Es común escuchar, leer o ver contenido en el que se dice que la población en situación de movilidad, los migrantes, rechazan tal o cuál cosa (ropa, comida, albergue), o que al llegar a un país ajeno al suyo, se manifiestan para ser tratados con dignidad.
Luego de esas noticias, la discusión empieza, y las acusaciones de ladrones, flojos y otras más llegan a boca de alguien. Una de las preguntas más recurrentes durante estas discusiones es “¿por qué no reclaman en su país lo que están reclamando en el mío?”.
Y, bueno, aunque no hay respuestas para todos los casos, porque son distintos, Norte Digital se dio a la tarea de buscar respuestas para el caso de quienes vienen de Venezuela.

A manera de resumen, al menos dos mil personas de Venezuela han sido expulsadas de Estados Unidos hacia México por Ciudad Juárez, tras la cancelación de una excepción a una norma sanitaria del gobierno del país vecino del norte.
Aquí se han asentado en refugios temporales, cuartos rentados, hoteles y en campamentos improvisados en zonas públicas de nuestra ciudad, como las vías del tren cerca del Consejo Estatal de Población o la orilla mexicana del río Bravo cerca del Puente Negro.
La respuesta fue concurrente por al menos una decena de encuestados: “porque allá, si hablamos, nos matan”.
Y abundan: cuando una persona está en contra del Gobierno de Nicolás Maduro y lo manifiesta públicamente o por algún medio vigilado por el Estado venezolano, o desapareces o te asesinan. ¿Quiénes? La mayoría de los casos, los ataques son perpetrados por “colectivos”.
De acuerdo con la BBC, los colectivos son, para la oposición, paramilitares; para la justicia venezolana, grupos civiles armados al margen de la ley; para el Gobierno, agrupaciones sociales que trabajan en proyectos de educación y de producción dentro de la organización comunal.
Son hombres encapuchados y armados, que defienden la revolución bolivariana y la dictadura de Hugo Chávez, y ahora de Nicolás Maduro.

Los migrantes entrevistados denuncian que ellos son quienes cometen crímenes y dan un supuesto orden, a la vez. Son quienes, sin el permiso del Estado y sin su intervención, se enorgullecen de ser considerados como grupos golpistas en las manifestaciones de la oposición. Suelen ser llamados cuando hay alguna protesta, para intimidar, asustar, disolver y limpiar la calle de las barricadas. Son “la costilla del Gobierno”, dicen los migrantes.
Si alguien dice públicamente que el Gobierno de Nicolás Maduro debe mejorar en tal o cuál aspecto, en unas horas o al día siguiente los colectivos llegan a tu casa, sacan a tu familia y te matan al interior de tu hogar. Así lo cuentan los migrantes que ahora esperan en el frío una oportunidad en Estados Unidos.
Aquí, dicen, hay libertad de expresión, y pueden pedir, entre otras cosas, que se respete su dignidad. Ese es el sueño americano que afirman perseguir: hablar, ser escuchados, trabajar y ganar el dinero que necesitan, gastarlo como quieren, conseguir una ventaja que, de otra manera, no tendrán, para sobrevivir en una Venezuela sumida en la inflación, la delincuencia, el paramilitarismo de los colectivos y la indiferencia del Gobierno de Maduro hacia sus pobladores.
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