El brote de sarampión que golpeó a Chihuahua en 2025 no fue un accidente ni un fenómeno aislado. Tuvo una ruta clara, actores identificables y un impacto profundamente desigual. El virus llegó desde Canadá, cruzó por Texas y se introdujo al estado a través de comunidades con movilidad internacional; sin embargo, el costo sanitario no se distribuyó de la misma manera.
Aunque Chihuahua concentró siete de cada 10 contagios registrados en el país y el 84 por ciento de las muertes, el impacto más grave no recayó en las comunidades menonitas, responsables de esa movilidad, sino en los sectores con escasas condiciones de protección: menores de cinco años y pueblos originarios, particularmente la comunidad rarámuri.
El sarampión encontró en Chihuahua un terreno fértil: rezagos acumulados, coberturas de vacunación incompletas y poblaciones históricamente desprotegidas. El resultado fue contundente: el estado concentró la mayor cantidad de contagios y fallecimientos de todo el país.
Más del 80 por ciento de las muertes se registraron en Cuauhtémoc, Nuevo Casas Grandes y la capital, lo que evidencia que el brote no se dispersó de manera homogénea, sino que se ancló en puntos específicos del territorio.
De acuerdo con cifras oficiales de la Secretaría de Salud del Gobierno Federal, de las 25 personas que murieron en México a causa del sarampión durante 2025, 21 eran de Chihuahua, una proporción que por sí sola revela la magnitud del problema en la entidad.
Autoridades del sector salud confirmaron que la cepa que detonó el brote llegó procedente de Manitoba, Canadá, aunque también desde Texas, en Estados Unidos. La movilidad constante entre esos puntos y Chihuahua fue un factor clave en la introducción y propagación inicial del virus.
El grupo social con mayor tránsito entre Canadá, Estados Unidos y el estado fue la comunidad menonita, por lo que se considera que ahí se produjo la introducción del brote durante el primer trimestre de 2025. Esta versión fue confirmada por el secretario de Salud del Gobierno federal, David Kershenobich Stalnikowitz, quien señaló que el sarampión ingresó a México desde Texas, a través de personas que estuvieron en ese estado y regresaron posteriormente a Chihuahua.
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Sin embargo, la tragedia no se concentró en quienes llevaron el virus, sino en quienes menos herramientas tenían para enfrentarlo. Los contagios graves y las muertes se registraron, principalmente entre menores de cinco años y pueblos originarios, de acuerdo con información de las autoridades estatales y federales.
Si el mapa nacional del sarampión coloca a Chihuahua en rojo intenso por su alta propagación, el grupo social que más ha pagado el costo del brote no fue el que tuvo movilidad internacional.
Datos de las secretarías de Salud, estatal y federal, revelan que la gran mayoría de los fallecimientos registrados en la entidad ocurrió entre personas rarámuris, asentadas principalmente en la Sierra Tarahumara.
De las 21 muertes confirmadas por sarampión en Chihuahua, 16 correspondieron a integrantes de esa comunidad, lo que representa cerca del 85 por ciento de la mortalidad registrada durante el brote.
En el momento más crítico de la propagación, la población rarámuri concentró dos factores de alta vulnerabilidad: una gran proporción de menores de edad y bajas coberturas de vacunación previas a la emergencia sanitaria.
A ello se sumaron condiciones estructurales que detonaron el impacto del virus: escaso acceso a servicios de salud, barreras geográficas y condiciones de vida precarias, factores que facilitaron la transmisión y elevaron el riesgo de complicaciones graves.
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La reaparición del sarampión a principios de 2025 no puede entenderse únicamente como un evento sanitario, sino como el resultado de una combinación específica de movilidad internacional, decisiones comunitarias y límites institucionales. La autoridad sanitaria estatal identificó desde el inicio un factor clave: el tránsito constante de comunidades menonitas entre Canadá y Estados Unidos.
De acuerdo con el doctor Gumaro Barrios Gallegos, subdirector de Epidemiología de los Servicios de Salud en Chihuahua, el virus registró repuntes simultáneos tanto en Canadá como en Texas, dos territorios con conexión directa hacia el estado. No se trató, por tanto, de un brote aislado, sino de una extensión de dinámicas epidemiológicas ya activas al norte de la frontera. En Chihuahua, el impacto se concentró con mayor fuerza en Cuauhtémoc, municipio que acumuló las cifras más altas de contagios y fallecimientos.
La comparación con otros brotes registrados en el país refuerza esta lectura. En entidades como Oaxaca se detectaron casos de sarampión asociados a una cepa de origen asiático, la cual fue contenida con relativa rapidez. La variante procedente de Canadá, en cambio, persistió durante varios meses, lo que amplió la ventana de transmisión y elevó su impacto territorial.
Frente a ese escenario, la respuesta institucional se centró en campañas de vacunación y llamados reiterados a la inmunización como principal barrera de contención. Sin embargo, en las comunidades menonitas —identificadas como el principal punto de introducción del virus— la aceptación de la vacuna no acompañó esos esfuerzos.
