Alrededor de la escuela donde estudiaba la niña que murió por rickettsiosis en septiembre de 2025, en la zona conocida como Los Kilómetros, operan al menos seis marraneras asentadas en una zona de reserva ecológica, donde el ordenamiento urbano establece que no debería existir más que paisaje semidesértico.
El caso no solo expone una emergencia sanitaria. Revela el costo acumulado del abandono de la planeación urbana y del uso de suelo tolerado al margen de la ley. Un desorden que hoy cobra vidas y que recuerda —como lo explicó el profesor universitario Gabriel García en un foro reciente— la alegoría del Buen y Mal Gobierno pintada en la Siena medieval: cuando el poder administra mal el territorio, el daño se vuelve colectivo.

Un territorio que enferma
La Escuela Primaria Socorro Rivera, ubicada al pie de la carretera a Casas Grandes, al sur de las instalaciones de Pemex, se encuentra rodeada de criaderos de cerdos, granjas improvisadas y depósitos de residuos industriales, sin restricción alguna, pese a que el Plan Director de Desarrollo Urbano Sostenible (PDUS) clasifica la zona como de conservación.
La comunidad vive en pobreza extrema, sin drenaje sanitario, sin pavimento y con agua distribuida mediante pipas de la JMAS. Las calles de tierra, la presencia de jaurías y la proliferación de roedores crean un entorno ideal para la reproducción de garrapatas, principales transmisores de la rickettsia.
Tras la muerte de Zafiro Jazmín, alumna de quinto grado, la reacción llegó primero desde la escuela. Padres de familia y directivos acordaron entregar y recibir a los alumnos en la puerta para evitar el ingreso de perros. Con apoyo municipal, limpiaron patios y retiraron escombro y basura para frenar la proliferación de plagas.
“En la escuela no hay garrapatas”, aseguró el director Luis Peinado, aunque reconoció que los olores permanentes de una marranera ubicada a espaldas del plantel son imposibles de ignorar.
Después del caso, autoridades municipales y estatales realizaron fumigaciones, retiraron perros agresivos y especialistas ofrecieron recomendaciones. Pero el riesgo reaparece apenas se cruza la reja del plantel.
“Los Kilómetros son Los Kilómetros”, resumió Peinado. “Sin agua entubada, sin drenaje, sin pavimento, sin nada”.
Desde el sector salud, autoridades reconocieron que el problema no es solo médico, sino social: jaurías, roedores, residuos y abandono urbano forman parte de una misma ecuación de riesgo.

El futuro prometido y el dilema urbano
Paradójicamente, esta misma zona figura hoy en los planes de expansión y desarrollo económico de los tres niveles de Gobierno. Proyectos oficiales contemplan la introducción de agua potable, la compra de reservas territoriales y la instalación de un Polo Estratégico de Desarrollo Económico, con industrias de alta tecnología.
Funcionarios municipales han cuestionado la narrativa sostenida durante años sobre la supuesta imposibilidad técnica de llevar agua entubada a Los Kilómetros. El problema, admiten ahora, ha sido la falta de voluntad política.
El PDUS 2040 abrió la puerta a un crecimiento urbano extensivo y a la expansión industrial vinculada al nearshoring. Sin embargo, urbanistas advierten que antes de seguir extendiendo la mancha urbana, Juárez debería reparar lo que ya existe.
En una ciudad donde la vivienda sobra, la prioridad —señalan— debería ser invertir en infraestructura, servicios y espacios públicos en zonas marginadas como Los Kilómetros, donde el abandono se traduce en enfermedad.


El territorio como espejo del poder
En la Siena del siglo XIV, la alegoría del Buen y Mal Gobierno advertía que las decisiones públicas no eran abstractas: se reflejaban en las calles, en los campos, en la salud y en la vida —o la muerte— de quienes habitaban la ciudad. El mal gobierno traía ruina, enfermedad y desorden; el buen gobierno, equilibrio y bienestar común.
Siglos después y a miles de kilómetros de distancia, Los Kilómetros de Ciudad Juárez repiten la escena. Marraneras toleradas en zonas de reserva, asentamientos sin servicios básicos y una planeación urbana que llega tarde —cuando llega— confirman que aquí también el territorio es el espejo del poder.
La rickettsia no apareció por azar. Encontró un entorno construido desde la omisión, sostenido por la indiferencia y normalizado por años de desorden. La muerte de una niña no fue un caso aislado, sino la consecuencia más dura de una ciudad mal administrada en sus márgenes.
Como en Siena, la pregunta no es solo qué enfermedad enfrentamos, sino qué tipo de Gobierno decide sobre la ciudad que estamos construyendo, porque cuando el mal gobierno se vuelve paisaje, la enfermedad deja de ser excepción y se convierte en destino.