La muerte de 40 migrantes en la estación migratoria de Ciudad Juárez, el 27 de marzo de 2023, es un hecho frente al que no se puede permanecer indiferente y olvidarlo como algo que ya pasó, como si fuera solo una estadística, afirmó este viernes el obispo, José Guadalupe Torres Campos.
Frente a poco más de 250 personas que acudieron a la misa que se ofició en la catedral, en memoria de quienes murieron en la instalación del Instituto Nacional de Migración (INM) al ser encerrados bajo llave por los encargados del lugar, Torres Campos manifestó que ese hecho “nos sigue interpelando como comunidad”.


“Es algo que hoy nos sigue interpelando, nos sigue cuestionando qué hemos hecho con nuestros hermanos. ¿Qué hemos dejado de hacer? ¿Qué cosas positivas y en qué nos hemos equivocado a tal punto de dejarlos morir en esa circunstancia del incendio?”, inquirió.
Lo ocurrido, dijo, sigue resonado en la historia de Juárez e invita a reflexionar para “cambiar el chip”, y dejar de ver al ser humano como un objeto o como un número, “no quedarnos en la estadística, para que algo así no vuelva a suceder”.
Hizo un llamado a que como iglesia, sociedad y Gobierno, se revise lo que se está haciendo por los migrantes y que se puede cambiar.
Los migrantes, afirmó, enfrentan un viacrucis desde que salen de sus lugares de origen, sufriendo extorsiones e injusticias.
Es por eso que las instituciones, asociaciones civiles y la propia iglesia, deben convertirse en instrumentos de salvación y cuidado para todos y en especial para los migrantes, remarcó.
En el mensaje, el obispo usó una analogía de la lectura del evangelio que versó sobre la ocasión en que se intentó apedrear a Jesús, indicando que hay otras piedras no físicas, como la mentira, el odio, la injusticia, la maldad, el desprecio y la indiferencia.
“Es mejor que cada quién ponga su ‘piedra’, su inteligencia y su voluntad, para crear lugares que favorezcan la acogida y atención de nuestros hermanos migrantes”, indicó.
Es necesario recibirlos y orientarlos, ya sea que lleguen, sigan su camino o sean repatriados, comentó.
Al frente del altar desde donde se ofició la misa, fueron colocadas 15 banderas de países latinoamericanos, la de Estados Unidos y la del Vaticano.
A un costado, sobre dos cartulinas puestas en atriles de madera, se escribieron los nombres de los 40 migrantes fallecidos.
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