El titular de la Secretaría de Salud del Estado, Gilberto Baeza, reconoció que los campos menonitas permitieron el ingreso de brigadas sanitarias, pero sin asumir la vacunación como una acción colectiva. La decisión quedó en el ámbito individual: se permitió ofrecer la vacuna, pero no se promovió su aplicación entre los miembros de la comunidad, aunque sí entre trabajadores.
Esa distancia entre la estrategia sanitaria y la decisión comunitaria marcó un límite claro a la contención temprana del brote. Mientras la autoridad insistía en la vacunación como única vía para frenar la propagación, la renuencia persistió en el grupo con mayor movilidad internacional.
Las cifras finales evidencian el resultado de esa asimetría. De las 21 muertes registradas en Chihuahua, tres correspondieron a personas menonitas. El resto del impacto mortal se desplazó hacia otros sectores.
Por cada menonita fallecido, cinco rarámuris perdieron la vida a causa del sarampión.
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Aunque las autoridades estatales y federales intensificaron las campañas de vacunación —con brigadas móviles y acciones en lenguas indígenas para cerrar brechas de inmunización, particularmente en la Sierra Tarahumara y zonas rurales—, el sarampión no desapareció. La contención del brote no significó su erradicación.
Los registros de 2026 confirman ese límite. En enero, Chihuahua reportó nueve casos probables y cinco confirmados, sin fallecimientos, de acuerdo con datos de la Secretaría de Salud federal. La cifra es menor a la del año previo, pero suficiente para evidenciar que el riesgo sanitario sigue activo.
El comportamiento nacional refuerza esa lectura. El rebrote más significativo se presentó en Jalisco, donde se contabilizaron 2 mil 244 casos sospechosos y mil 183 confirmados, también sin muertes hasta el último corte. A escala país, se registraron 5 mil 606 casos probables y 2 mil 27 confirmados, con cuatro fallecimientos y una tasa de 1.51 contagios por cada 100 mil habitantes, muy por debajo del índice de 2025, que fue de 4.5.
La persistencia de contagios en 2026 deja claro que el reto sanitario va más allá de la disponibilidad de vacunas. La contención depende de factores que no se resuelven únicamente con biológicos: barreras culturales, condiciones geográficas y el acceso desigual a servicios básicos siguen determinando quién se protege y quién queda expuesto.
Por ello, la vigilancia epidemiológica se mantiene activa en todo el estado, con protocolos orientados a detectar, notificar y contener nuevos casos antes de que escalen a brotes de mayor magnitud.
Autoridades federales reconocieron que el brote de sarampión en Chihuahua pudo ser contenido gracias a campañas intensivas de vacunación que incluyeron a trabajadores migrantes que arribaron a la entidad. Sin embargo, también admitieron que el origen del problema se remonta a un rezago previo.
Durante la conferencia mañanera del 23 de septiembre de 2025, el secretario de Salud explicó que la expansión del brote estuvo directamente relacionada con la interrupción de los esquemas de vacunación durante la pandemia de Covid-19.
“Muchos niños no acudieron a vacunarse como ocurría normalmente y hoy se les ha tenido que aplicar la vacuna a una edad más avanzada”, señaló.
En ese contexto, Gilberto Baeza informó que, antes del inicio del ciclo escolar 2025-2026, se aplicaron cerca de 700 mil vacunas en todo el estado, no solo a menores, sino a población de distintas edades. Además, el primer día de clases, las Secretarías de Salud y de Educación y Deporte desplegaron brigadas en planteles escolares para evitar que niños y jóvenes regresaran a las aulas sin protección.
El sarampión, explican especialistas, inicia como un resfriado común. Después aparecen las manchas rojas y, en algunos casos, las complicaciones severas. Puede causar la muerte o dejar secuelas permanentes.
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Después del brote, lo que queda a prueba no es la capacidad de reacción, sino la voluntad de no repetir el abandono. El sarampión expuso una verdad incómoda: cuando la emergencia baja, los más vulnerables vuelven a quedar fuera del radar. Apostar al olvido es también una forma de decisión pública.
Las cifras demostraron que la enfermedad no golpea al azar. Golpea donde hay rezago, distancia, barreras culturales y ausencia de servicios. Golpea donde la voz no alcanza a cruzar la sierra ni a entrar a las mesas de decisión. Por eso, contener no basta. Vacunar no basta. Informar no basta si, pasado el ruido, se retiran los recursos, las brigadas y la atención sostenida.
Las autoridades de salud están obligadas a asumir que la prevención no puede ser episódica ni reactiva. La Tarahumara no puede seguir siendo territorio de intervención solo cuando hay muertos. La vigilancia, la vacunación y el acceso efectivo a servicios deben mantenerse cuando ya no hay titulares, cuando el tema dejó de ser tendencia.
El riesgo de nuevos brotes sigue ahí, pero el riesgo mayor es otro: normalizar que los vulnerables solo importan cuando la tragedia estalla. Si la autoridad vuelve a mirar hacia otro lado, el terreno seguirá fértil. Y la próxima vez, el saldo volverá a caer sobre quienes no tienen voz, ni tribuna, ni margen para esperar.
Don Mirone