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Crónica sobre esos valientes que se atreven a manejar sobre calles que colapsan cada que llueve

Mientras las cuadrillas de la JMAS trabajan a contrarreloj, los juarenses vuelven a manejar con temor; tres días de lluvia bastaron para que dieciocho heridas se abrieran en las calles de Ciudad Juárez

Por Francisco Luján | Norte Digital | 9:23 am 15 octubre, 2025

Cada vez que el cielo se abre sobre Juárez, la tierra responde. En apenas tres días de lluvia, el pavimento se partió en diez calles y dejó al descubierto dieciocho hundimientos. El asfalto cedió, el drenaje colapsó y la ciudad volvió a enfrentarse con su reflejo más precario: un suelo que se deshace, un temor que se repite y una costumbre que no debería serlo.

Las recientes lluvias de octubre fueron calificadas por las autoridades como una tromba. Cayeron más de 26 litros por metro cuadrado, sobre todo en los alrededores del Parque Borunda y las zonas más urbanizadas. La ciudad, sin infraestructura pluvial suficiente para conducir ese volumen de agua, descargó toda la presión sobre su sistema de drenaje sanitario. Lo que no resistió, simplemente colapsó.

En el cruce de la avenida Manuel J. Clouthier y la calle Mitla, el suelo se abrió sin previo aviso y tres vehículos fueron tragados por un socavón: un Pontiac gris, un Focus rojo y una camioneta F-150. Los conductores salieron ilesos, pero el pavimento quedó destruido. En la superficie, parecía un accidente; debajo, era el síntoma de un sistema agotado.

Los vecinos se agolparon en las banquetas. Algunos grababan con el celular, otros observaban con la resignación de quien ya ha visto la escena demasiadas veces. Las grúas llegaron, los mecánicos improvisaron maniobras sobre el lodo y las cuadrillas de la JMAS intentaron contener lo que ya se había desbordado: no solo el agua, sino el deterioro que la lluvia deja al descubierto.


La ciudad que se abre

Durante el fin de semana se registraron hundimientos en distintos puntos: María Edme Álvarez, Carlos Amaya y Ramón Alcázar; el eje vial Juan Gabriel y Madero; Líbano, Jacinto Benavente, René Mascareñas y Hagámoslo Juntos; además de las calles Azafrán y Capulín en el sector de El Granjero, donde toda una línea de drenaje cedió bajo la presión.
El caso más grave ocurrió en la calle Artículo 39, una vialidad densamente habitada que atraviesa los fraccionamientos Los Lagos y Álamos de San Lorenzo. Ahí, el colector principal —un tubo viejo de más de cuatro décadas— no soportó la fuerza del agua.

En total, fueron diez calles afectadas y dieciocho hundimientos documentados. La ciudad quedó marcada con huecos en distintos barrios: norte, sur, poniente. Cada uno de ellos cuenta una historia de abandono y desgaste; una línea más en el mapa de las fallas que se acumulan bajo la superficie.

El director ejecutivo de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento, Sergio Nevárez Rodríguez, aseguró que las cuadrillas comenzaron las reparaciones de inmediato.

“No vamos a descansar hasta concluir los trabajos en todas las secciones de tubería dañadas por la presión de las descargas pluviales”,
declaró, al tiempo que confirmó que las obras se realizan con recursos propios del organismo.
La prioridad —dijo— es restaurar el servicio, aunque reconoció que el sistema de drenaje sanitario está sobrepasado y viejo.

Nevárez explicó que las lluvias extraordinarias saturan los colectores porque la ciudad no cuenta con drenaje pluvial. Lo que debería correr por canales o alcantarillas pluviales termina dentro de las tuberías sanitarias, que no están diseñadas para soportar ese caudal. Así, el agua se infiltra, rompe tuberías y arrastra tierra hasta crear vacíos subterráneos que tarde o temprano se hunden.

