Pablo Neruda (seudónimo de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto) (Parral, Chile, 1904-Santiago de Chile, 1973) fue un poeta muy reconocido, ganador de varios reconocimientos y premios como el Nobel de Literatura en 1971. Como prolífico tiene varias facetas en su trayectoria y distintos libros que dan cuenta de ello. Algunas de sus obras son Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), Residencia en la tierra (1933), Odas elementales (1954) y Confieso que he vivido (1974).
Este día les hablaré del Canto general (1950), extenso libro de poemas dividido en 15 partes. Se ha criticado que este libro es muy irregular porque tiene poemas excelsos y otros mediocres o que al menos desentonan con los otros que son de altos vuelos. Este libro recoge su postura política de su adscripción al comunismo y también su desencanto hacia algunos personajes a los que apoyó como a Gabriel González Videla.
Neruda intenta hacer un canto cronístico de la historia latinoamericana desde la etapa precolombina, pasando por las conquistas, las independencias y la época contemporánea. Algo que se nota en varios poemas es su viaje hacia diferentes lugares en la América Latina, como el Perú y que de ahí derivan poemas sorprendentes, como en la sección “Alturas del Macchu Picchu” en la que invita: “Sube conmigo, amor americano”.
En otra sección habla de las crueldades de los conquistadores, de los libertadores y sus gestas heroicas, pero también habla de la tierra americana, me recuerda a Andrés Bello cuando canta al paisaje de América, Neruda se refiere así al maíz en “Vegetales”:
Como una lanza terminada en fuego
apareció el maíz, y su estatura
se desgranó y nació de nuevo,
diseminó su harina, tuvo
muertos bajo sus raíces,
y luego, en su cuna, miró
crecer los dioses vegetales.
Leer a Neruda es reencontrarse con la potencia creadora de la palabra, aunque en este libro se asuma como cronista contemporáneo de la Historia latinoamericana. Mucho se le ha criticado también por hablar sólo de una parte de la Historia, pero quizá se les olvida que es un libro de poesía y no un tratado historiográfico. Hay que leer a Neruda más allá de sus primeros poemas amorosos de veinteañero para que nos deleitemos en las imágenes de un poeta total.
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