El primer socorrista que llegó a la estación migratoria hace tres años, cuando se quemaba el inmueble con 67 personas en movilidad adentro, no llegó por una alerta de emergencia.
Fue el capitán segundo de Bomberos, Rodolfo Rosales, quien pasaba por la zona por mera coincidencia.
Su presencia en el lugar fue fortuita: al sistema de emergencias de la ciudad no se recibió ni una sola llamada que reportara el incendio.
Los encargados del edificio eran empleados del Instituto Nacional de Migración (INM) y guardias de seguridad privada; sin embargo, cuando el oficial llegó, no vio a ninguno de ellos y todo indica que no pidieron ayuda.
En entrevista con Norte Digital, Rosales relata que circulaba por el área cuando observó humo que salía del inmueble ubicado entre las calles General Rivas Guillén y avenida Malecón.
En un principio creyó que provenía de la Presidencia Municipal, pero al acercarse se percató de que salía de los ventanales del INM.
Al ingresar, le llamó la atención que la caseta de vigilancia no tenía presencia de guardias y que en el estacionamiento tampoco había personas. El lugar estaba vacío.
Observó una puerta metálica abierta y, en el interior, una de madera cerrada con un pasador por dentro. La abrió de una patada, pero de inmediato salió humo muy denso, por lo que decidió cerrarla para evitar que el aire avivara el fuego.
En ese momento se comunicó de forma directa a la Central de Bomberos y solicitó el envío de una unidad extintora.
“Al volver a abrir la puerta, el humo era aún más denso”.
Entonces realizó una segunda llamada y pidió el envío de más unidades tipo cisterna.
El capitán segundo recuerda que, al arribar sus compañeros, ingresaron al inmueble y avanzaron hasta encontrar otra reja metálica, cerrada con candado.
Una vez que lo rompieron, entraron a sofocar el fuego.
Ahí comenzó el rescate de cuerpos.