Otra vez Bravos tuvo que remar contracorriente en su propio estadio. Los errores defensivos en los primeros minutos ante Cruz Azul marcaron el rumbo de una noche en la que el equipo juarense reaccionó con carácter, pero demasiado tarde.
El esfuerzo del cierre y los goles sobre el final no alcanzaron para borrar un inicio cuesta arriba que terminó cobrando factura en el Olímpico Benito Juárez.
Ese patrón volvió a repetirse la noche del viernes, cuando la cancha del Estadio Olímpico Benito Juárez fue escenario de un partido intenso, con goles, reclamos y tensión constante, correspondiente a la cuarta fecha del Clausura 2026.
Desde el arranque, FC Juárez quedó condicionado por un inicio adverso ante un rival que supo capitalizar los desajustes tempranos y obligó a los fronterizos a jugar, una vez más, desde la desventaja.

Un inicio que condicionó todo
El golpe llegó casi de inmediato. Apenas a los 30 segundos de iniciado el encuentro, Agustín Palavecino sorprendió al arquero Sebastián Jurado con un disparo potente que se convirtió en el primer gol del partido.
El momento que debía ser simbólico —el festejo por los 150 partidos del guardameta en Primera División— quedó opacado por un arranque que desacomodó por completo a la defensa juarense.
Sin que la afición terminara de acomodarse en las gradas, al minuto 7 José Paradela amplió la ventaja para los visitantes. Dos goles en menos de diez minutos obligaron a Bravos a replantear el partido desde una desventaja temprana que, como ya ha ocurrido en otros encuentros, condicionó todo el desarrollo.
Con el paso de los minutos, Juárez intentó asentarse en el terreno de juego y adelantar líneas, pero el colectivo de Cruz Azul se mostró más sólido y ordenado. Esa diferencia se reflejó nuevamente al minuto 39, cuando una serie de pases dentro del área terminó con un remate de Carlos Rotondi para el 3-0 parcial, reflejo del dominio visitante en la primera mitad.
A pesar de la ventaja en el marcador, el equipo cementero mantuvo una actitud de constante reclamo hacia el arbitraje. Encabezados por el ex-Bravo Gabriel “Toro” Fernández, los jugadores visitantes protestaron reiteradamente las decisiones del árbitro central Jesús Rafael López Valles, elevando la tensión en el cierre del primer tiempo.
La situación terminó por desbordarse cuando el silbante fue llamado por el VAR para revisar una posible mano de un jugador de Cruz Azul dentro del área. Durante la revisión, el técnico Sebastián Larcamon y uno de sus asistentes insultaron al colegiado, lo que derivó en su expulsión y en la marcación de un penal a favor de los locales.
Desde los once pasos, Óscar Estupiñán logró descontar y permitió que el partido se fuera al descanso con marcador de 1-3, un resultado que, pese a la desventaja, mantenía a Bravos con vida tras una primera mitad claramente adversa.
Reacción tardía y un cierre sin premio

Para el inicio del segundo tiempo, el ingreso de Guilherme Castilho aportó mayor orden y empuje al conjunto juarense. Sin embargo, Cruz Azul volvió a imponer condiciones en los primeros minutos del complemento y, con un disparo de Carlos “Charly” Rodríguez, amplió de nueva cuenta la ventaja para el 4-1.
La noche estuvo cerca de convertirse en una de las peores derrotas del equipo en casa, pero Sebastián Rotondi falló un tiro penal que habría significado el quinto gol visitante. Ese error mantuvo abierta una mínima esperanza para los locales y modificó el ánimo en el estadio.
A diez minutos del final, un tiro de esquina a favor de Bravos se transformó en una anotación de Guilherme, quien con una media tijera recortó distancias y puso el marcador 2-4, encendiendo nuevamente a la tribuna.
El partido alcanzó su punto máximo de tensión cuando el árbitro decidió expulsar al “Toro” Fernández tras reiterados reclamos, dejando a Cruz Azul con diez hombres para el cierre del encuentro.
Con superioridad numérica y empujados más por el pundonor que por el orden, los Bravos se volcaron al frente en busca de un cierre heroico. Estupiñán aprovechó un rebote en el área para marcar el tercer gol y acercar peligrosamente a los locales en el marcador.
El tiempo, sin embargo, no fue suficiente. Cruz Azul resistió los últimos embates y se llevó una victoria sufrida, mientras Juárez confirmó un patrón que comienza a preocupar: reaccionar ya no basta cuando los errores aparecen demasiado pronto.
Tras el silbatazo final, la frontera fue testigo de un triunfo visitante trabajado hasta el último instante y de una derrota local que dejó sensaciones encontradas. El carácter apareció, pero el margen de error volvió a ser demasiado amplio.

Posdata: En esta ocasión, elementos de la Guardia Nacional y del Ejército Mexicano participaron nuevamente en la ceremonia del himno previo al partido, ahora sin equivocarse al colocar la bandera, como ocurrió en un encuentro anterior.
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