Panchito viajó del sur del mundo, de las aguas frías cercanas al Polo Sur, y un día apareció recostado en playas mexicanas, como si el trópico también formara parte de su mapa. Desde 2020, un ejemplar de elefante marino del sur (Mirounga leonina), conocido como Panchito Cortés, ha sorprendido a científicos, autoridades y turistas al aparecer de forma intermitente en distintas costas del Pacífico mexicano, especialmente en Nayarit.
Originario de las aguas heladas de la Patagonia, Panchito pertenece a una de las especies de pinnípedos más grandes del planeta. Es enorme: un cuerpo alargado y pesado, piel gruesa de tono gris claro que bajo el sol se vuelve beige arenoso, pliegues marcados y, en los machos adultos, una probóscide —esa trompa corta que le da nombre a la especie— que cuelga sobre el hocico. No camina: se arrastra con paciencia, impulsándose con el pecho y las aletas delanteras, dejando surcos profundos en la arena.
Su nombre completo es Panchito Cortés, un apodo que surgió entre especialistas y comunidades costeras para identificarlo con mayor facilidad durante su seguimiento. El nombre no es casual: Panchito por el sitio de su primer avistamiento formal en México, San Pancho, y Cortés por su osadía de conquistar mares lejanos, como un viajero que desafía distancias y climas sin pedir explicaciones.
El primer registro formal en México ocurrió en julio de 2020, en la playa San Pancho, Nayarit. Desde entonces, su ruta lo ha llevado por San Blas, Los Ayala y otros puntos del litoral, y volvió a aparecer recientemente entre el 26 y 27 de enero en playas de San Blas y Compostela. Cada reaparición confirma lo mismo: es el mismo viajero que decidió cambiar el hielo por la arena.
Su presencia ha sido monitoreada de manera constante por especialistas en fauna marina, quienes han confirmado su identidad gracias a marcas físicas distintivas y cicatrices, huellas de una vida hecha para resistir aguas extremas.
Cuando Panchito descansa, permanece inmóvil durante horas. No está varado ni enfermo. Está en tránsito. La playa es una pausa entre trayectos imposibles, un punto de recuperación antes de volver al mar.
Cada vez que emerge en la arena tropical, autoridades ambientales activan protocolos de resguardo para proteger tanto a la población como al propio elefante marino. Y cada vez deja la misma postal: un animal diseñado para el frío absoluto recostado bajo el sol del trópico.
Panchito Cortés se ha convertido así en un caso singular para la ciencia y en un símbolo involuntario de la fauna marina viajera. Su historia es la de un cuerpo hecho para el hielo que, sin explicación aparente, se permitió cruzar medio planeta para descansar en las playas de México.