El tráfico no avanzaba, los relojes sí. Motores encendidos durante horas, filas interminables de autos y la sensación compartida de estar atrapados en una ciudad inmóvil. Así se vivió la tarde-noche de ayer en el norte y nororiente de Ciudad Juárez, donde miles de automovilistas tardaron horas en recorrer apenas unos cuantos kilómetros por el colapso vial.
La frustración no tardó en convertirse en reclamo. Desde el enojo por llegar tarde a casa o al trabajo hasta el señalamiento directo de responsabilidades y propuestas de solución, las audiencias de Norte Digital volcaron su inconformidad, principalmente contra las autoridades municipales y la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS).
En el centro de las críticas aparecieron el presidente municipal Cruz Pérez Cuéllar, la propia JMAS y la ausencia visible de la Coordinación de Seguridad Vial, a quienes los ciudadanos atribuyeron una falta de coordinación que terminó por agravar el caos.
Además de relatar su experiencia, los automovilistas exigieron soluciones. Algunas inmediatas, como la presencia de agentes viales y desvíos oportunos; otras de fondo y estructurales, que involucran la operación real del JuárezBus y el funcionamiento de la red de ciclovías.
El socavón del bulevar Juan Pablo II, que las autoridades reportaron como el origen del problema, detonó un reclamo ciudadano más profundo. En redes sociales se repitió la idea de que el problema no es solo un hundimiento en la vialidad, sino el abandono, la improvisación y la confrontación política entre autoridades de distintos partidos que —señalan— parecen más concentradas en la disputa electoral que en atender los problemas cotidianos de la ciudad.
Para muchos ciudadanos, la JMAS y la Coordinación de Seguridad Vial fueron las principales responsables del tráfico que se volvió insoportable ayer.
“Cruz Pérez Cuéllar, ¿por qué no hacen estos trabajos de noche para que no colapse la ciudad?… No pin… mamen”, publicó Erick Villacana.
“Es una mentada de madre esto y todo por un socavón. CPC, haga algo, presidente… Pagamos el salario de los tránsitos para verlos trabajar… Como ciudadanos exigimos que hagan algo. No podemos estar atrapados tanto tiempo en este caos”, lamentó Jeffers De Ramírez, quien explicó que el desafío de llegar temprano a su trabajo es diario, pero ayer fue imposible.
Y remató: “No lo culpo a usted… Los de la JMAS se la pasan destruyendo todas las calles recién reparadas. Deberían ponerse de acuerdo porque están demostrando que tienen una mala organización”.
Una lectura compleja de la realidad
Quienes pasaron por esta experiencia —que muchos consideran cotidiana, pero se rehúsan a normalizar— coincidieron en que la ciudad vive una crisis vial permanente.
Entre líneas, se puede leer que la explicación oficial del socavón no es más que la gota que derramó el vaso.
Miles de autos en circulación, vialidades en mal estado, cientos de semáforos obsoletos y un transporte público masivo inoperante aparecen, para muchos ciudadanos, en el fondo del problema.
En esta misma línea crítica, recordaron que se abusó del decreto presidencial, lo que derivó en la saturación con vehículos de procedencia extranjera.

El colapso vial se pudo minimizar
La indignación por el mal momento llevó a otros a señalar que parte del problema fueron fallas en la logística de los órdenes de Gobierno.
Se preguntaron por qué los agentes de vialidad no desviaron el tráfico y denunciaron que con frecuencia las reparaciones de la JMAS carecen de señalamientos adecuados.
Ruby Salcido reaccionó al hecho de que el Tecnológico de Monterrey cuenta con un nuevo alto que facilita el acceso a sus estudiantes, pero trastorna la movilidad del entorno.
“No se coordinaron JMAS y Vialidad y deberían trabajar de noche”, recordaron a las autoridades, señalando acciones que consideran más sensatas.
Fabián Aguilar consideró que Vialidad tenía que “hacer su jale”.
Miguel Ángel cuestionó: “¿Y los tránsitos? Bien, gracias. Ya nada más están para multar, no para ayudar”.
También cuestionaron a las autoridades que recomiendan vías alternas que no existen o que se encuentran igual de saturadas.
Cinco kilómetros por hora: se sufrió, pero…
Las redes sociales se inundaron con comentarios de personas que no están dispuestas a pasar por otro mal momento provocado por un nuevo socavón, que además consideran más común que extraordinario en las calles de esta ciudad.
Carina Casas compartió que avanzó cinco kilómetros en dos horas para llegar a su destino.
Durante el atorón, los automovilistas se comunicaron en tiempo real con recomendaciones y avisos sobre calles saturadas, como Portales —que atraviesa el Campestre—, Hermanos Escobar y Camino Viejo a San Lorenzo, entre otras.
“La Cuatro Siglos estaba igual y la Bermúdez, qué horror”, compartió Blanca Mayela.
Algunos aseguraron que tardaron casi una hora en recorrer el tramo de San Lorenzo a Las Misiones.
De acuerdo con las “víctimas” de la jornada vial, la ralentización vehicular comenzó desde las 15:30 horas. Incluso, hubo quienes reportaron que desde las 14:00 horas la situación ya era “fatal”.
Otros ni siquiera llegaron a su destino y optaron por regresar, decisión que los obligó a manejar hasta 40 minutos adicionales.
Reportaron que el tráfico colapsó desde las 16:00 horas, desde la Plaza de la Mexicanidad hasta el Parque Industrial Omega, por San Lorenzo y a lo largo de toda la Antonio J. Bermúdez. La situación se “normalizó” pasadas las 9:00 de la noche.

Un socavón no puede enterrar a la ciudad
Entre las propuestas ciudadanas que más se repitieron está la exigencia a las autoridades estatales para habilitar los carriles del JuárezBus y a las municipales para sincronizar los semáforos.
Consideraron que en casos de socavones, zanjas y reparaciones es indispensable garantizar una coordinación eficiente entre el Municipio y la JMAS.
Los reclamos también se dirigieron al alcalde para que los trabajos en las vialidades principales se realicen durante la noche.
Mientras tanto, los promotores de la movilidad sostenible aprovecharon para destacar las ventajas de trasladarse en bicicleta. Otros se pronunciaron a favor de construir más puentes vehiculares, pero bien planeados.
Lo que muchos no logran entender —ni aceptar— es quedar atados a la posibilidad de otro mal rato, provocado por el siguiente socavón que puede aparecer en cualquier vialidad y en el momento menos esperado.
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