El “WC-gate” —literalmente hablando— por la aprobación del Paquete Económico 2026 del Gobierno del Estado de Chihuahua sigue dando de qué hablar y, conforme pasan los días, empiezan a asomar con mayor nitidez los orígenes de una discordia que tiene a la bancada de Morena no solo en vilo, sino en abierta implosión.
La versión fácil ya nos la sabemos: que las diputadas Rosana Díaz y Edith Palma, ambas de Morena, se ausentaron de la sesión justo cuando se iba a votar la contratación de un crédito por 3 mil millones de pesos y la reestructuración de la megadeuda estatal, que supera los 55 mil millones.
Eso ya está contado. También el linchamiento inmediato contra las dos diputadas que, según su versión, tuvieron que ir al “WC” y que, con esa ausencia, abrieron la puerta para que el bloque oficialista alcanzara los dos tercios de la votación.
Lo que vino después no fue menor: una cadena de escaramuzas, señalamientos con sordina y acusaciones apenas disimuladas contra las dos legisladoras, acompañadas de una fractura abierta —y ya inocultable— al interior del grupo parlamentario de Morena.
La pregunta clave es otra: ¿dónde se originó realmente todo este zipizape?
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Fuentes consultadas por este Mirone aseguran que hubo una “mano negra” —¿o mano guinda?— detrás de la campaña de linchamiento digital contra Díaz y Palma, la cual se activó en redes sociales apenas minutos después de que el paquetazo de deuda fue aprobado.
Los dedos flamígeros apuntan hacia la dirigencia estatal morenista y, con nombre y apellido, hacia Brighite Granados, la presidenta del partido, quien no perdió tiempo en lanzar mensajes de reprobación por lo que calificó como una “facilitación” de la mayoría calificada al PRIAN y su fauna aliada.
No terminó de redactar esos mensajes cuando Brighite ya estaba escalando la queja hasta la dirigencia nacional. El resultado fue inmediato: Luisa María Alcalde, desde las alturas del partido en el poder, lanzó una condena pública contra sus dos diputadas “ausentes”.
Todo ese remolino mediático, ese fusilamiento digital perfectamente sincronizado, ocurría mientras la sesión del Congreso del Estado del 17 de diciembre de 2025 seguía su curso.
Mientras los diputados morenistas —incluidas las dos ya sentenciadas en redes— subían a tribuna a presentar reservas y discursos contra el Paquete Económico, en el mundo virtual sus compañeras eran crucificadas sin derecho a audiencia.
¿Y qué vino después? Lo que ya es conocido: los otros 10 diputados de Morena difundieron un comunicado en el que condenaban la actuación de Díaz y Palma y, de paso, se deslindaban casi por completo de la aprobación del “paquetazo”.
Fue el clásico “nosotros no fuimos, díganle a ellas”. Con letras grandes y manos limpias.
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Más allá de las maniobras que seguramente se operaron desde Palacio de Gobierno para asegurar los votos de su proyecto económico 2026, del lado morenista lo que aflora es una lucha sin cuartel entre tribus por el control del partido en Chihuahua, con la mirada puesta en el proceso electoral de 2027 y en la disputa por las candidaturas. Casi nada: está en juego la sucesión en el Gobierno del Estado.
Lo que le terminan de contar a este Mirone metiche y bien informado es que la embestida contra las diputadas que fueron al WC tuvo un sello claro: la inició Brighite, la amplificó Brighite y la mantuvo viva Brighite.
La denuncia para expulsar a Díaz y Palma no partió de Cuauhtémoc Estrada ni del grupo parlamentario. No. Se gestó desde un órgano del Comité Estatal, es decir, desde la estructura que preside Granados.
¿El objetivo? Golpear a Cuauhtémoc y al bloque de diputados que coordina, identificados como cercanos a Ariadna Montiel, la supersecretaria de Bienestar, quien tiene las manos bien metidas —y no de manera discreta— en el armado rumbo a 2027.
¿Ya se va entendiendo el mapa?
Si así se están dando los codazos en el camino, no hace falta imaginar cómo estará el rancho.
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A Mirone le llegó el dato de que la denuncia presentada por los abogados Óscar Castrejón y Marcelo Valenzuela no va, necesariamente, dirigida solo contra la magistrada Nancy Escárcega, sino contra todo el órgano disciplinario del Poder Judicial de Chihuahua, que —por lo visto— no solo se hace como que le habla la Virgen, sino que además parece traer el celular en modo avión.
