Fue hace seis años, en plena pandemia de Covid, cuando surgió en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) el proyecto para crear un centro comunitario en el suroriente de la ciudad. Pocos meses después, el 29 de marzo de 2021, el espacio abrió sus puertas en las calles Tierra de Fuego y Lote Bravo, en el fraccionamiento Parajes del Sur.
Desde entonces han transcurrido cinco años durante los cuales los vecinos han adoptado este lugar como su segunda casa: un sitio donde reciben asesoría jurídica, atención médica y dental gratuitas y donde, además, apoyan a sus hijos a realizar sus tareas escolares.




Las madres pueden tomar clases de HIIT (Entrenamiento Interválico de Alta Intensidad), mientras que los jóvenes aprenden y practican boxeo, futbol, basquetbol y ajedrez, entre otras disciplinas.
“Han sido cinco años de mucha actividad, muy noble y muy generosa para la comunidad. Me acuerdo del momento cuando empecé el proyecto. No sabíamos cómo la comunidad lo iba a recibir, cómo la universidad iba a influir en este ámbito familiar, pero empezamos con una lista de posibles proyectos que ahora se han convertido en todo un escenario muy bonito”, resaltó Daniel Constandse Cortez, rector de la UACJ.
Actualmente el centro ofrece servicios médicos, psicológicos, veterinarios y legales, además de múltiples actividades comunitarias. La demanda ha sido tal que el espacio ya se ha quedado pequeño y la universidad contempla ampliarlo para beneficiar a un número mayor de personas.

Un puente entre la universidad y la comunidad
A corto plazo, explicó el rector, la prioridad es consolidar las actividades actuales, pues representan un esquema de beneficio mutuo entre la comunidad y los estudiantes universitarios.
“La comunidad se ve beneficiada, pero también nuestros alumnos, que vienen y apoyan, hacen sus prácticas profesionales y su servicio social. Ellos también se benefician de este contacto con la comunidad. Por eso debemos seguir consolidando esa parte medular”, explicó Constandse.
Aunque la universidad ha considerado instalar más centros comunitarios en otras zonas vulnerables de la ciudad, primero ampliará el de Parajes del Sur para atender a más personas.

“En 2024 fueron alrededor de 17 mil servicios los que se ofertaron aquí, considerando todas las actividades que se realizan. Y en 2025 cerramos con un aproximado de 18 mil 500 servicios. Estamos hablando de que el centro comunitario abarca un polígono muy importante de la ciudad”, señaló Arturo Herrera Robles, subdirector de Responsabilidad Social de la UACJ.
La demanda de actividades continúa creciendo. Gabriela Reyes, coordinadora del centro comunitario, explicó que actualmente existe lista de espera para varios servicios y en algunos deportes la participación se ha disparado.
Uno de los casos más visibles es el boxeo, disciplina que hoy practican alrededor de 300 jóvenes.
“Cuando iniciamos, en los primeros eventos había una participación de 150 a 200 personas; actualmente tenemos de 700 a 850 personas por evento de impacto, porque buscamos atraer a la comunidad para que conozcan que aquí tienen un segundo hogar”, explicó.

Educación, salud y comunidad
Las actividades del centro comunitario van más allá del deporte. También se promueve el reciclaje, la educación y la convivencia social.
A quienes participan en los eventos comunitarios se les entrega algún obsequio reciclado con la intención de transmitir la idea de que los objetos pueden reutilizarse y tener un nuevo valor. Por eso, quienes acuden a celebraciones como el Día de las Madres, el Día del Niño o Navidad suelen llevarse un pequeño regalo.
En materia educativa, desde 2024 más de 400 personas se han acercado al centro para concluir sus estudios de primaria y secundaria a través del programa de escuela abierta. Actualmente, 70 jóvenes y adultos cursan la preparatoria abierta.
“Algo muy importante es que esto se ve desde una perspectiva sistémica, porque se integra la salud, la educación, el medioambiente y la parte económica. También se generan oficios para que las personas puedan desarrollar un pequeño negocio”, explicó Herrera Robles.
Además de los programas educativos, en este espacio se vacunó a cerca de 500 niños contra el sarampión y se realizaron más de 350 esterilizaciones de mascotas, 150 de ellas con implante de chip para su localización en caso de extravío.
“Lo que se construye aquí es una cultura de paz, que es el encargo que nos hace el rector: que construyamos la paz entre todos. Ya la gente empieza a organizarse y a sumarse de diferentes maneras, como ocurrió con el presupuesto participativo”, agregó el subdirector.
Gracias a esa organización vecinal se presentó y ganó un proyecto del presupuesto participativo del Municipio para pavimentar un tramo de la calle Tierra de Fuego, que se encontraba en malas condiciones.
Además, los fines de semana estudiantes de servicio social realizan jornadas de limpieza de calles, camellones y terrenos baldíos para mejorar el entorno urbano.
“Ahorita andamos cazando a los niños que no van a la escuela, porque tenemos el programa de segunda oportunidad… Es bonito porque aquí se hace la ceremonia de graduación y ves al joven de 15 años que no había terminado la primaria, pero que aquí recibe esa segunda oportunidad”, explican.
Muchos de quienes concluyen la preparatoria abierta se preparan ahora para ingresar a la universidad, encontrando en la educación un camino para transformar su vida.

