Anteriormente ya había publicado una entrada sobre Alessandro Baricco (Turín, Italia, 1958), acerca de su novela Seda (1996). Este narrador y dramaturgo italiano ha ganado varios premios como el Selezione Campiello y Prix Médicis Étranger por Tierras de cristal (1991) y el Viareggio por Océano mar (1993). En esta ocasión les hablaré de la maravillosa novela Mr. Gwyn (2011) que se puede leer gratamente en una época como esta, dedicada al descanso y a la reflexión.
Mr. Gwyn trata sobre un famoso escritor inglés, Jasper Gwyn, que un día, cansado de la fama, de las entrevistas y de tener la obligación de sacar novedades, decide retirarse del negocio, para esto le dice a su editor, Tom Bruce Shepperd, lo que hará de ahí en adelante: ser un copista. El editor no lo entiende, pero le asigna a su asistente, Rebecca, para que lo ayude. Jasper Gwyn instala un estudio detrás de Marylebone High Street para escribir retratos sobre personas comunes. Manda hacer bombillas especiales que se apagarán alrededor de 32 días de funcionamiento. Le pide al músico David Barber que le componga música especial para tocarla en bucle y en ese espacio peculiar realiza sus retratos.
¿Cómo podría hacerse un retrato literario o escrito? Esto era lo que se preguntaban tanto su editor como la asistente. Jasper Gwyn le pide a Rebecca que participe como modelo de ese primer retrato, primero ella tiene una sensación extraña, pero poco a poco se siente interesada y cómoda en el estudio. Al final Mr. Gwyn le entrega unas cuantas hojas envueltas en un sobre en que ha escrito el retrato, ella queda fascinada y le ayuda a conseguir clientes para los retratos.
La novela es una declaración de amor por la literatura, por la ficción, por el mundo editorial y por las diferentes artes que conviven con las letras, como la pintura, la música, la fotografía, por mencionar algunas. Cuando el editor le pregunta a Jasper Gwyn qué pretende con los retratos, él contesta que “llevarlos de regreso a casa”. No desvelaré más de la novela porque quisiera que se sumergieran con fruición como lo hice yo con esta magnífica obra de Alessandro Baricco. Disfrútenla en estas vacaciones de fin de año y que viva la literatura.
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