Como es sabido, el secuestrador Édgar Hernán Escárcega Valenzuela, sentenciado a 37 años de prisión por el delito de secuestro, recibió el beneficio de la preliberación, mediante el cual únicamente estaría obligado a recluirse en el Cereso No. 1 de Chihuahua los fines de semana.
Ese fallo —que en los hechos equivale a salir a caminar por la calle cinco de los siete días de la semana, o 261 días del año— fue emitido por el juez Juan Carlos Erives Fuentes el 18 de septiembre de 2025, es decir, apenas 18 días después de que la hermana del sentenciado, Nancy Josefina Escárcega Valenzuela, asumiera como titular de la Cuarta Sala del Tribunal de Disciplina del Poder Judicial del Estado.
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Ante la probable presencia de un acto de tráfico de influencias en favor del hermano de la magistrada recién instalada, los abogados de marras presentaron una denuncia ante el Tribunal de Disciplina del Poder Judicial, integrado por cinco magistrados… incluida la propia Nancy Escárcega.
A ver si entendimos bien: denuncian el caso del hermano de una magistrada ante el tribunal donde ella misma vota y decide.
No es chiste.
¡Viva el juicio imparcial!
En su querella, los denunciantes solicitaban que se analizara y, en su caso, se sancionara la actuación del juez Erives, quien otorgó el beneficio sin haber tomado en cuenta la opinión de las víctimas y con base en un estudio de personalidad presuntamente caduco.
Y, por supuesto, pedían que se investigara si existió alguna intervención de la magistrada en favor de su hermano. Nada extraordinario: solo lo elemental cuando se trata de justicia y no de parentescos.
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La escandalera que se armó a propósito de estos fallos judiciales —que beneficiaron al victimario y no a las víctimas— fue resonante y alcanzó incluso a medios de alcance nacional.
Sin embargo, la nueva denuncia presentada por Castrejón y Valenzuela ya no va directamente contra la magistrada, sino contra todo el Tribunal de Disciplina del que ella forma parte. ¿La razón? Han pasado cuatro meses desde que se solicitó investigar la actuación del juez Erives y, hasta ahora, no hay un solo dato público sobre esa indagatoria. Ni un oficio, ni un posicionamiento, ni una explicación.
La tardanza, sumada a los lazos familiares que atraviesan el caso, ha generado entre los promoventes —y en una parte de la opinión pública— la percepción de que existe un halo protector dentro del Poder Judicial. Un manto invisible, pero eficaz.
Por eso decidieron tocar otra puerta: la de la Fiscalía Anticorrupción, para que sea esa instancia la que investigue lo ocurrido.
A ver si allá sí se dan una chancita de entrarle al tema… aunque sea por vergüenza institucional.
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Como que los filtros del Instituto Mexicano del Seguro Social, el famoso “Seguro”, no andan muy finos que digamos, a la hora de asignar cargos de relevancia a quienes van a dirigir —o administrar— espacios de promoción cultural.
Por ahí se les coló un individuo de nombre Jesús Antonio Cano Nicolás, quien hace gala de machismo, misoginia y hasta de una preocupante ignorancia sobre el funcionamiento del propio Seguro. Eso sí: bien puesto está en el cargo de administrador del Teatro de la Nación del IMSS.
Este Mirone se topó recientemente con el perfil de Facebook del citado Cano Nicolás, actual administrador de ese recinto cultural, y lo que encontró fue una colección de expresiones misóginas y machistas que harían palidecer incluso a los mensajes del Chicharito Hernández, aquellos donde se aventaba a dar instrucciones sobre cómo “ser mujeres”.
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El pispireto ojo mironiano se dio a la tarea de revisar con calma el perfil del tal Cano Nicolás, y lo que aparece ahí es, sin exagerar, un catálogo de expresiones sexistas y tendenciosas: bromas de mal gusto, comentarios discriminatorios y hasta mofas dirigidas a astronautas mujeres que recientemente realizaron una caminata espacial.
