El río Bravo, en esta región fronteriza de Paso del Norte, fue un histórico oasis natural, localizado entre dos agrestes desiertos: las dunas de Samalayuca al sur y la Jornada del Muerto al norte; sin embargo, las divisiones geopolíticas fueron cambiando su destino.
Su naturaleza se fue extinguiendo, adecuando y adaptando a las transformaciones de infraestructura, hasta llegar a ser un cauce canalizado, primero, y después gestionado, controlado, manipulado, aprovechado y explotado desde una relación internacional asimétrica.
El reciente desbordamiento del río Bravo en las inmediaciones urbanas de Ciudad Juárez ha refrescado el tema de la vocación natural del río, particularmente debido a las intensas lluvias registradas en la última semana de septiembre, las cuales provocaron una crecida extraordinaria que, de acuerdo con la CILA, alcanzó 185 m³/s el 1 de octubre, caudal que no se observaba desde 2006. Lo extraordinario de este caso de 2026 es que la crecida fue súbita y masiva, ya que en tan solo 5 horas el caudal pasó de 70 m³/s, el 30 de septiembre a las 5 pm, a 140 m³/s a las 10 pm de ese mismo día, alcanzando su máximo a las 4 am del 1 de octubre con esos 185 m³/s.
Por todas partes se leen y se ven perspectivas de la crecida, prácticamente todas con un mensaje de sorpresa y gusto, resaltando románticamente la grandeza del río y su memoria natural. Pero, ¿en realidad esta crecida y su desbordamiento se debe a una causa estrictamente natural?
Mi perspectiva del tema es más desconfiada, geopolítica y cultural. El problema no es solo fluvial, ya que desde hace años el río Bravo dejó de ser un río que fluye naturalmente, para ser ahora un río territorializado mediante una relación asimétrica sobre el acceso, extracción, uso y distribución del recurso hídrico transfronterizo, es decir, es un tema de geopolítica internacional entre México y EU. Es un tema de relaciones de poder, de quién decide el flujo, de dónde se almacena o de cuándo se libera y hacia dónde se conduce.
El tema son las compuertas y la infraestructura que controla el flujo del río Bravo en esta región de Paso del Norte. No es coincidencia que horas antes de la crecida en las inmediaciones de Ciudad Juárez, se hubieran presentado desbordamientos en Sunland Park, y que en la parte del río colindante con Juárez los primeros sectores en presentar desbordamientos fueran en las cercanías de las compuertas, como en el Parque de las Tortugas o el Monumento al Cigarro.
Justo en este aspecto, el director de la JMAS informó que el incremento del caudal estuvo relacionado con la apertura de una compuerta de la presa Elephant Butte, en Nuevo México.
Este dato permite entender la crecida como un resultado no exclusivo de la lluvia, sino también de la influencia de una infraestructura que almacena y controla el agua del río Bravo. Asimismo, la infraestructura no es por sí sola una explicación definitiva de la crecida, ya que el fenómeno también tuvo su parte natural, debido precisamente a esas intensas lluvias que concentraron niveles históricos en toda la región, desde el centro hasta el sur de Nuevo México, incluyendo el área de Paso del Norte.
De hecho, Protección Civil del Municipio y la CILA estuvieron vigilando y dando seguimiento al comportamiento del cauce en el sector de las 13 compuertas, allí donde confluyen Chihuahua, Texas y Nuevo México, justo al lado de la Casa de adobe.
Aunque la CILA tiene facultades jurídicas para gestionar las aguas internacionales, la capacidad efectiva para decidir sobre el flujo de ese evento estuvo en buena medida en manos de las autoridades de EU, cuyas decisiones tuvieron una incidencia directa sobre el comportamiento del río en el área de Ciudad Juárez.
Justo aquí es donde la explicación estrictamente natural es insuficiente, no porque la lluvia no haya acrecentado el caudal, sino porque el flujo del agua también depende de las infraestructuras. El agua fluyó no solo por las lluvias, sino también por las decisiones políticas y por infraestructuras operadas desde EU, y no porque el río haya recuperado su memoria y la naturaleza nos haya querido regalar esas bellas imágenes de un río lleno de agua en los límites de nuestra ciudad.
El control y las decisiones sobre el agua del río Bravo no es algo nuevo, es evidente con splo observar las concentraciones de agua al norte de las compuertas de esa triple frontera, y la sequía permanente del agua superficial al sur.
El Valle de Juárez es un caso extremo, basta darse una vuelta por ese rumbo y cruzar a el valle bajo de El Paso para ver esas asimetrías. En el Valle de Juárez es una situación decadente y triste, ya que ha quedado atrás su belleza que aún muchos recordamos cuando íbamos a las albercas cuando éramos niños.
En contraste, en el valle bajo de El Paso se observa de inmediato el abuso del recurso, al apreciar casi al cruzar por el puente de Tornillo los grandes campos agrícolas verdes y, principalmente, las inmensas huertas nogaleras que demandan agua sin considerar que estamos en uno de los desiertos más áridos de Norteamérica.
Es decir, no se trata solamente de una diferencia paisajística, sino de la expresión territorial de una relación asimétrica sobre el recurso hídrico.
En efecto, nos entusiasmó ver a nuestro río Bravo volver a ser bravo, lleno de agua y de vida en flora y fauna; pero también vimos la realidad de las asimetrías y sus infraestructuras que definen esas circunstancias.
El río Bravo volvió a ser bravo, sí, pero no ha vuelto a ser natural. Por eso, el asunto no es solamente si el río Bravo volvió a ser bravo, sino quién decide cuándo puede serlo.
Ojalá que el río tuviera memoria totalmente natural, y que fuera independiente de las fronteras, de las decisiones del poder y de las condiciones geopolíticas basadas en relaciones asimétricas. Pero el río Bravo ya no tiene solamente memoria natural, ahora también tiene memoria geopolítica.
Sobre el autor: Nacido en Ciudad Juárez, Chihuahua, México, es Licenciado en Sociología por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), tiene estudios de Maestría en Filosofía, es Maestro en Geografía por la Universidad Nacional Autónoma de México y Doctor en Estudios Urbanos, con especialidad en Análisis Territorial, por la UACJ. Actualmente es profesor investigador de El Colegio de la Frontera Norte en la Unidad de Ciudad Juárez, así como profesor invitado en El Colegio de Chihuahua y la UACJ. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores en el Nivel I. Sus líneas de investigación se orientan a la geografía social y cultural, estudios urbanos, dinámicas fronterizas y transfronterizas, y Sistemas de Información Geográfica aplicados a las ciencias sociales.
** “La montaña de Sísifo” alude a una tarea interminable: esforzarse, avanzar y volver a empezar sin alcanzar el objetivo.
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