Lo que comenzó como una clase ordinaria de educación física terminó convertida en una escena de riesgo y desconcierto en el Colegio Bilingüe Anna Freud, Campus Valle del Sol. Eran las 11:20 de la mañana del 16 de octubre del año en curso, cuando un grupo de alumnos de primaria fue alcanzado por disparos de balines metálicos mientras realizaban ejercicios bajo el domo del patio principal.
Uno de los niños (11 años), se acercó al profesor para decirle que sentía dolor debido a una lesión anterior. En ese momento comenzaron los golpes secos. El maestro creyó al principio que se trataba de una falla eléctrica, pensó que caían chispas del techo y retiró a los alumnos del área. Pero cuando el menor gritó “profe, me duele, me están pegando”, el docente se acercó para revisarlo y en ese instante recibió también un impacto en el brazo. Fue ahí cuando comprendió que algo más grave ocurría.
Al volver al domo encontró varios balines de metal tirados en el piso. Los menores fueron llevados al gimnasio para resguardarlos mientras la dirección escolar llamaba a la Policía Municipal.
Tres heridos y una respuesta superficial
El saldo fue de tres personas lesionadas: un niño con golpes en la cabeza y la espalda, una niña con heridas en el brazo y la parte baja de la columna, y el profesor con una lesión en el brazo derecho. Las marcas en el cuerpo del menor eran evidentes: un chichón en la nuca que casi le abre la piel, sangre molida bajo el cuero cabelludo y hematomas profundos en la espalda.
“Si hubiera girado la cabeza un poco, el balín le habría dado en el ojo y lo habría perdido”, relató su madre, Vanessa del Villar. La herida fue catalogada como de las que “no tardan quince días en sanar”, aunque el susto y el trauma fueron mucho mayores.
Todo está bajo control” en el campus de la Valle del Sol
Pese a la gravedad de los hechos, la dirección del colegio envió ese mismo día un comunicado a los padres de familia describiendo lo ocurrido como un simple accidente.
“Durante la clase de Educación Física, un vecino alterno, quien estaba jugando con balines, golpeó al maestro y a varios alumnos, por lo cual se atendió inmediatamente dando aviso a las autoridades… Afortunadamente todo está bajo control”, se lee en el texto firmado por la directora general Alma Beatriz Carrillo Caballero.
“No pasó a mayores”
Vanessa del Villar acudió con la directora para solicitar una copia del folio del reporte policial y poder presentar una denuncia formal.
“Ay señora, pero no pasó a mayores”, fue la respuesta que recibió.
La madre recuerda que la directora estaba más preocupada por la organización de la verbena del Día de Muertos que por la agresión a los menores.
“Yo no me voy a esperar a que pase algo grave”, replicó.
La escuela suspendió las actividades en los patios durante dos días, pero el lunes siguiente reanudó las clases en el mismo lugar, sin reforzar bardas ni establecer medidas de seguridad adicionales.
Una casa con vista directa a los niños
Los agentes de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal (SSPM) acudieron al lugar y localizaron una vivienda desde la que se habrían hecho los disparos. Una mujer reconoció que su hijo tenía un rifle de postas, pero el joven no se encontraba en casa. A pesar de ello, no hubo aseguramiento del arma ni detención alguna.
“Ni siquiera se llevaron las pruebas”, reclamó la madre. “Fiscalía lo tomó como un caso de daños y lesiones, como si fueran travesuras. Pero no fue un accidente: el agresor centró su mira y disparó a los niños. Si ya vio que no pasa nada, mañana puede hacerlo con un arma real”, reitera.
El colegio se ubica sobre la calle Valle del Sol, en una zona donde las bardas colindan con viviendas de dos pisos que tienen visibilidad total hacia los patios escolares. Desde una casa ubicada en el fraccionamiento Hacienda de la Cantera II, sobre la calle Hacienda Santa Catalina, se efectuaron los disparos.
