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¡Bombero! El grito que salvó a 27 en la tragedia del INM en Ciudad Juárez

A tres años del incendio en la estación migratoria de Ciudad Juárez, los primeros en entrar relatan a Norte Digital cómo rompieron candados, sacaron cuerpos a ciegas y cómo tres minutos marcaron la diferencia entre la vida y la muerte

Por Teófilo Alvarado | Norte Digital | 7:30 am 27 marzo, 2026

“¡Bombero!”, fue el grito que se perdió entre el humo.

No había visibilidad. No sabían qué se estaba quemando. Solo avanzaban a ciegas, tocando paredes, buscando aire… y encontrando cuerpos.

Uno. Luego otro. Y otro más.

A tres años del incendio en la estación migratoria del Instituto Nacional de Migración (INM), en Ciudad Juárez, los primeros en entrar relatan cómo ese llamado marcó el inicio de un rescate contra el tiempo: rompieron candados, sacaron personas entre la oscuridad y entendieron, en cuestión de minutos, que no estaban frente a un incendio más, sino ante una tragedia donde la diferencia entre vivir o morir fue de apenas unos minutos.

“Drago” y “El Tocino” fueron de los primeros en llegar a la estación migratoria aquel 27 de marzo de 2023.

Los jóvenes bomberos estuvieron juntos en la academia, se vieron sometidos a duras pruebas para pertenecer a la corporación y durante sus primeros años de trabajo enfrentaron retos desafiantes.

Atendieron infernales incendios, rescates de mascotas y personas, liberaron atrapados en choques automovilísticos, entre otras acciones, pero no pensaron nunca en lo que verían ese día en la estación temporal del INM, en el puente Lerdo.

Un capitán pasaba de forma casual por el edificio ubicado frente a la Presidencia Municipal de Juárez y cuando vio salir humo se comunicó a la estación Central localizada a unos 500 metros.

Así que el bombero de guardia telefónica activó la alarma y en cuestión de segundos cinco elementos ya estaban a bordo de la unidad con los trajes antiincendios. Una vez arriba, les indicaron que iban a revisar el edificio de Migración, porque se había visto salir humo.

Hasta ahí se veía como un asunto que no pasaría a mayores. Sin embargo, toda la historia que habían tenido en el Cuerpo de Bomberos estaba por reescribirse.

Dimos todo para tratar de salvarlos

Fernando Vázquez Fuerte, a quien sus compañeros apodan El Tocino, ahora de 34 años de edad, narra parte de lo ocurrido el 27 de marzo de 2023, cuando con sus propias manos sacó alrededor de 11 cuerpos —algunos vivos y otros muertos— de la estación migratoria.

Explica que el capitán segundo, Rodolfo Rosales, se encontraba en un recorrido por la zona y fue quien se percató de que estaba saliendo humo del edificio del INM y de inmediato hizo una llamada.

“Marcó aquí a la Central de Bomberos y nos fuimos cinco compañeros en la máquina”.

Agrega que tardaron máximo dos minutos en llegar, pero si hubieran llegado tres minutos más tarde, hubieran sido 67 muertos, en lugar de 40.

“Prácticamente cuando se sube usted a la unidad, es cuando se entera de qué es lo que está pasando. Y nomás nos dijeron que estaba saliendo humo ahí de (edificio de) los migrantes”, subraya.

Un bombero bajó mangueras, otro bajó un marro y otro una llave universal, mientras él, junto a otro compañero, se dirigió a la puerta de las celdas, pero mientras caminaba, seguía pensando que era un incendio cualquiera.

Señala que nadie les facilitó una llave, sino que con el equipo que portaban quitaron candados en máximo 15 segundos e ingresaron tres de los elementos.

Se dieron cuenta de que había demasiado humo, pero no sabían qué se estaba quemando, por lo que empezaron a hacer un rastreo.

“Nos separamos, nos abrimos; al estar rastreando siento el cuerpo de una persona y prácticamente no se veía nada. Al estar jalándolo lo voy jalando solo para afuera y ya cuando veo la luz empecé a gritar ‘¡bombero!’, para que se acercara un compañero”, recuerda.

Añade que entonces se acercó el bombero y fue cuando le entregó el primer cuerpo, que no sabía si la persona estaba viva o no.

Señala que de ahí en adelante, los siguientes minutos fueron de sacar un cuerpo tras otro, sin descanso. La mayoría estaban inconscientes y lo más que oían eran pequeños quejidos, porque además el equipo que portaban no les permitía oír mucho.

