La reciente crisis aérea en la frontera Juárez-El Paso no es, para la especialista en temas binacionales Guadalupe Correa, un hecho fortuito ni un error operativo.
A su juicio, los episodios registrados en las últimas horas forman parte de una narrativa impulsada por el presidente Donald Trump, orientada a construir el escenario político y legal para justificar una eventual acción directa de Estados Unidos en territorio mexicano.
Desde esa lógica, advierte que la clasificación de ciertos cárteles como organizaciones terroristas no es un gesto retórico, sino una señal concreta de preparación para una intervención futura. Sin embargo, subraya un contraste clave: los grupos criminales que operan en la frontera carecen de la capacidad tecnológica y operativa para representar una amenaza real contra instalaciones estratégicas como Fort Bliss.
Contradicciones oficiales y narrativa de guerra
Correa explicó que la secuencia de versiones oficiales refuerza esa lectura. Primero se habló de una incursión de drones provenientes de México y, posteriormente, se informó que se había disparado un rayo láser contra un globo al confundirlo con un artefacto no tripulado que presuntamente amenazaba la seguridad de Estados Unidos.
Consideró que lo ocurrido resulta preocupante porque se alinea con la narrativa “trumpista” de la guerra contra los cárteles del narcotráfico, un discurso que ha sido utilizado para elevar el nivel de tensión en la relación bilateral y justificar decisiones de alto impacto político y militar.

Sin evidencia y con costos bilaterales
La especialista advirtió que este tipo de acciones no solo tienen implicaciones en materia de seguridad, sino que pueden afectar el comercio y la relación entre ambos países, especialmente en una región donde se comparte el espacio aéreo y donde decisiones abruptas generan repercusiones inmediatas.
Enfatizó que, hasta ahora, no se ha presentado evidencia alguna que respalde la supuesta amenaza registrada en el espacio aéreo fronterizo, lo que refuerza sus dudas sobre la veracidad y el propósito de los señalamientos iniciales.
Del fentanilo al terrorismo: el pretexto
Correa recordó que este tipo de narrativas no son nuevas. Desde la primera campaña presidencial de Donald Trump, en 2016, ya se hablaba de narcotraficantes que cruzaban desde México hacia Estados Unidos, a quienes se calificaba como “bad hombres”. En aquel entonces, el eje del discurso era la epidemia de opiáceos y opioides; hoy, señaló, el argumento se centra en la crisis del fentanilo.
Desde su perspectiva, el objetivo no es frenar el flujo de drogas —pues de ser así se atacarían los canales de distribución internos—, sino retomar el control del territorio y reforzar una postura de fuerza regional.
Insistió en que la designación de cárteles como organizaciones terroristas abre la puerta legal para una acción directa, al considerarlos una amenaza a la seguridad nacional estadounidense, lo que permitiría justificar la presencia militar fuera de sus fronteras, a través del Pentágono.
En ese marco, explicó que la simple detección de un dron presuntamente vinculado a estos grupos puede ser suficiente para clasificarlo como un acto terrorista, con la consecuente posibilidad de cerrar el espacio aéreo o desplegar fuerzas cuando se considere necesario.

Narcos sin capacidad para llegar hasta Fort Bliss
Al referirse específicamente a los grupos criminales que operan en la frontera entre México y Estados Unidos, Correa fue enfática en que no cuentan con la capacidad operativa ni tecnológica para un eventual desplazamiento desde la línea fronteriza hasta Fort Bliss.
“Estamos hablando del ejército más poderoso del mundo, el estadounidense”, subrayó.
Finalmente, sostuvo que la verdadera preocupación estratégica de Estados Unidos se centra en sus adversarios globales —Rusia, China e Irán— y en reforzar su control en el hemisferio occidental. En ese escenario, concluyó, los narcotraficantes no representan un adversario real en términos militares, aunque se impulse una narrativa que los presenta como una amenaza de alta peligrosidad.
*Guadalupe Correa-Cabrera es profesora asociada del Departamento de Asuntos Públicos y Estudios de Seguridad en la Universidad de Texas en Rio Grande Valley (UTRGV). Es economista por la Universidad Iberoamericana y doctora en Ciencias Políticas por The New School for Social Research. Sus áreas de especialidad incluyen relaciones México–Estados Unidos, seguridad, energía y política fronteriza, con experiencia en docencia e investigación en política comparativa, relaciones bilaterales y administración pública.
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