A las cosas por su nombre. El partido que se presenta como “la esperanza de México” ya comenzó a mover sus piezas rumbo a la siguiente gran contienda electoral. Morena no solo afinó su estructura interna: repartió posiciones e incluso hasta se dijo quién tendría el control de la operación política en cada región del país y, de paso, se enviaron señales sobre quiénes podrían tener la llave para definir las candidaturas que estarán en juego en los próximos años.
Todo esto ocurrió en el marco de la VII sesión del Consejo Nacional de Morena, donde en el partido guinda se delineó la arquitectura con la que se pretende encarar las elecciones federales y estatales que se aproximan.
Ayer medios nacionales dieron a conocer que Morena decidió dividir el país en circunscripciones electorales que estarán bajo el mando de coordinadores regionales, operadores políticos encargados de conducir la estrategia territorial de cara a las siguientes batallas en las urnas.
No se trata de cargos meramente administrativos. En la lógica interna del partido en el poder, esos coordinadores serán “generales electorales” responsables de organizar la movilización política, alinear a los liderazgos locales y, sobre todo, supervisar el proceso de encuestas de Morena que definirán quiénes serán los candidatos a cargos de elección popular.
Es decir, en esas posiciones se concentrará una influencia real sobre la selección de aspirantes que competirán por diputaciones federales y, lo que genera mayor expectativa política, por las 17 gubernaturas que estarán en juego en 2027, incluida la gubernatura de Chihuahua.
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En ese supuesto reparto de mandos, Chihuahua quedaría dentro de la Primera Circunscripción, cuyo responsable –según las publicaciones– sería el senador Adán Augusto López. El dato puede parecer técnico para quien observe la política desde lejos, pero dentro de Morena tiene implicaciones evidentes.
El exsecretario de Gobernación Adán Augusto López no es un actor menor dentro del partido guinda y su designación como coordinador regional de Morena coloca bajo su influencia la operación electoral en varios estados del norte del país, incluido Chihuahua.
Hasta ahí podría tratarse de un simple movimiento de organización partidista en Morena. Sin embargo, el contexto político le agregaría otra dimensión al nombramiento.
El mismísimo Adán Augusto López ha manifestado públicamente su simpatía por una de las figuras que buscan la candidatura de Morena al gobierno de Chihuahua: la senadora Andrea Chávez.
No lo ha dicho entre líneas ni en privado. El senador tabasqueño ha declarado abiertamente que, a su juicio, Andrea Chávez es la aspirante mejor posicionada dentro del partido rumbo a la gubernatura de Chihuahua. Incluso fue más lejos al afirmar que, en su opinión, ella terminará siendo la candidata de Morena y eventualmente la próxima gobernadora de Chihuahua.
Formalmente Morena insiste en que sus candidaturas se definirán mediante encuestas. Pero en política las señales pesan tanto como los procedimientos. Y cuando el operador político que tendrá a su cargo la estrategia electoral en la circunscripción donde se encuentra Chihuahua expresa de manera tan directa su respaldo a una aspirante, el mensaje político es inevitable: la cancha parece inclinarse desde antes de que empiece el juego.
Ese escenario abre preguntas incómodas dentro de Morena. Si el responsable de coordinar la operación electoral en el norte del país ya ha manifestado una preferencia, el margen para una competencia interna realmente abierta se vuelve, cuando menos, motivo de suspicacia política.
Lo cierto es que a Mirone, sus picuetas fuentes, le siguen insistiendo que el bueno para la circunscripción 1 no es Adán, sino Ricardo Monreal, a quien –según lo publicado ayer– le asignarán la operación política en Ciudad de México, Guerrero, Hidalgo, Morelos, Puebla y Tlaxcala.
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El asunto adquiere mayor relevancia si Adán se queda con Chihuahua, porque Andrea Chávez no es la única figura que aspira a la candidatura de Morena a la gubernatura.
En esa misma carrera aparece también el presidente municipal de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, quien desde hace tiempo ha dejado claro que buscará competir por la gubernatura de Chihuahua.
El alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, no ha disimulado su intención. Su estrategia de posicionamiento político es visible en el paisaje urbano de Chihuahua, donde decenas de espectaculares promueven su imagen acompañada de los colores asociados a Morena.
Esa presencia permanente ha convertido las avenidas en un escaparate anticipado de la contienda interna de Morena en Chihuahua.
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Pero el tablero político de Morena se mueve más allá de la propaganda. Horas antes del inicio del Consejo Nacional de Morena, Cruz Pérez Cuéllar también realizó un movimiento que muchos interpretaron como una señal de alineamiento político.
El alcalde de Juárez difundió en redes sociales una fotografía de un desayuno con la secretaria de Bienestar, Ariadna Montiel, una de las funcionarias más influyentes dentro del Gobierno federal.
En la reunión también aparecieron figuras clave de Morena en Chihuahua, entre ellas el coordinador de la bancada de Morena en el Congreso del Estado, Cuauhtémoc Estrada Sotelo, y Mayra Chávez, delegada del Bienestar en Ciudad Juárez y aspirante a la candidatura a la alcaldía.
En la política mexicana las fotografías rara vez son inocentes. La imagen del encuentro muestra a los participantes alineados como si se tratara de un equipo político en formación dentro de Morena.
Para quienes siguen de cerca la dinámica interna de Morena, el mensaje es más que claro: el alcalde juarense teje alianzas con uno de los grupos con mayor presencia dentro de la estructura federal.
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Con toda esta actividad, el mapa interno de Morena en Chihuahua parece comenzar a dividirse en dos corrientes políticas.
Por un lado, el bloque cercano a Adán Augusto López, que ha dejado ver su respaldo hacia la eventual candidatura de Andrea Chávez. Por el otro, un grupo que gira alrededor de Cruz Pérez Cuéllar y que empieza a mostrar afinidad con el equipo político encabezado por Ariadna Montiel.
La disputa, en realidad, rebasa el ámbito local. Lo que se perfila en Chihuahua es el reflejo de las tensiones internas que atraviesan a Morena a escala nacional. Dicho en términos simples, los actores políticos del estado parecen quedar enlazados con dos polos de poder distintos: uno que se articula desde el sureste del país y otro que encuentra su centro de gravedad en la estructura política asentada en la Ciudad de México.
La elección de Chihuahua 2027 todavía parece lejana en el calendario electoral. Pero en la lógica de la política mexicana los tiempos reales rara vez coinciden con los tiempos formales. Morena ya comenzó a acomodar a sus generales, a repartir territorios y a delinear su estrategia para la siguiente batalla electoral en Chihuahua.
Y cuando un partido empieza a ordenar su ejército electoral, lo que sigue casi siempre es la lucha por el mando, y en Chihuahua esa disputa ya está en marcha, aunque algunos todavía prefieran fingir que no.
Don Mirone