“Aquí encontramos un segundo hogar”
Para Guadalupe Gaytán, secretaria académica de la UACJ, uno de los logros más visibles es el impacto que tienen los cursos de computación entre los jóvenes.
“Ya se llevan una oportunidad hacia su hogar, hacia su economía, hacia su familia completa… Los estamos impulsando a algo que ni siquiera pensaban que iban a encontrar en un centro comunitario”, dijo.
El rector recordó que la intención original era crear un espacio que transformara la vida cotidiana del sector.
“Era, precisamente, venir a poner un espacio en el desierto que le dé vida a la comunidad, como parte de la responsabilidad social que tiene la universidad. Y hay que mencionar que los mismos vecinos cuidan el espacio”.
Al llegar, explicó, la universidad entró a un territorio prácticamente desconocido para su comunidad académica.
“La sorpresa fue este respiro que le da la universidad a toda esta comunidad, esta oxigenación, esta manera diferente de hacer las cosas y de mantenerlos ocupados en actividades sanas”, agregó.
Para las autoridades universitarias, la mayor satisfacción es escuchar a los vecinos decir que su entorno ha cambiado y que hoy cuentan con un espacio seguro para convivir.
“Queremos que la comunidad cuente con la universidad, que somos parte de un mismo equipo. Aunque en su momento hubo apoyo del Municipio y del Estado, este es un proyecto de la universidad y así se va a mantener”, subrayó.


Hablan las usuarias
Lidia Martínez, de 46 años y habitante de Cerrada de San Mateo I, asegura que el centro comunitario ha sido de gran beneficio para la colonia.
“Venimos al servicio médico, que es totalmente gratuito; venimos con la dentista, tomamos clases de HIIT y nos han donado juguetes y bolos para nuestros eventos”, comentó.
También destaca que en este espacio se realizan campamentos de verano, clases de inglés y computación para niños y adultos, además de estudios médicos como mastografías y papanicolau.



Desde que el centro comenzó a funcionar —dice— Parajes del Sur y sus alrededores se ven más limpios, ha disminuido la delincuencia y los jóvenes encuentran actividades que los mantienen alejados de las drogas.
Liliana Banda, residente en Arecas I y madre de siete hijos, coincide en que el sector ha cambiado.
“Antes no había doctores, los niños se la pasaban en la vagancia; ahora están en un lugar seguro, tranquilos, cuidados médica y psicológicamente, practicando deporte”.
A sus 64 años, María Alicia Nájera acude dos veces por semana a los grupos de ejercicio para adultos mayores.
“Nos hemos sentido muy acogidos aquí. Antes me quedaba sola en casa y ahora tenemos convivios, ejercicio y hasta la oportunidad de estudiar”, cuenta.
Karina Cruz Orona también participa en actividades del centro mientras sus hijos toman clases de ajedrez y ping-pong.
“De lunes a viernes, de 9:30 a 10:30 vengo a clases de HIIT y está muy padre. Lo mejor es que está cerca de la casa y los servicios son gratuitos”.
Entre las peticiones que han planteado las usuarias para una futura ampliación del centro comunitario están la construcción de una alberca para que los niños aprendan a nadar, más espacios para clases de primaria y secundaria —pues las escuelas del sector resultan insuficientes— y un servicio de transporte para estudiantes que acuden a la UACJ.
También proponen retomar la pinta de murales que anteriormente se realizó en Arecas y que ayudó a mejorar el entorno urbano.
El Centro Comunitario de la UACJ en Parajes del Sur abre sus puertas de lunes a viernes de 8 de la mañana a 8 de la noche, y los sábados de 8 de la mañana a 6 de la tarde.