“Empezamos a encontrar cuerpos, cuerpos, cuerpo tras cuerpo, o sea que no terminábamos”, detalló

El baño: donde el humo los alcanzó

Fernando menciona que minutos más tarde que entraron al baño de la estación siniestrada, fue cuando vieron la escena más aterradora.

“Habían cuerpos apilados, uno sobre otro, como si hubieran tratado de esconderse ahí, con la llave de agua abierta, es lo que mucha gente hace, piensa que el agua les ayuda, pero es al revés, los cuece”.

Precisa que la mayoría de los migrantes extranjeros murieron o resultaron afectados por la intoxicación.

Explicó que “unos tenían poquitas quemaduras de primer grado, pero fue por intoxicación la mayoría”.

Relata que ese día la preparación mental, la capacidad de concentración, la resistencia, la condición física, la experiencia, todo, fue puesto a prueba.

Afirma que de tan cansados que andaban, tomaban los cuerpos de donde fuera, porque la prioridad era sacar a todos y afuera los revisarían otros.

Detalla que comprendieron la urgente necesidad de dar todo su esfuerzo físico y mental, a pesar de lo agotador que pudiera resultarles. En los aparatos de oxígeno traen carga para 30 minutos de respiración tranquila, pero ya bajo presión y con el desgaste se reduce a 10 ó 15 minutos, por lo que ese sería el tiempo máximo de la operación de rescate.

Por otra parte, detalla que al llegar ya no había fuego y lo que vieron fue una colchoneta, la cual estaba convertida en brasas pequeñas.

Refiere que se enfocaron en la seguridad de las personas y algunos bomberos abrieron un par de boquetes para despejar el humo, tener mejor visibilidad y oxigenar el ambiente.

Cuando vieron la magnitud

Sostiene que mientras estaba en el rescate, no pensaba en posibles cifras de víctimas, sino que se dio cuenta del tamaño de la tragedia cuando ya no había ningún cuerpo más adentro y fue al exterior, al estacionamiento.

“Yo volteé para un lado y vi todos los cuerpos en fila, con sábanas térmicas. Vi bastantes, la verdad, ahí me cayó el veinte, ¿qué pasó aquí?”, se cuestionó.

Afirma que el trabajo de los bomberos va más allá de razas, religiones o nacionalidades, y al principio no tuvo certeza de quiénes eran las víctimas.

Podían ser guardias, trabajadores, un migrante o una secretaria y no tenemos por qué hacer una distinción.

El entrevistado refiere que aparte de los bomberos, apoyaron en el rescate otras corporaciones como Policía Municipal, Ejército y Guardia Nacional.

A tres años de ese incendio, Fernando sigue haciéndose preguntas sobre lo inusual de la tragedia, porque generalmente un incendio ocurre cuando alguna persona dejó prendido el calentón, una veladora o hubo un problema en un arnés de carro, pero en el caso de la estación migratoria, son las autoridades las que tienen respuestas.

Se le cuestionó qué les diría a las familias de esas personas que fueron víctimas ese día. “Se hizo lo que se pudo y tratamos de rescatar a la mayoría que pudimos, pero lamentablemente no se pudo a todos”, respondió.

Luego el estrés postraumático

Enrique Llamas, quien ahora tiene 30 años de edad, fue otro de los que arribaron primero a la estación migratoria, procedente de la estación 5 de Bomberos.

“Nosotros fuimos la segunda máquina en llegar; cuando nosotros llegamos empezamos a sacar los cuerpos, les ayudamos a la primera máquina”, señala.

Indica que de igual manera colaboraron en la apertura de dos rejas y en la pared se hicieron boquetes con marros para que circulara el aire.

“Era muy denso el humo; al nosotros entrar, entramos con la máscara, con lámparas y nos percatamos de que estaban los cuerpos apilados uno arriba del otro y en el suelo”, recuerda.

Agrega que empezaron “a escuchar lamentos; empezamos a entrar un poco más al fondo, empezamos a sacar a las personas, a sacar a los cuerpos”.

Detalla que muchos migrantes se metieron a los baños, tratando de refugiarse, y ahí quedaron.

“Fue devastador. Sí fue algo bastante difícil, difícil también de digerir”, subraya.

Explica que no todos los servicios son iguales y que uno como bombero tiene que estar preparado psicológica y físicamente para enfrentar cualquier situación.

Refiere que la forma de afrontar el dolor fue hablar entre compañeros.

“Eso te ayuda a liberar lo que tú sientes, lo que viste, lo que encontraste… te ayuda a aligerar un poco la carga”.

Ante la pregunta de qué les diría a los sobrevivientes y sus familias, responde que “fue lamentable lo que pasó y, de todo corazón, espero que se estén recuperando”.

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