La vida pública de Francisco Javier Barrio Terrazas y su trayectoria política avanzaron en paralelo a uno de los periodos más relevantes de la historia democrática de Chihuahua. Su recorrido —desde la oposición en condiciones adversas hasta el ejercicio del poder— acompañó la irrupción de la ciudadanía en la calle, la ruptura de una hegemonía prolongada y la construcción de la alternancia como práctica real.
Nacido en Satevó, Chihuahua, en 1951, y formado en la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde obtuvo la licenciatura en Contabilidad y una maestría en Administración de Empresas (MBA), Barrio llegó a la política desde el ámbito técnico y el sector privado. Ese origen marcó su forma de entender la función pública: orden administrativo, control y rendición de cuentas como ejes del ejercicio del poder.
Se incorporó a la sección local del Partido Acción Nacional en 1983, cuando la oposición enfrentaba límites estructurales y un sistema político cerrado. Desde ahí inició una trayectoria inédita: se convirtió en el primer militante del PAN en ganar la presidencia municipal de Ciudad Juárez, rompiendo con décadas de hegemonía priista en el municipio más grande del estado. El triunfo no solo tuvo valor electoral; abrió una grieta en la idea de un poder inamovible.

1986: la calle como punto de quiebre
El verano de 1986 marcó un antes y un después. La contienda por la gubernatura, encabezada por Barrio frente al priista Fernando Baeza Meléndez, estuvo rodeada de irregularidades, actas cuestionadas y una profunda desconfianza hacia la autoridad electoral. El resultado oficial no resolvió el conflicto; lo trasladó a la calle.
Siguió la movilización ciudadana más grande y sostenida que Chihuahua había vivido hasta entonces. En Ciudad Juárez, la respuesta fue inmediata: calles, avenidas y plazas se llenaron de multitudes nunca antes vistas. Familias completas, obreros, comerciantes, estudiantes y profesionistas marcharon bajo una consigna común: el respeto al voto.
Durante semanas hubo plantones, concentraciones permanentes y actos de resistencia civil pacífica que colocaron a Juárez como epicentro de una protesta con eco estatal y atención nacional. La calle dejó de ser marginal y se convirtió en actor político legítimo.
Barrio, a quien muchos comenzaron a llamar simplemente “Pancho Barrio”, se volvió el rostro visible del movimiento. No como caudillo, sino como referente de una indignación ciudadana que lo rebasaba. El PAN dejó de ser solo un partido opositor para convertirse en canal de una demanda social amplia y transversal.
El resultado oficial no cambió, pero la conciencia cívica sí. Pese a todo, el 86 no dio un gobernador, pero sí formó ciudadanía.
1992: la alternancia como práctica
Seis años después, en 1992, aquella memoria colectiva regresó a las urnas. La victoria de Francisco Barrio Terrazas fue resultado de una presión social acumulada. Con su triunfo, se convirtió en el primer gobernador panista de Chihuahua y en uno de los primeros gobernadores emanados de un partido de oposición en México.
La alternancia dejó de ser consigna. Chihuahua volvió a colocarse como laboratorio nacional de la transición democrática.
El inicio de su gobierno estuvo marcado por una tragedia personal: el fallecimiento de una de sus hijas en un accidente carretero, ocurrido en el cierre de su campaña y en los primeros meses de su administración. El hecho imprimió un tono sobrio y contenido al arranque del sexenio.

Gobernar en transición
El gobierno de Francisco Barrio Terrazas (1992–1998) enfrentó las tensiones propias de la alternancia. Recibió un aparato estatal diseñado para la hegemonía, no para la competencia política. Su administración puso énfasis en el orden administrativo, la disciplina financiera y el combate a la corrupción, trasladando al ámbito institucional demandas surgidas desde la oposición.
Durante su mandato, Chihuahua se colocó en los primeros lugares a nivel nacional en indicadores de anticorrupción y buen gobierno, de acuerdo con el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). La alternancia no desmontó el sistema de inmediato, pero sí obligó a un reacomodo de contrapesos y a una mayor vigilancia pública.

Proyección nacional
Concluida su gestión como gobernador, Barrio Terrazas fue llamado al ámbito federal. Entre 2000 y 2003 encabezó la Secretaría de la Contraloría General de la República, desde donde impulsó políticas de fiscalización y rendición de cuentas en el arranque del primer gobierno federal emanado de la oposición.
En 2003, fue electo diputado federal y asumió el liderazgo del grupo parlamentario del Partido Acción Nacional, consolidando su peso político en los primeros años de la transición democrática.
El legado de Francisco Barrio
La trayectoria de Francisco Barrio Terrazas dejó huellas decisivas en la transición democrática de Chihuahua:
La calle como actor político
La protesta cívica se consolidó como herramienta legítima de exigencia.
El fin de la hegemonía
Se rompió la idea de un poder inamovible.
La alternancia en los hechos
En 1992, el cambio de gobierno se volvió realidad.
Anticorrupción institucional
El discurso opositor se trasladó al orden y la rendición de cuentas.
Nuevos contrapesos
El poder quedó expuesto a mayor escrutinio público.
Ciudadanía activa
Una generación aprendió a vigilar, participar y exigir.
Francisco Barrio Terrazas falleció ayer 29 de diciembre, tras varias semanas en las que enfrentó complicaciones derivadas de una afección cardiaca, según versiones de personas allegadas a su entorno.
Francisco Barrio Terrazas permanecrá como una referencia central para entender uno de los momentos decisivos de la vida política de Chihuahua. Su trayectoria pública —desde la oposición en las calles hasta el ejercicio del gobierno— acompañó el proceso mediante el cual la ciudadanía comenzó a disputar el poder y a redefinir su relación con las instituciones.
Su vida y su trayectoria quedarán ligadas a ese periodo de transición democrática que transformó a Chihuahua y cuyos efectos siguen formando parte del debate público, por el proceso democrático al que contribuyó. (A. Salmón/ G. Salcido)
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