“Desde ahí tenían vista directa a los niños. Los policías también se dieron cuenta de dónde salieron los tiros”, explicó la madre.
Un segundo comunicado y la falta de respuestas
El 23 de octubre, una semana después del ataque, el colegio emitió un segundo comunicado. En él, la directora informó que acudió a la Fiscalía General del Estado para denunciar, pero que no le recibieron la querella, argumentando que solo las víctimas podían presentarla.
“Efectivamente se interpuso la denuncia correspondiente… Mientras tanto, nuestros docentes han intensificado las guardias en los patios y canchas durante los recesos”, se lee en el documento.
No obstante, los padres en los chats de los grupos, aseguraron que nunca se les informó con claridad sobre el avance del caso ni se convocó a una reunión general.
“La escuela dijo que atendería solo a los padres que pidieran cita individual, conforme al tiempo disponible”, recuerda Vanessa.
Los padres de familia se enteraron de lo ocurrido varios días después. El comunicado escolar hablaba de un “percance con un arma de balines”, sin mencionar que hubo niños heridos.
En los chats de mensajería comenzaron a circular reclamos y exigencias para realizar una junta general, pero la dirección se negó.
“La escuela actúa como si dos niños se hubieran caído y se lastimaron jugando. Pero a nuestros hijos les dispararon. Eso no es un juego”, expresó la madre del menor herido.
La denuncia que sí fue recibida
Ante la indiferencia institucional, Vanessa del Villar presentó su propia denuncia ante la Fiscalía, la cual fue aceptada y canalizada al área de Daños y Lesiones. No busca compensación económica, aclara, sino que no vuelva a repetirse.
“No estoy pidiendo dinero, sino que se tomen medidas. Los niños no son patos. Si este muchacho ya tuvo la intención de dispararles, ya cruzó un límite. Es abrir la puerta a que mañana use un arma de fuego”, agrega.
Su hijo, de once años, tardó días en asimilar lo ocurrido. “Se quedó en shock. No podía entender por qué alguien le había disparado y con un arma”.
Una advertencia ignorada
La madre confía en que el agresor aprenda de lo ocurrido, pero teme que la falta de consecuencias siente un precedente peligroso.
“Ojalá entienda que los actos tienen consecuencias, pero también la escuela y la autoridad deben hacerlo. No se puede tratar un ataque armado como si fuera una travesura”, aseveró
A tres semanas del incidente, ni la Fiscalía ni el colegio han informado avances. Las clases y los recreos se siguen realizando en el mismo patio donde ocurrió el ataque.
“Así empezaron los casos en Estados Unidos, con agresiones menores que nadie tomó en serio”, reflexiona Vanessa. “Luego vinieron las tragedias. No quiero que esperen a que algo malo le ocurra a un niño para reaccionar”.
Directivos del colegio optan por no hablar
Los directivos del Colegio Anna Freud se reservaron su versión sobre los hechos ocurridos el pasado 16 de octubre en las instalaciones del Campus Valle del Sol.
El lunes 10 de noviembre, antes del mediodía, Norte Digital acudió al plantel ubicado en la calle Valle del Sol número 1766, Ejido Salvárcar, para solicitar una entrevista con la dirección del colegio y conocer su postura ante el ataque con balines que dejó a dos alumnos y un maestro lesionados, de acuerdo con la denuncia presentada por una de las familias afectadas.
El personal que se encontraba en la entrada fue informado del motivo de la visita y transmitió la solicitud a los encargados del plantel. Minutos después, comunicaron que no se permitiría el acceso y que los directivos no emitirían declaraciones.
Antes de retirarse, este medio dejó un número telefónico para que la administración escolar pudiera comunicarse y ofrecer su versión de los hechos, así como una explicación a los padres de familia y a las víctimas que cuestionan el proceder del colegio. Hasta el cierre de esta nota, no hubo respuesta.
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