La construcción del gasoducto Sierra Madre, planeada para cruzar una de las zonas hidrológicamente más sensibles del norte del estado de Chihuahua, debe ser revisada y sus procesos constructivos transparentados, advirtió ayer el Frente Amplio Ambiental del Desierto chihuahuense.
En una publicación compartida con Norte Digital, la organización señaló que la construcción puede afectar el equilibrio hídrico del Valle de Juárez, al atravesar la planicie pluvial del acueducto Conejos-Médanos-Palomas, “donde se localiza un acuífero libre con niveles freáticos someros, del que dependen actividades agrícolas, ganaderas y comunidades rurales de Villa Ahumada y sus alrededores”.
Desde enero del año pasado, diversas asociaciones defensoras del medio ambiente difundieron información sobre los riesgos que podría implicar la construcción del gasoducto.
“El gasoducto es un proyecto de 800 kilómetros desde Pecos, Estados Unidos, a través de fracking hasta Sonora y ha generado preocupaciones ambientales porque afectaría al Golfo de California, hogar de muchas especies marinas, como la ballena azul”, señaló la asociación Sierra de Juárez en una publicación desde el 14 de enero de 2025.
También afectaría al desierto de Chihuahua, desde el Valle de Juárez, cruzando por Ahumada, Ascensión y Janos, “poniendo en riesgo todos los hábitats que estén en su paso”, advirtió.
Ayer, el Frente Amplio Ambiental del Desierto chihuahuense insistió en que “el agua de Chihuahua no puede ponerse en riesgo por proyectos que tratan al desierto como terreno vacío”.
“Debajo de estas tierras, existe un sistema hídrico vivo, del que depende nuestro futuro”, remarcó.

México Pacific tiene 25 años haciendo gasoductos
A finales de 2023 el Gobierno del Estado de Chihuahua anunció un convenio con la transnacional México Pacific, en el que se informaba que el gasoducto implicaría una inversión de 15 mil millones de dólares.
De acuerdo con la página de internet de dicha compañía, la obra permitirá exportar gas natural a Asia, sin pasar por el canal de Panamá.
En su website, México Pacific señala que ha supervisado de manera segura la construcción y operación de miles de millas de gasoductos de gas natural y líquidos de gas natural en México durante los últimos 25 años.
“El gasoducto Sierra Madre cumplirá o superará los requisitos regulatorios y las mejores prácticas de la industria, será monitoreado diariamente durante la construcción y probado antes de entrar en servicio”, indica.
Una vez en operación -añade- el gasoducto será monitoreado las 24 horas del día “utilizando sensores y tecnología de comunicaciones por fibra óptica”.
Además, se someterá a inspecciones regulares para verificar su integridad operativa, refiere la publicación.
De acuerdo con el Frente, antes de continuar la construcción se requieren estudios hidrogeológicos de alta resolución a escala de cuenca; modelaciones de flujo subterráneo que evalúen impactos acumulativos; transparencia total en las medidas de mitigación y una consulta ciudadana real que priorice el derecho humano al agua por encima de intereses energéticos.
En el desierto perder un pozo es perder la parcela
Consultado al respecto, Andrés R., integrante del Frente Amplio Ambiental del Desierto chihuahuense, quien solicitó ser citado con un pseudónimo por temor a represalias, explicó en entrevista telefónica que, en el estado de Chihuahua, toda la vida en un ejido depende del agua subterránea.
Esto incluye los pozos para riego, los abrevaderos del ganado y el agua para la casa porque aquí, no hay ríos permanentes y si se daña el acuífero, no hay otra fuente.
En esta entidad -refirió- estudios oficiales del gobierno y de proyectos energéticos, ya confirmaron que el agua está muy cerca de la superficie (a veces a 1–10 metros), el suelo es arena y grava, por donde el agua se mueve fácil y abajo hay capas con agua muy salada (salmuera).
El especialista remarcó que estas características significan que el acuífero es frágil y se puede contaminar o salar con facilidad, y un pozo de agua salada no sirve ni para la agricultura ni para el ganado.
La consecuencia inevitable es que se pierdan cultivos, se encarezca traer agua y se abandonen las tierras, porque en el desierto, perder un pozo es perder la parcela, alertó.
Recordó que, para poner el tubo de un gasoducto, la empresa tiene que abrir una zanja larga de varios metros de profundidad, remover la tierra natural, meter maquinaria pesada, compactar el suelo y mantener limpio el derecho de vía, sin vegetación.
“No es solo ‘enterrar un tubo’ sino abrir el subsuelo durante kilómetros”, apuntó.
Finalmente, el ambientalista planteó que un gasoducto puede durar 30 o 40 años, pero un acuífero ha dado agua por generaciones y mientras que un tubo se puede mover de lugar, “un acuífero salinizado no se puede arreglar”.
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