La desesperación de una mujer que pedía ayuda desde la ventanilla de un automóvil fue suficiente para que Gerardo Cobos Sáenz cambiara el rumbo de su camino. La tarde del sábado, cuando la corriente del arroyo de las Víboras amenazaba con llevarse a una familia entera, el operador de Concretos del Bravo decidió acercarse con su camión para ayudarlos a salir.
Gerardo, de 50 años, había terminado su jornada laboral y se dirigía a las instalaciones de la empresa cuando se encontró con la escena. Primero notó que los automovilistas comenzaban a desviarse hacia el carril central; después, al avanzar, descubrió que el agua había cubierto el paso y que varios vehículos estaban detenidos.
A unos 100 metros de distancia vio un automóvil atrapado por la corriente. Una mujer vestida de amarillo se asomaba por la ventanilla para pedir auxilio.
“Yo dije: ‘Pues es una pareja’. Nunca me esperé que fuera una familia completa”, expresó.

Dentro del vehículo estaban nueve personas: cuatro adultos y cinco menores, entre ellos tres niños y dos bebés. Habían viajado desde El Paso para visitar a su abuela en la colonia Felipe Ángeles, pero la tormenta detuvo su camino.
El automóvil había sido arrastrado por la corriente hasta quedar atorado contra un tope, y una pequeña barda impedía que el agua se lo llevara. Los ocupantes no podían bajar sin arriesgarse a ser arrastrados también.
Gerardo relató a Norte Digital que acercarse no era sencillo. La corriente podía desestabilizar su propio camión y empujar a la familia hacia la corriente. Por eso, antes de avanzar, buscó el tramo donde el agua fuera más baja y maniobró para aproximarse con cuidado.
Recordó que, antes de acercarse, se preguntó a sí mismo: “¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer?”, en aquellos momentos en los que decidió intentar el rescate.
Primero los niños, hasta poner a los nueve a salvo
Una vez cerca, acomodó su camión y se acercó al automóvil. Relató que el agua se estancaba en su vehículo y ya no en el de la familia. Los pequeños comenzaron a salir por la ventana; él los recibía y los ayudaba a ponerse a salvo, uno después de otro.
Primero salió un niño que se veía muy desesperado; después le fueron pasando a las niñas y a los demás integrantes de la familia. En medio de la prisa, llegaron los bebés.
Uno tenía aproximadamente seis o siete meses. Luego le entregaron otro tan pequeño que temió lastimarlo al sostenerlo, mencionó.

“Me dieron una bebé como de seis, siete meses y luego me dan otra así, chiquitita, que apenas la agarraba y la sentía, así como: ‘¡Ay, se me va a desbaratar!’”, agregó.
Cuando los menores estuvieron arriba, los adultos comenzaron a pasar hacia la parte segura del camión. La última fue una mujer de alrededor de 55 o 60 años, quien le advirtió que las piernas no le respondían.
Gerardo le pidió que se mantuviera firme porque la corriente seguía subiendo y podía llevársela.

Con ayuda de uno de los familiares, la mujer consiguió subir. Así, uno a uno, los nueve integrantes lograron abandonar el automóvil y ponerse a salvo.
El rescate no fue una maniobra planeada ni parte de su trabajo habitual. Gerardo se dedica a conectar su camión en los dompes de material de construcción y después lo vacía en losas.
Sin embargo, aquella tarde, su camión sirvió para resguardar a una familia que no encontraba cómo escapar y cuyos integrantes tampoco esperaban que la madre naturaleza los llevara a una situación de peligro.
Ayudar a otros ya era parte de su camino
Gerardo contó que no conocía a las personas que estaban dentro del automóvil. Tampoco se acercó con la intención de recibir reconocimiento. Lo hizo porque vio a una mujer desesperada y temió que intentara salir por su cuenta, exponiéndose a la corriente.
“Yo lo único que hice es porque yo vi desesperada a la muchacha cuando se asomó, pensé que se iba a aventar”, explicó.

La dimensión de lo ocurrido la comprendió después, cuando comenzaron a llegarle mensajes y leyó los comentarios de personas que agradecían su intervención. Fue entonces cuando, según dijo, estuvo a punto de llorar al recordar lo sucedido.
Aunque ya había auxiliado a otras personas en una emergencia vial, aseguró que nunca había enfrentado una situación de esa magnitud.
Su experiencia también le dejó una advertencia para quienes quieran ayudar en circunstancias similares, pues recalcó que primero hay que pensar en los riesgos antes de actuar, porque una maniobra impulsiva puede poner en peligro tanto a quien necesita ayuda como a quien intenta brindarla.
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