A lo largo de medio siglo, en el corazón del Mercado Cuauhtémoc, hubo una presencia que no se apagaba. Era pequeña, firme, incansable. Respondía al nombre de María Soledad, pero toda Ciudad Juárez la conoció como Doña Chole, la mujer que convirtió una fonda en un refugio y un local del mercado en parte esencial de nuestra identidad fronteriza.
Ayer, 12 de diciembre, a sus 87 años, Doña Chole se fue. Y con ella, una manera de entender la ciudad.
Su presencia era inconfundible. En la crónica que Norte Digital publicó hace algunos años se la describía con una nitidez entrañable: sonrisa desenfadada, pelo corto y bien peinado y ojos grandes.
Era la señora que sabía el nombre de sus clientes, que servía menudo a los desvelados, enchiladas a los oficinistas y calditos a quienes buscaban consuelo más que comida. Por ella pasaron miles de historias, y fue testigo de generaciones que crecieron, regresaron y volvieron a encontrarse alrededor de su barra, disfrutando su comida.
Fue una mujer de carácter, que conoció todas las batallas. Sobrevivió dos incendios que devoraron por completo el mercado Cuauhtémoc, crisis económicas, remodelaciones interminables y la pandemia que dejó su fonda vacía por primera vez en medio siglo.
Aquella imagen —la de su figura delgada y erguida en la escalinata, mirando un mercado desierto— quedó grabada en el archivo emocional de la ciudad.
“Nunca había visto algo así… sí, dos incendios, pero esto no”, dijo entonces al periodista de Norte, Luis Villagrana (+).
Y aun así resistió. Porque para ella, cerrar no era opción: “Esto es mi vida, mijo… sin comunidad, no hay espíritu.”
Doña Chole nació en 1938, en un Juárez que apenas buscaba su propio futuro. Con el tiempo, su cocina se convirtió en un punto de encuentro para trabajadores, comerciantes, estudiantes, policías, periodistas, familias completas y hasta turistas que cruzaban desde El Paso para probar la comida “de casa” que solo ella sabía preparar.
Su fonda era el sitio donde el juarense podía llegar con hambre, con prisa, con tristeza o con celebración, y siempre encontrar algo más que alimento.
Hoy el Mercado Cuauhtémoc baja el ritmo. Sus pasillos guardan silencio y la ciudad reconoce la ausencia de una mujer que acompañó a Juárez durante más de medio siglo. Doña Chole se fue, pero queda en la memoria de quienes la trataron, en los sabores que compartió y en el espacio que ayudó a construir con trabajo y constancia.
Descanse en paz, Doña Chole.
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