Actualmente Christian tiene el sueño de ser campeón mundial de boxeo, pero meses atrás su autoestima estaba por los suelos y lo único que pensaba era en “sustanciarse”, mientras vivía bajo un puente y se quitaba el hambre comiendo de lo que encontraba en tambos de basura.
El proceso para cambiar su vida no ha sido fácil, pero lo está logrando gracias a su voluntad y que hay gente que ha creído en él sin abandonarlo, empezando por sus padres.



Fotos Christian Torres
Christian estudió en una primaria de la colonia Bellavista, su secundaria en una escuela ubicada sobre la avenida 16 de Septiembre y un semestre de prepa en un plantel localizado por la avenida Valentín Fuentes.
Refiere que tenía una vida relativamente normal, pero las cosas se complicaron cuando su familia sufrió una extorsión de parte de la delincuencia y desde entonces la economía se fue abajo, al grado de que afectó las relaciones entre los integrantes y él, siendo adolescente, empezó con los vicios.

Primero consumió cigarrillos de tabaco, pero muy pronto probó la mariguana, la cocaína y, desgraciadamente, el cristal. Todo lo anterior cuando apenas tenía 14 años de edad.
Sus supuestos amigos le ofrecieron las sustancias y las aceptó gustoso, sin saber todas las desgracias que sobrevendrían.
Christian no pudo mantener su interés en la escuela y abandonó el bachillerato pronto, para dedicarse únicamente a consumir su existencia en las drogas.



El cristal le arrebató su vida
Desde muy chico se dio cuenta de que tenía grandes habilidades en la música y los deportes, destacando en futbol, karate y natación. Tuvo grandes oportunidades y todas se le empezaron a escurrir entre las manos, porque su vida ya era gobernada por alguien que no era él.
Dio grandes disgustos y preocupaciones a sus padres, porque la policía se empezó a hacer presente en su vida y las cárceles fueron parte de su pan de cada día.
Lo detenían por portar dosis de sustancias ilícitas o por estar utilizándola. También por estar vendiendo.
Sentía que ya era un desecho de la sociedad, porque sus propios familiares se lo encontraban en las calles y evitaban tener contacto con él.
La soledad empezó a ser su compañera, porque las personas normales le rehuían.
Él mismo ya no se interesaba en estar con los que antes creía que eran sus amigos.
Únicamente quería estar solo, “sustanciándose”. Los delirios de persecución iban en aumento. Creía que todos hablaban mal de él y que había personas que lo querían matar, dice en entrevistas con Norte Digital.
Hubo momentos en que trató de salir del hoyo y empezó a practicar algo de boxeo, cuando ya tenía 20 años de edad; sin embargo, abandonaba rápido esos proyectos de recuperación.
Su vida ya no era vida y fue hasta que, acompañado por su papá y su mamá, tomó la decisión de internarse en un centro denominado Volver a Vivir.
Ahí fue cuando su destino cambió.

“Vencí al cristal”
El proceso para dejar las drogas duró ocho meses y sin pensarlo menciona que fue lo mejor que le ha pasado, porque gracias a eso empezó a recuperarse a sí mismo y empezó poco a poco a creer en él.
Algo de lo más maravilloso que le ha ocurrido es que tiene de nuevo a sus padres, aunque acepta que muchas cosas son irrecuperables y guarda silencio sobre ellas.
Su historia se empezó a conocer porque decidió publicar un video en redes sociales, donde expuso el contraste de esa época de cuando usaba cristal y cuando ya no lo hacía, para que la gente viera la diferencia.
También publicó una fotografía donde porta un pedazo de cartón con el siguiente mensaje: “Vencí al cristal”.
Christian no sabía lo poderosa que iba a resultar su publicación.
Con el paso de los días le empezaron a llegar mensajes de diferentes partes de México y del mundo, sobre lo motivadora que resultaba su historia para quienes están atrapados en las garras del cristal.
El que alguien dijera que logró vencer a la sustancia y lo dijera de una manera tan sencilla, pero con tanta fuerza y seguridad, motivó a otros a seguir sus pasos.
Un día, al terminar sus entrenamientos de box en el gimnasio de otro boxeador juarense, “El Ranchero” Ramírez, un joven le preguntó si lo podía atender un momento y al decirle que sí, este empezó a decirle que había venido desde Estados Unidos a buscarlo porque su historia de superación lo había hecho tomar la decisión de dejar también el cristal.
Christian le dio un abrazo y supo que todo lo que había hecho ha valido la pena.
Dicho joven entró a tratamiento contra las drogas y se recuperó también, regresando a Estados Unidos, donde de igual forma reconquistó el amor de sus padres y ahora vive con ellos nuevamente.

La pelea que ahora quiere ganar
El entrevistado reconoce que no pocas veces ha sentido ganas de tirar la toalla, pero hay una gran fuerza que lo motiva, como lo es el hecho de que se ve hundido, durmiendo bajo el puente, dopándose, aparentemente abandonado.
Recuerda haberle pedido a Dios que lo ayudara y sabe que fue escuchado.
Afirma que Dios siempre escucha, pero son los seres humanos los que no le hablan ni le solicitan su auxilio.
Christian permanece soltero y sueña también con tener una novia que se convierta en su esposa, con la que pueda tener hijos y formar una familia.
Respecto a lo que pasará con sus hijos –en caso de tenerlos–, sobre el cómo educarlos, lo mantiene ocupado también.
Se pregunta cómo hacerle para que no vayan a caer en los mismos pasos que él. No tiene certeza de lo que va a ocurrir, pero está seguro de que hablará mucho con ellos, que les dará amor y que también les pondrá límites, al tiempo que les impedirá los libertinajes, porque ahí es donde hace aparición el mal, con las compañías insanas.
En la institución donde se encuentra, no desaprovecha para nada su estancia y ya es entrenador también de otros que como él quieren usar el deporte como herramienta para sobreponerse al uso de sustancias.
Christian lleva apenas dos peleas profesionales, pero entrena cada día con mucho entusiasmo, con deseos intensos de sobresalir en el boxeo, donde espera un día coronarse como campeón mundial.
Vive en el centro de rehabilitación, desde donde sale cada día para ir al gimnasio a entrenar.
Va en una bicicleta que lo ayuda a acercarse a su gran sueño.