Mientras tanto, en campo, la directora de Operaciones de la JMAS, Paola Moreno, informó que trabajan simultáneamente en seis de los dieciocho hundimientos —entre ellos los de Clouthier, Carlos Amaya y Borreguero—, donde ya sustituyeron tuberías y reconstruyeron el pavimento. Los demás serán atendidos conforme avancen las reparaciones más urgentes.


La fragilidad que la lluvia revela

Protección Civil mantiene la alerta amarilla. Su director, Sergio Rodríguez, advirtió que el ablandamiento del suelo sigue generando riesgo y pidió a los automovilistas y peatones extremar precauciones. Las zonas dañadas fueron señalizadas, pero el peligro permanece oculto, bajo el asfalto.

“Hay que transitar lejos de los hundimientos. Aunque el agujero de arriba parezca chico, por abajo puede ser gigante”,
alertó el funcionario.

Pidió también a la población abstenerse de tirar basura y escombro a las calles, pues los residuos taponan los drenajes y agravan los colapsos. De momento, no se han registrado víctimas, pero sí varios accidentes automovilísticos por los desperfectos en la red sanitaria.

Las cifras lo confirman: de los 5 mil 700 kilómetros de tubería que recorren la ciudad, al menos 200 están completamente colapsados. El resto ha superado su vida útil de más de 40 años. El sistema da servicio al 92 por ciento de la mancha urbana, con más de medio millón de conexiones entre viviendas, comercios e industrias. El costo estimado de una renovación total asciende a 20 mil millones de pesos.

Cada temporal funciona como radiografía: muestra el deterioro que se oculta bajo la rutina. Sedimentos, basura, escombros y presión de agua que rompen las líneas del drenaje. Lo que el ojo no ve, el agua lo expone.

“Pese a los esfuerzos, el deterioro continúa y no hay inversión inmediata que pueda repararlo”,
reconoce la propia JMAS en sus informes internos.


La ciudad que se sostiene a medias

Las cuadrillas trabajan día y noche. Las máquinas excavan, los autos desvían su ruta y la vida continúa sobre un suelo cansado. Las reparaciones avanzan, pero el problema no se agota. Cada vez que llueve, el asfalto se ablanda, los conductores disminuyen la velocidad y la ciudad se tensa. Los juarenses ya no temen al cielo: temen al suelo.

Porque aquí, cuando cae agua, el miedo no viene de arriba. Está debajo: en las tuberías reventadas, en los colectores viejos, en los vacíos invisibles que sostienen a una ciudad que sigue andando como puede.

Las lluvias pasaron, pero el eco sigue. Las calles amanecen parchadas, la humedad no se va, el pavimento cruje. Juárez sobrevive a su propio peso, entre reparaciones que se repiten y promesas que no alcanzan.
Los hundimientos son un temor temporal, sí. Pero el abandono que los provoca, ese, no se va con la lluvia.

Las heridas que dejó la lluvia

  • 3 días de lluvias continuas bastaron para que colapsara parte del sistema sanitario.
  • 26 litros por metro cuadrado fue la precipitación registrada durante la tromba de octubre.
  • 10 calles resultaron con daños severos por hundimientos y fracturas del pavimento.
  • 18 hundimientos documentados en distintos sectores de la ciudad.
  • 3 vehículos fueron tragados por un socavón en el cruce de Clouthier y Mitla.
  • 5,700 kilómetros de tuberías integran la red sanitaria de Juárez.
  • 200 kilómetros de esa red están totalmente colapsados.
  • Más de 40 años tiene la infraestructura de drenaje en promedio.
  • 92 % de la mancha urbana depende del sistema sanitario actual.
  • Más de 500 mil conexiones abastecen viviendas, comercios e industrias.
  • 20 mil millones de pesos costaría renovar completamente la red de drenaje.
  • 6 cuadrillas trabajan actualmente en los puntos más críticos.
  • Protección Civil mantiene alerta amarilla por el ablandamiento del suelo.
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