Sin darle muchas vueltas, Cano Nicolás reduce a la mujer a un objeto sexual, cuestiona su inteligencia y se burla de las feministas, a quienes llama “estúpidas” y “feminazis”. Todo muy acorde —dirán algunos— con alguien encargado de un espacio cultural… del Seguro Social.
Aquí cabe una pregunta directa a la dirección nacional del IMSS: ¿No existe un área específica para atender temas de igualdad de género? ¿O de plano así dejaron entrar a un personaje como este? Y, de paso, ¿esa será también la actitud con la que se tratará a personas de la diversidad sexual cuando acudan a una consulta médica?
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Pero lo que más llamó la atención de este Mirone, por su desfachatez y —digámoslo claro— por su falta absoluta de respeto, fue un mensaje publicado el 6 de noviembre pasado.
“Literalmente por ti no trago… pendejos”, escribió el joven administrador, quizá en un intento por justificar su salario o por explicar —al calor del enojo— que las aportaciones de los derechohabientes no tienen nada que ver con su pago.
Tal vez la novatez en el cargo lo cegó y lo hizo pensar que puede expresarse así, calificando de “pendejos” a los ciudadanos que quincenalmente ven descontado de su nómina un porcentaje que va directo al IMSS.
Conviene recordarle algo básico: todo funcionario, sin importar el cargo que ostente o la jerarquía que tenga, se debe al ciudadano, al servicio público y al bienestar social desde la trinchera que le toque.
Habrá que ver si los altos mandos del Seguro toman nota del comportamiento del tal Cano Nicolás, o si, de una vez, le avisan a la comunidad que así se va a llevar de ahora en adelante.
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En Juárez casi nunca llueve, pero cuando ocurre, la ciudad entra en crisis. No importa si es verano de lluvias torrenciales o invierno de lloviznas lentas y constantes: el resultado es el mismo: calles colapsadas, vialidades intransitables, riesgos para peatones y automovilistas, y una sensación generalizada de que la ciudad no fue pensada para resistir ni siquiera lo poco que cae del cielo.
Circular por las calles se vuelve un acto de fe y trasladarse —por necesidad— de un punto a otro de la ciudad, una misión imposible. El problema no es la lluvia, sino todo lo que no se hizo antes de que lloviera.
Es entonces cuando los juarenses recuerdan, de golpe, todo lo que le duele a la ciudad: el olvido acumulado, los errores de planeación, las omisiones históricas en materia de desarrollo urbano y la costumbre institucional de tapar baches sin pensar en lo que corre debajo del asfalto.
Cada lluvia funciona como una auditoría natural. Que quede claro, la lluvia no inventa problemas: los exhibe. Revela dónde no hay drenaje pluvial, dónde las pendientes están mal resueltas, dónde se autorizó construir sin pensar en escurrimientos y dónde se pavimentó sin una lógica integral. Todo eso que no se ve en temporada seca, aflora cuando el cielo se abre.
Aun cuando el temporal cayó en fin de semana, un gran número de juarenses resultó afectado. Hubo quienes batallaron para llegar a sus trabajos, quienes tuvieron que cancelar compromisos y quienes, simplemente, se quedaron varados en una ciudad que se vuelve hostil cuando el agua corre por donde no debería. ¡Gracias a Dios que no heló, porque esa sería otra historia!
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Las autoridades, mientras tanto, reaccionaron como siempre, a la defensiva. Operativos improvisados, recorridos cuando el daño ya está hecho y discursos que apelan a lo extraordinario del fenómeno, como si la lluvia fuera una sorpresa en pleno siglo XXI.
La apuesta volvió a ser la misma de siempre: la desidia institucional, esa idea cómoda de que en este Valle de Dios “casi nunca llueve” y, por lo tanto, no vale la pena invertir, planear o corregir a fondo. El problema es que cuando sí llueve, el costo lo pagan los ciudadanos, no los escritorios.
Mirone lo tiene muy claro: Juárez no colapsa por el agua. Colapsa por la falta de planeación, por décadas de permisos mal otorgados, por fraccionamientos que crecieron sin infraestructura, por vialidades pensadas solo para el coche y no para el drenaje, y por Gobiernos que prefieren reaccionar cada año, cuando el problema está encima.
Cada temporada de lluvias confirma lo mismo: el caos es estructural. Y mientras no se entienda eso, la ciudad seguirá siendo frágil frente a cualquier nube cargada.
Don Mirone