“Los maestros estamos para transformar, pero en estas condiciones es imposible”, dijo ayer Santiago Maldonado, profesor de la escuela primaria Francisco González Bocanegra, escuela enclavada en la colonia Riberas del Bravo, sector que se ha convertido en reducto de criminales, de acuerdo con información de la Fiscalía y Secretaría de Seguridad Pública Municipal.
En medio de la algarabía, ayer 600 alumnos, 20 maestros y padres de familia, organizaron sus propios festejos revolucionarios entre carencias oficiales que doblegan la intensión de los maestros por forjar mejores ciudadanos.
Mientras la estadística oficial cita a Riberas del Bravo como una zona de alta incidencia en homicidios, robos, asaltos y venta de droga, los maestros se empeñan en cambiar las conductas que muchos de los alumnos ven en sus casas, pero sin recursos y en medio de unas precarias instalaciones, donde incluso la actividad escolar se suspende al meterse el sol por falta de lámparas en los salones.
El entorno de la escuela se describe entre llanos de escombros, camellones sucios y olvidados, así como 4 mil viviendas abandonadas, de las 13 mil 500 que se construyeron hace pocos años en todas las etapas de Riberas del Bravo, de acuerdo a datos de la Comisión Estatal de Vivienda (Coesvi).
En el segundo turno, los estudiantes, que en su mayoría son de condición humilde, reciben por cinco pesos un plato de comida de lunes a viernes, entre 3:00 y las 4:00 de la tarde, alimentos que son preparados por la sociedad de padres de familia, porque hace un mes el Estado decidió quitar los programas alimenticios de la Sedesol, sin que se planteara otro esquema a favor de los estudiantes.
Las aulas se mantienen pintadas porque son los mismos mentores quienes pagan de su bolsa la pintura necesaria, dijo el profesor Maldonado.
Tanto padres de familia como la dirección escolar aportan para el mantenimiento del plantel, pero los robos son constantes y recientemente la escuela fue saqueada por malhechores, quienes se llevaron los calentones.
“Ningún salón tiene calentones… hoy estamos haciendo actividades para poder comprar algún calentador”, indicó el maestro.
Las clases comienzan a las 13:30 y concluyen a las 18:00 horas, pero con el cambio de horario y la falta de luz mantener la clase se vuelve difícil, señala Maldonado.
Es cuestionable –dijo– que los maestros no tengamos apoyo oficial en esta zona, donde incluso se han tenido casos en que los alumnos han sido sorprendidos con drogas.
Como el deber del mentor tiene su esencia en la transformación de las conductas y el aprendizaje, los directivos denunciaron a la Fiscalía lo que estaba sucediendo.
“Las pláticas sólo fueron de un día… los de la Fiscalía nunca volvieron por acá”, dijo el maestro, quien afirmó que el programa que ofrecieron consistía en interactuar con los menores y sus padres a efecto de evitar que los niños cayeran en drogadicción.
Mientras que organiza a los participantes en el desfile del 20 de noviembre, Maldonado expone que no ha sido por falta de ganas el querer sacar adelante a la generación de estudiantes de esa escuela.
“Pero nada podrá trascender si los recursos y programas de atención oficiales no se aplican en las aulas, y se sigue atendiendo sólo con policías el problema de inseguridad en la zona”, dijo.
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