culpa del fuego.
Tras los hechos, logró conseguir refugio con una de sus hermanas, que tiene un cuarto en construcción dentro de su predio y se lo prestó para que pueda recibir a su familia, una vez que llegue a la ciudad y descubra que ya no existe el lugar al que llamaban casa.
“Hay unos que dicen que por qué están en casas de madera, la verdad es que cada quién construye como puede, a su capacidad, y para nosotros, es lo que se pudo hacer”, comentó.



“Nos quedamos sin nada”
Mientras el señor Neftalí observa entre los escombros, se asoma el rostro de un hombre, vestido con chamarra negra, pantalón de mezclilla y una gorra que lo cubre del sol. Es el señor Gabriel Reyes López, vecino de Neftalí y quien también vio cómo su casa quedó reducida a cenizas.
Relató que tardó un año en construir su casa, donde vivía junto con su esposa. Llegado del estado del Oaxaca, se instaló a esta frontera para buscar una vida mejor, debido a que en su estado natal no había empleo para él.
Aquí trabaja en la obra, gracias a la cual, pudo hacerse de un pequeño patrimonio. Relató que, para evitar que alguna fogata causara una catástrofe, había puesto una chimenea en medio de su casa.
Aquella mañana, mencionó que tuvo que salir rápidamente para huir del fuego. Por acción de los vientos, que alcanzaron hasta los 80 kilómetros por hora, las llamas se avivaron de tal manera que, solo la presencia de 4 camiones de Bomberos pudo apagar totalmente las llamas en este lugar.
“Se acabó todo, todo lo que habíamos comprado se acabó, se quemó y nos quedamos sin nada”, subrayó.
Debido a que no se les ofreció un refugio o lugar en el cual pudieran quedarse, el señor Gabriel, junto con su esposa, consiguió un techo para pasar la noche en la vivienda que uno de sus hijos renta cerca de este lugar.



La esperanza que no muere
Pese a las circunstancias, Neftalí y Gabriel están dispuestos a volver a tener un patrimonio digno en el que ellos y sus familias puedan vivir, por lo que hacen el llamado a la comunidad interesada en aportar cualquier tipo de ayuda para reconstruir un poco de sus vidas.
Los interesados, pueden comunicarse a los números 656-412-7314 y 951-346-8427.
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